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Alicia Koplowitz, ‘la tapada’ de la boda de los Alba

La boda de Javier, el primer nieto de la duquesa de Alba, que ha contraído matrimonio, sirvió para varias cosas. La principal y fundamental para consignar

Foto: Alicia Koplowitz, ‘la tapada’ de la boda de los Alba
Alicia Koplowitz, ‘la tapada’ de la boda de los Alba

La boda de Javier, el primer nieto de la duquesa de Alba, que ha contraído matrimonio, sirvió para varias cosas. La principal y fundamental para consignar que Alicia Koplowitz y el duque de Huescar continúan en su línea de pareja discreta. La empresaria no asistió a la ceremonia, pero sí al convite y, por lo que parece, se convirtió en ‘la tapada’ de la fiesta. Al menos esa fue la sensación que dio.

 

Muchos de los invitados no se dieron cuenta de su presencia y la mayoría de los fotógrafos que cubrían la información tampoco. Puede ser que por aquello de no dar que hablar prefiriera una entrada más privada. El caso es que doña Alicia formó parte del entramado familiar del joven Javier Martínez de Irujo. Al fin y al cabo, y salvo que se niegue la mayor, Carlos, futuro duque de Alba, continúa manteniendo su más que amistad con la marquesa de Bellavista. También acudió al enlace el presidente de Acciona, José Manuel Entrecanales, primo de la novia, que siguiendo la misma estela prefirió pasar desapercibido.

 

Como decía al principio, el bodón sirvió también para destacar varios apartados. Uno, ver lo rápido que se han hecho mayores los “niños” Alba. Dos, dejar constancia de cómo los padres -María Honhelohe y el duque de Aliaga- han sido capaces de conciliar la intimidad de sus hijos con el interés que pudieran despertar por ser nietos de la Gran Cayetana. Ni sus primos, los hijos de Jacobo y María Eugenia Fernández de Castro, ni el hermano del contrayente han sido carne de cañón, ni han padecido la telmania (de Telma Ortiz). Ahora se define con este calificativo el autoagobio de determinados personajes colaterales que, a diferencia de los anteriores, no saben afrontar las realidades familiares.

 

El tercer punto llamativo de la boda de Javier con Inés Domecq tuvo que ver con cuestiones gastronómicas. El menú servido por Alfonso giró en torno a productos de la tierra de la novia. De primero, arroz con langostinos de Sanlúcar, después consomé frío (por supuesto al Jerez), róbalo (la lubina de la zona) con ortiguillas (anémonas) y, de postre, tocino de cielo de Jerez.

 

El cuarto asunto destacable tendría que ver con el desasosiego emocional de la abuela Cayetana. En cuanto terminó la ceremonia religiosa volvió a Sevilla. Hubo quien adujo como excusa para la retirada el calor de ese día. Una disculpa poco probable ya que Cayetana es fija de tardes calurosísimas de toros. Es posible que la justificación más lógica sea la cierta ¿Qué enamorada deja a su pareja en casa y se va ella de boda?

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