Antonio Romero, de ‘Los del Río’, abre las puertas de su finca para presentar a su familia: “Mi éxito son ellos”
¿Quién dividiría al 50% los beneficios de un fenómeno global como ‘Macarena’? Antonio Romero. El cantante repasa como nunca su historia y presenta en exclusiva a su hijo Antonio y a su nieto Juan: artistas, empresarios y productores
Antonio Romero, junto a su nieto Juaneke y su hijo Antonio a las puertas de 'Cantaora'. (Pepe Carrión)
Entre los paseos que atravesaban la calle Nuestra Señora de Valme, en Dos Hermanas, Antonio Romero aprendió antes que nada el peso de las raíces. De la iglesia al arenal y del arenal al pueblo se repetía cada tarde una misma escena: mujeres sentadas al fresco en los umbrales, niños jugando al toro hasta que caía la noche y corrillos de vecinos demorados al final de las aceras. Fue en ese ir y venir cotidiano donde apareció Reme, la mujer con la que comparte la vida desde hace más de seis décadas y a la que todavía hoy sigue nombrando con la emoción de los primeros tiempos.
Donde todo empezó: antes de Radio Sevilla
En la plaza donde hoy se levanta la Casa Madre Trinidad, hace sesenta años apenas había un billar modesto al que los nazarenos —gentilicio con el que se conoce a los habitantes de Dos Hermanas—, en un lugar donde cualquier charla terminaba inevitablemente convertida en cante, fue donde Antonio Romero encontró una voz que parecía acompasarse naturalmente a la suya: la de Rafael Ruiz.
El cantante y compositor Antonio Romero posando en su finca `Cantaora´ en Dos Hermanas. (Pepe Carrión)
Mientras nacía el grupo con su debut en Radio Sevilla con apenas catorce años, sus vidas comenzaron a entrelazarse también fuera de los escenarios. Rafael conoció igualmente en Dos Hermanas a Isabel, su mujer, y con el tiempo ambas familias terminaron unidas hasta el punto de que sus hijos crecieron relacionándose como si fueran primos. Los dos matrimonios tuvieron tres hijas y un hijo, compartieron celebraciones, sobremesas y las ausencias inevitables de un oficio que terminaría llevándolos desde las fiestas populares andaluzas, pasando por las mejores fiestas de España, hasta algunos de los escenarios más reconocibles del mundo.
Lugares de la finca 'Cantaora' de Antonio Romero donde su familia y la de su compañero Rafael Ruiz pasan muchos momentos. (Pepe Carrión)
La finca 'Cantaora' llena de pequeños lugares con mucho significado. (Pepe Carrión)
El éxito de 'Macarena' desbordó cualquier previsión: sonó antes de los conciertos de Michael Jackson, hizo bailar a Hillary Clinton durante la Convención Nacional Demócrata de 1996 y llegó hasta la Super Bowl de Nueva Orleans, donde actuaron. La canción permaneció catorce semanas en el número uno de la lista Billboard, un registro que entonces solo había superado Mariah Carey.
Existen 4.700 versiones oficiales adaptadas, suma más de 120 discos de platino y 250 de oro, y todo ello les llevó a recoger premios internacionales como el Grammy a la Excelencia Musical, el reconocimiento como Mejores Embajadores de España, la distinción Marca España, el nombramiento de Embajadores de la Música por la SGAE, la Medalla al Mérito en el Trabajo, entre otros muchos. Pero, antes de que el mundo entero aprendiera a bailarla, Los del Río llevaban ya más de treinta años de trabajo incansable, hasta que una canción cambiaría para siempre su historia.
En el centro Antonio Romero 'Los del Río', a la izquierda su nieto Juan Romero y a su derecha su hijo Antonio Ríos. (Pepe Carrión)
Ni la dimensión universal ni las giras de continente en continente consiguieron apartar a Romero de su lugar de origen: Dos Hermanas y su finca ‘Cantaora’. Allí es donde el creador de ‘Macarena’ abre ahora, por primera vez, las puertas de su intimidad familiar para presentarnos a su hijo Antonio y a su nieto Juan Romero, artistas hasta hoy alejados del foco mediático. Un encuentro que permite descubrir no solo el lado más desconocido de una mitad de Los del Río, sino también todo lo que existió antes del fenómeno: “Nuestro éxito no ha sido ‘Macarena’, ha sido la familia que Rafael y yo hemos construido”, comienza diciendo Antonio, y lo cierto es que tanto hijo como nieto se refieren a ellos como: “padres” y “abuelos”, en plural.
El legado del esfuerzo y la humildad
A lo largo de tres generaciones, los Romero parecen haber heredado una llegada temprana a la vida adulta. Antonio Romero soñaba con ser torero. “Cantaba y toreaba”, recuerda. Pero la muerte de su padre cuando apenas tenía diecisiete años terminó empujándolo definitivamente hacia la música. A Rafael Ruiz también se le murió su padre siendo muy joven y ambos comenzaron a trabajar desde adolescentes para ayudar en casa.
