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La Infanta Sofía, encomendada a la protección de la Virgen de Atocha
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La Infanta Sofía, encomendada a la protección de la Virgen de Atocha

La Infanta Sofía, segunda hija de los Príncipes de Asturias, fue presentada el miércoles por sus padres ante la Virgen de Atocha, en una breve ceremonia

Foto: La Infanta Sofía, encomendada a la protección de la Virgen de Atocha
La Infanta Sofía, encomendada a la protección de la Virgen de Atocha

La Infanta Sofía, segunda hija de los Príncipes de Asturias, fue presentada el miércoles por sus padres ante la Virgen de Atocha, en una breve ceremonia que ofició el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y que la pequeña siguió con los ojos muy abiertos, como ya ocurrió en su bautizo.

El repique de las campanas de la basílica donde se venera la imagen de la patrona de la Corte presidió su llegada al templo, a cuyas puertas fueron recibidos por el cardenal arzobispo de Madrid y los padres dominicos que custodian la imagen. Unas doscientas personas -capacidad de la iglesia de la madrileña Avenida de la Ciudad de Barcelona donde tuvo lugar la ofrenda- aplaudieron a los Príncipes y a su hija a la entrada en la iglesia, mientras se escuchaba música de órgano.

Doña Letizia caminó por el pasillo central de la iglesia, junto a Don Felipe, llevando en brazos a la niña, vestida con un faldón blanco muy similar al que lució el 7 de junio de 2006 su hermana mayor, la Infanta Leonor, cuando sus padres acudieron a Atocha para cumplir con una de las más antiguas tradiciones de la Familia Real.

Una vez que los Príncipes se colocaron en los sitiales de honor, Rouco Varela inició la ceremonia -asistido por el prior de la basílica, José Antonio Álvarez- ante la imagen morena de la imagen bizantina que, según la leyenda, llegó a España en el siglo X. En el momento del ofrecimiento Don Felipe tomó en brazos a su hija, ayudado por la Princesa de Asturias, que estuvo en todo momento pendiente de la pequeña, sin que el padre ni la madre pudieran evitar acariciar a la niña y darle algún que otro beso.

El Príncipe sostuvo a su hija por la cintura, sin apenas elevarla, mientras Rouco pedía a la Virgen que recibiera y protegiera a la niña "como verdadera hija suya" y solicitaba de la madre de Dios que Sofía lleve siempre en el corazón el amor de nuestra señora, el de "sus padres y el amor a todos los españoles, especialmente a los más necesitados". El Coro de la basílica entonó seguidamente la Salve de Atocha y, tras la bendición final y apenas diez minutos desde el inicio del acto, los Príncipes -Don Felipe con la niña en brazos- salieron del templo, saludando a los asistentes, que rompieron nuevamente en aplausos.

Una vez en la entrada principal, dos señoras ofrecieron a Doña Letizia una medalla de la Virgen de Atocha, que la Princesa de Asturias colgó inmediatamente del cuello de su hija, que ya llevaba una pequeña cruz de oro, con una cadena del mismo metal, diferente de la que le pusieron a Leonor para esta misma ceremonia. Los ciudadanos que esperaban fuera de la iglesia también aplaudieron y vitorearon al Heredero de la Corona, a su esposa y a la pequeña Sofía, que esta vez, con su hermana mayor en la guardería a la que asiste este curso, pudo ser el centro de todos.

Los Príncipes cumplieron así con una tradición de la Familia Real que se remonta al siglo XVII, y que hizo que el propio Príncipe fuese presentado ante la Virgen a los pocos días de su nacimiento, al igual que sus hermanas, las Infantas Elena y Cristina. Nuestra Señora de Atocha fue proclamada protectora de la Familia Real y de la Monarquía española en 1643 por Felipe IV, aunque esta devoción se remonta al rey Alfonso VI, en el siglo XI, en el que se calcula que fue construido el primer templo.

La Infanta Sofía, que nació el pasado 29 de abril y que dentro de diez días cumplirá cinco meses, es la octava de los nietos de los Reyes y lleva ese nombre, que significa "sabiduría", en honor de su abuela paterna, la Reina

La Infanta Sofía, segunda hija de los Príncipes de Asturias, fue presentada el miércoles por sus padres ante la Virgen de Atocha, en una breve ceremonia que ofició el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y que la pequeña siguió con los ojos muy abiertos, como ya ocurrió en su bautizo.

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