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El duque de Cádiz, una muerte aún sin aclarar

La historia de los Borbones en España ha sido el objeto de estudio de numerosos literatos a lo largo de los siglos. Hay quienes, de pronto

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El duque de Cádiz, una muerte aún sin aclarar
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    La historia de los Borbones en España ha sido el objeto de estudio de numerosos literatos a lo largo de los siglos. Hay quienes, de pronto o desde siempre se han sentido atraídos en particular por uno de esos descendientes en nuestro país de Felipe V, el que fuera el primer Borbón en reinar a este lado de los Pirineos. En la actualidad uno de los más reconocidos escritores sobre la vida de esta dinastía real en nuestro país es José María Zavala.

     

    Tras varios libros sobre la familia, como La Maldición de los Borbones, (Plaza & Janés), la figura de Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz, es una de las que según afirma el escritor y periodista, siempre le ha atraído y por eso la aborda de nuevo –ya publicó una biografía del duque hace diez años- para ofrecer datos sobre su vida, sus últimos años y las extrañas circunstancias que acompañaron a la muerte del Borbón en 1988 en una pista de esquí en Colorado (Estados Unidos).

     

    Ahora, con la publicación de El Borbón non grato, que se presenta de forma oficial dentro de dos semanas, Vanitatis.com ha hablado con Zavala sobre su obra y sobre la figura del nieto de Alfonso XIII, casado con la nieta de Francisco Franco, el que fuera caudillo de España durante más de tres décadas.

     

    Cuenta Zavala que en su biografía anterior sobre Don Alfonso no se centró exclusivamente en su persona sino que elaboró, por petición de J. Borrás, entonce su editor, un relato en el que se dejaba ver las vidas entre cruzadas que llevaban el Duque de Cádiz y el Infante Don Alfonso, hermano menor del rey Don Juan Carlos, fallecido en un accidente con un arma de fuego en 1959 en Estoril. El hilo conductor de aquella historia fue el dramático desenlace que tuvieron ambos.

     

    Ahora, con El Borbón non grato habla sobre el duque con la línea argumental de los distintos datos sobre su muerte. Comenta el autor que “no pretendo hacer juicios de valor”, sino que lo que le interesa es que “el lector saque sus propias conclusiones”. A pesar de que su labor de investigación documental sobre las circunstancias de la muerte del ex marido de Carmen Martínez Bordiú cuenta que “no soy policía y no me corresponde realizar la investigación”, en referencia a las pesquisas sobre el fallecimiento de Don Alfonso.

     

    Un accidente de esquí que le costó la vida

     

    La muerte del duque se produjo en 20 de enero de 1988 mientras descendía por una pista de esquí en Beaver Creek, las Montañas Rocosas. Por aquellas fechas, el duque de Cádiz se encontraba en Estados Unidos para asistir a los campeonatos que iban a disputarse allí. Estaba con algunos amigos, entre ellos, el ya fallecido Paco Fernández Ochoa y el ex campeón austríaco Tony Sailer. Precisamente éste último fue quien le avisó de la existencia de un cable en medio de la pista que serviría para sujetar el cartel de meta al final de la pista. Unos minutos más tarde, el duque descendería y ese cable sería su fatal destino, que le provocaría la muerte actuando como guillotina.

     

    Mirta Miller, la mujer con la que compartió los últimos años de su vida, se estremece cada vez que recuerda la aciaga frase que el propio Alfonso pronunció una vez “si yo viviera en el siglo XVIII ya estaría guillotinado”. Dice Zavala que “Mirta Miller fue la mujer que más le quiso después de su madre”, Emmanuela Dampierre. Quizá por eso, y como parte de las extrañas circunstancias que rodean al accidente del duque no quiere hablar sobre ese día. De hecho, en una entrevista en un programa de televisión en el que se le preguntó sobre el accidente, quiso pasar de puntillas sobre ese hecho diciendo “no hablo de eso porque tengo miedo”.

     

    Sea como fuere, el autor del libro, que se publica veinte años después del fallecimiento de Don Alfonso, incide en una serie de hechos extraños concatenados que dieron lugar a su muerte, incluida la desaparición desde aquel momento de Daniel Conway, el operario que, según los informes, sujetaba el cable en el momento del fatal accidente o que el duque permaneciera en el suelo durante media hora hasta ser atendido.

     

    Zavala insiste en que no quiere lanzar ninguna teoría, solo contar hechos y aportar datos, porque su intención es decir que el caso “merece ser investigado”. Ahora bien, afirma que si le preguntan a él, a nivel personal opina que  no cree “que fuera un simple accidente” y lo dice sin ningún tipo de presión, ya que cuenta que en ningún momento ha notado la oposición de alguien o algo en todos estos años de investigación.

     

    Unas pesquisas sobre los Borbones que le llevan a desmontar el mito de la supuesta enemistad entre Don Alfonso y su primo, el rey Don Juan Carlos y a repasar la relación del duque con sus hijos así como con el trono. Sobre si fue un homicidio o un complejo accidente, que cada cual saque sus propias conclusiones. Lo que sí queda claro que es que la muerte del duque, que pidió ser enterrado junto a su hijo Fran en las Descalzas Reales en Madrid en lugar de en el Panteón Real del Escorial, sigue dando que hablar dos décadas después aunque nunca llegara a alcanzar el trono.

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