Sentado Juan Romero, a su izquierda Antonio Ríos y a su derecha Antonio Romero en su finca 'Cantaora'. (Pepe Carrión)
Romero empezó con apenas catorce años. Todavía recuerda aquellos oficios aprendidos desde la infancia, cuando los niños entraban en una carpintería, en un taller de tonelero o junto a los tamborileros, trabajando como aprendices. De ahí nace también ‘Carretero’, la nueva canción de Los del Río, construida como un homenaje a oficios en exstinción. “Mi abuelo fue carretero. Venimos de ahí”, dice.
Juan: “Empecé a trabajar siendo muy niño, es lo que había visto en casa”
Aunque las circunstancias ya eran distintas, parte de ese aprendizaje terminó repitiéndose también en su hijo y en su nieto. Juan creció junto a sus abuelos - Antonio y Reme- y a su madre Rosa. Sus primeros recuerdos son, entre otros, los de un cajón flamenco demasiado alto para sus piernas. Pasó muchas horas en el estudio familiar; de ahí que, a día de hoy, toque la guitarra, el piano y la percusión. Compaginaba su vida musical con sus estudios y, con apenas trece años, empezó a tocar en salas. “Mis padres se separaron siendo yo pequeño y fue cuando decidí trabajar para pagarme mis cosas y ayudar a mi madre”, cuenta. Primero junto a su tío Antonio y después con Jarabi, un grupo formado con amigos, cuyo nombre —tomado de una canción de Ketama— significa precisamente eso: pasión por la música.
Juan Romero junto a su tío Antonio Ríos en el porche de la finca familiar, 'Cantaora'. (Pepe Carrión)
En los Romero, el trabajo parece haberse confundido siempre con la vida cotidiana. “Nos acostamos y nos levantamos en el mismo día”, bromea Antonio Romero padre, acostumbrado desde hace décadas a dormir poco y vivir entre escenarios, carreteras y estudios de grabación. Su hijo Antonio, lleva diez años trabajando junto a Los del Río como productor musical y tour manager. El pasado año acompañó al dúo en 125 conciertos.
El poder del oficio
A sus cuarenta y tres años, Antonio Romero hijo —Antonio Ríos en lo musical— acaba de publicar sus primeras canciones‘Majareta´y ‘Flamencura’ después de décadas escribiendo letras en cuadernos dispersos, notas de móvil y papeles doblados dentro de cajones. En el estudio de grabación donde pasa gran parte de las noches produciendo música y registrando las voces de quienes llama “sus padres”, recuerda una frase de Manolo García que siente cercana: “Dijo una vez que se jubiló cuando empezó a cantar. En mi familia nos jubilamos desde que hacemos música, la música es nuestra forma de vivir”.
Antonio jr: “Me enseñaron que el oficio se ejerce desde abajo”
Antonio Ríos en su estudio de grabación donde ha grabado sus últimos lanzamientos musicales. (Pepe Carrión)
En aquella casa, el compás no ocupaba un lugar concreto, sucedía. Sonaba mientras se hacía la comida, atravesaba llamadas de teléfono, aparecía de madrugada detrás de una puerta entornada o acompañaba las sobremesas eternas. Tras sus estudios en el colegio Alminar de la Motilla de Dos Hermanas y antes de trabajar junto a 'Los del Río', Antonio pasó años en televisión haciendo redacción, sonido y producción. Su padre siempre le enseñó la importancia de empezar desde abajo. Por eso recuerda sin reservas cuando compaginaba sus estudios con limpiar cuadras para poder montar a caballo.
Todavía conservan la imagen de aquellos paseos por las arenas camino de las marismas: varios caballos avanzando despacio mientras unos cantaban sevillanas, otros fandangos y alguno simplemente escuchaba. También fue en Dos Hermanas donde Antonio conoció a Rocío, su mujer, prolongando casi sin darse cuenta una historia que parece repetirse generación tras generación dentro de la familia. Junto a ella y Carolina Ruiz —hija de Rafael Ruiz— mantiene además un pequeño grupo con el que siguen cantando en fiestas privadas, como si ciertas costumbres nunca hubieran terminado de abandonarles.
Derechos de autor, a partes iguales
Mucho antes de que ‘Macarena’ se convirtiera en un fenómeno global, las fiestas privadas fueron dando estabilidad al dúo. Previos a los grandes recintos estuvieron las ferias andaluzas, las fincas y los tablaos madrileños: Las Brujas, Corral de la Morería o Caripén, el tablao de Lola Flores donde convivieron con Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Terremoto de Jerez, Soto Sordera o José Mercé, mientras aprendían códigos que hoy recuerda Romero: comer antes de actuar para no acercarse luego a las bandejas, esperar a que les indicaran dónde sentarse o entender que la discreción también formaba parte del oficio.
