El arroz blanco parece una de las preparaciones más sencillas de la cocina, pero cualquiera que lo haya hecho con prisas sabe que puede quedar apelmazado, duro o pasado en cuestión de minutos. Los cocineros coinciden en un truco básico para que siempre salga en su punto: medir bien el agua, lavar el arroz antes de cocerlo y dejarlo reposar tapado al final.
La diferencia está en el almidón. Cuando el arroz se cuece sin enjuagar, parte de ese almidón queda suelto en el agua y favorece que los granos se peguen entre sí. Pasarlo bajo el grifo hasta que el agua salga más clara ayuda a conseguir una textura más suelta, limpia y agradable, especialmente si se busca un arroz blanco perfecto para guarniciones.
Unos pasos muy sencillos para que el arroz quede en su punto. (iStock)
Después llega el segundo punto clave: la proporción entre agua y arroz. Como norma práctica, muchos cocineros recomiendanusar dos partes de agua por una de arroz, aunque puede variar ligeramente según el tipo de grano.
Una vez que el arroz blanco ha absorbido el agua y está cocido, conviene apagar el fuego y dejarlo reposar tapado durante unos minutos. Este gesto permite que el vapor termine de asentar los granos sin sobrecocerlos, consiguiendo una textura más uniforme y evitando que el fondo se pegue o se seque demasiado.
Para que el arroz blanco no quede plano, conviene salar el agua desde el principio y, si se quiere un punto más aromático, añadir un diente de ajo, una hoja de laurel o unas gotas de aceite de oliva. Son detalles mínimos, pero ayudan a que el resultado tenga más personalidad sin perder su carácter de guarnición.
Lavar el arroz antes de ponerlo en el fuego, uno de los trucos. (iStock)
También importa elegir bien el recipiente. Una cazuela de fondo grueso reparte mejor el calor y reduce el riesgo de que el arroz se agarre. Si el fuego está demasiado fuerte, el agua se evapora antes de tiempo y el grano puede quedar duro por dentro.
Al final, el secreto para un arroz blanco perfecto no está en complicarse, sino en respetar una secuencia muy simple: lavar, medir, cocer sin mover y reposar. Con esos gestos, el arroz queda suelto, sabroso y en su punto.
El arroz blanco parece una de las preparaciones más sencillas de la cocina, pero cualquiera que lo haya hecho con prisas sabe que puede quedar apelmazado, duro o pasado en cuestión de minutos. Los cocineros coinciden en un truco básico para que siempre salga en su punto: medir bien el agua, lavar el arroz antes de cocerlo y dejarlo reposar tapado al final.