Los macarrones con queso, conocidos mundialmente como mac & cheese, son mucho más que un plato reconfortante: tienen una historia que se remonta al siglo XIV en Italia, cuando ya se documentaban recetas que mezclaban pasta y queso en el Liber de Coquina. Sin embargo, su popularización como icono estadounidense llegó gracias a Thomas Jefferson, quien tras probarlos en París en 1787 llevó la receta a su casa y la sirvió en banquetes presidenciales, mientras que la versión económica y masiva de Kraft Foods en 1937 consolidó el plato en todos los hogares estadounidenses.
Hoy, el chef Dani García propone su propia versión de este clásico en su canal de YouTube, combinando tradición y técnica para lograr un resultado cremoso y con una cobertura crujiente que hace la diferencia. Según el malagueño, la receta perfecta se hace con ingredientes sencillos: 300 gramos de gouda, leche y mantequilla. “Con mucho queso y sin pedir perdón”, advierte, recordando que la clave del éxito está en la calidad y cantidad del queso.
Los macarrones con queso son puro deleite sensorial. (iStock)
Hablando de la pasta, el chef subraya otro truco: cocerla solo cinco minutos. La idea es que los macarrones terminen de cocinarse dentro de la salsa caliente, evitando que queden pasados o gomosos. Este pequeño gesto marca la diferencia entre una preparación correcta y una que realmente sorprende por su textura.
Los macarrones tienen que quedar completamente impregnados en queso. (iStock)
El chef insiste en que, más allá de seguir la receta al pie de la letra, el éxito de los mac & cheese radica en respetar cada paso y cuidar los detalles. Desde la bechamel perfectamente cocinada hasta el gratinado dorado, cada elemento contribuye a una armonía de texturas y sabores que hacen del plato algo memorable.
Los macarrones con queso, conocidos mundialmente como mac & cheese, son mucho más que un plato reconfortante: tienen una historia que se remonta al siglo XIV en Italia, cuando ya se documentaban recetas que mezclaban pasta y queso en el Liber de Coquina. Sin embargo, su popularización como icono estadounidense llegó gracias a Thomas Jefferson, quien tras probarlos en París en 1787 llevó la receta a su casa y la sirvió en banquetes presidenciales, mientras que la versión económica y masiva de Kraft Foods en 1937 consolidó el plato en todos los hogares estadounidenses.