Antonio Romero: “Compartí mis derechos de autor a partes iguales con mi compañero, Rafael Ruiz”
Antonio Romero, cuyo apodo de niño era 'pollito' a las puertas de lo que ahora es el estudio de grabación dentro de su finca. (Pepe Carrión)
Detalles de la cabaña que actualmente es el estudio de grabación. (Pepe Carrión)
Esa forma de estar sigue intacta. Antonio Ríos habla de profesionalidad, pero en realidad describe una educación basada en ideas y actitudes bien definidas: “Aunque disfrutes, es trabajo, no vas a beber o fumar, vas a actuar”. Quizá por eso, dentro de la familia, el éxito económico de ‘Macarena’ nunca ocupa demasiado espacio en las conversaciones. El verdadero lujo —repiten— fue poder comprar el campo de Dos Hermanas al que todos continúan regresando.
Antonio hijo todavía se emociona al evocar el momento en el que con la canción convertida en un fenómeno mundial, su padre decidió compartir a partes iguales con Rafael Ruiz sus derechos de autor. “¿Quién hace eso?”, pregunta. Antonio Romero responde sin solemnidad: “Yo he repartido con Rafael todas las canciones que he compuesto. Cuando pasa el tiempo, entiendes que lo único que queda son los tuyos”.
Antonio Romero: “Me duele escuchar a gente decir que no saben quien es el autor de ‘Macarena’”
Juan Romero junto a su abuelo, Antonio Romero, creador de 'Macarena'. (Pepe Carrión)
Abuelo y nieto tocando en el salón de la finca 'Cantaora'. (Pepe Carrión)
Antonio está convencido de que, si su padre y Rafael Ruiz hubiesen colocado el dinero en el centro de sus vidas, difícilmente habrían soportado todo lo que vino después. El alcance de ‘Macarena’ fue tan descomunal —explica— que durante años resultó imposible controlar la cantidad de personas que intentaron beneficiarse del fenómeno.
El origen de ‘Macarena’ no puede ponerse en duda
Antonio Romero escucha en silencio y termina regresando a una herida mucho más íntima: la necesidad de defender la autoría de su canción por más que haya terminado perteneciendo al imaginario popular. Recuerda el documental ‘Macarena’, estrenado en 2024 en Movistar Plus+. “Lloré viéndolo”, admite. “No entendía que hubiera gente diciendo que no sabía de dónde salía ‘Macarena’. La canción tiene un autor y soy yo”.
De izquierda a derecha: Antonio Ríos, Antonio Romero y Juan Romero. (Pepe Carrión)
No hay grandilocuencia ni soberbia en la afirmación, sino una mezcla de desconcierto y de honestidad después de toda una vida viendo cómo aquella melodía escapaba de sus manos hasta convertirse en algo imposible de abarcar. “Si además de hacer bailar a los cinco continentes ha beneficiado económicamente a muchas personas, me alegro muchísimo”, dice. “Pero el origen no puede ponerse en duda”.
No solo cantar y hacer bailar, el impulso de componer
Lo que tampoco se puede poner en duda, según su hijo Antonio y su nieto Juan, es su calidad como letrista. Conserva carpetas enteras repletas de letras, apuntes e ideas, una costumbre que hoy continúa en las notas de su móvil, donde sigue plasmando cada inspiración que le llega. “Un gran compositor”, alguien capaz de escribir letras con una profundidad y sensibilidad que luego acompañan con soniquetes que la gente hace suyos enseguida. Algunos ejemplos como ‘Quisiera ser invisible’, ‘Tengo roto el corazón’ o ‘No puedo más’ o la favorita de Juan, ‘Abuela Rosario’ que Antonio Romero escribió para su madre.
Juan Romero, el nieto de Antonio Romero a su corta edad ya es empresario, musico, manager e interiorista. (Pepe Carrión)
A sus veinticinco años y perteneciendo a la Generación Z es llamativo que para él tenga más significado la actuación de Los del Río en el Vaticano, tras recibir una llamada de Juan Pablo II, que la actuación que hicieron en la velada del año organizada por Ibai Llanos que siguieron nueve millones de espectadores. La imagen de la Capilla Sixtina prevalece: “Hace poco estuve en Roma y me emocionó pensar que cantaron allí”.
El más pequeño del clan ha pasado años tocando en salas y acompañando a artistas emergentes. Tras finalizar sus estudios en Highland Sevilla, cursó un grado en Administración de empresasen el CEU y se especializó en logística, pero su ambición lo llevó a instalarse en Madrid. El cambio de ciudad terminó abriéndole caminos inesperados: realizó un máster en e-commerce y, al mudarse a una nueva casa y diseñarla desde cero, descubrió su vocación por el interiorismo, heredando la pasión que su madre siente por su profesión.
Juan: "Con mi estudio de interiorismo busco crear un estilo de vida"
Juan Romero junto a su tío Antonio Ríos es un espacio que decoró su madre, Rosa. (Pepe Carrión)
Así ha nacido su propio proyecto: Trece Studios. Su pareja, Carlota García Pelayo Portero, fue quien le animó a formarse y no dudó en cursar un máster en la Escuela Madrileña de Decoración. Ya en pleno desarrollo profesional y con varios proyectos en marcha, puso en marcha Trece. "En Trece buscamos generar un estilo de vida, un entorno donde las personas se sientan conectadas, inspiradas y parte de algo más grande. Queremos que cada espacio creado por Trece se reconozca al instante, no solo por su belleza, sino por lo que hace sentir". Al mismo tiempo, también ha regresado, de otra manera, al lugar del que salió: la música y los artistas. Hoy compagina ese proyecto con Soul Group, junto a su socio el joven emprendedor Fran Descalzo, una empresa dedicada a la organización de eventos y al management musical que lo conecta nuevamente con aquellos primeros años recorriendo salas y escenarios.
Sevilla tiene un color especial
Otro hito —y probablemente una de las aportaciones que Los del Río han hecho a la imagen universal de Sevilla— es haber puesto voz al himno que anunció al mundo entero la Expo 92: 'Sevilla tiene un color especial'. Una obra capaz de encapsular en unos versos la identidad emocional de Sevilla y proyectarla desde el sur de España hacia todos los rincones del planeta.
Juan: “El Rocío lo vivimos desde la fe y espiritualidad”
La familia Romero, tres generaciones que nos reciben en su finca familiar en Dos Hermanas, Sevilla. (Pepe Carrión)
Al preguntar qué tiene Sevilla además de “un color especial”, Juaneke responde: “¿Qué no tiene?”. Y entonces Antonio Romero toma la palabra para explicar aquello que en Andalucía parece natural pero que fuera de ella resulta casi milagroso: “Escuchas a Elvis Presley y parece que hace rock por rumbas. Porque esta es la tierra de María Santísima, donde Sevilla y Andalucía han convertido la música en una forma de respirar el mundo”.
“En Huelva hay más de cincuenta fandangos distintos”, dice admirado. “¡Cincuenta maneras diferentes de sentir una misma tierra!”. Y entonces habla de Huelva, de sus playas infinitas, de la Virgen del Rocío, de esa devoción que no se explica: se hereda. Porque para llos El Rocío no es solo una peregrinación. Es una manera de volver a uno mismo. “Soy muy creyente —interviene Juan—. Mi hora de camino y mi misa por la noche con el Simpecado no me la quita nadie”.
Antonio Romero: “Recorrer el mundo me ha hecho darme cuenta que no hay nada como mi casa y familia”
Recuerdos de Antonio Romero artísticos y familiares que se encuentran en su casa. (Pepe Carrión)
En el centro Antonio Romero bailando con su madre en una imagen de álbum familiar. (Pepe Carrión)
Pero quizá la frase que mejor resume toda una vida llega al final, cuando Romero, después de haber conocido el brillo del mundo, deja caer una confesión como corolario de su recorrido vital: “He estado en las mejores casas, con artistas inmensos, en lugares espectaculares… y nunca sentí nada que superara a mi familia, a mi hogar, a mi casa”. Porque hay personas que recorren el mundo entero solo para descubrir que el lugar más extraordinario siempre fue aquel donde alguien los esperaba.
Y entonces todo cobra sentido. Porque dichas por alguien que lo vio casi todo, esas palabras además de ser una confesión íntima expresan la elección de un modo de vida. Romero no habla desde la nostalgia, sino desde la certeza. La certeza de quien descubrió que ningún aplauso puede competir con la paz de volver a casa; que ningún éxito pesa más que una mesa rodeada de los suyos; y que después de recorrer el mundo entero, el verdadero lujo siempre termina teniendo el nombre de aquello que uno ama.
Entre los paseos que atravesaban la calle Nuestra Señora de Valme, en Dos Hermanas, Antonio Romero aprendió antes que nada el peso de las raíces. De la iglesia al arenal y del arenal al pueblo se repetía cada tarde una misma escena: mujeres sentadas al fresco en los umbrales, niños jugando al toro hasta que caía la noche y corrillos de vecinos demorados al final de las aceras. Fue en ese ir y venir cotidiano donde apareció Reme, la mujer con la que comparte la vida desde hace más de seis décadas y a la que todavía hoy sigue nombrando con la emoción de los primeros tiempos.