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Elena Ochoa y su cena privada cinco estrellas

A diferencia de otras mujeres en su misma condición que se dedican a gastar a manos llenas el dinero de los maridos en casoplones, joyas, alta

Foto: Elena Ochoa y su cena privada cinco estrellas
Elena Ochoa y su cena privada cinco estrellas

A diferencia de otras mujeres en su misma condición que se dedican a gastar a manos llenas el dinero de los maridos en casoplones, joyas, alta costura, estéticas a granel y sesiones de botox party en cantidades industriales, Elena Ochoa ha preferido utilizar los beneficios derivados de su privilegiada  situación matrimonial en cuestiones no tan productivas, pero sí más lúdicas. Ha montado sus propias empresas relacionadas con el mundo del arte que ahora quiere implantar en España.

 

La que fuera la doctora del sexo es ahora Lady, señora de Norman Foster. Vive en Londres, a orillas del Tamesis, en un edificio diseñado -como no- por su marido. Tiene dos hijos pequeños que estudian chino, solfeo, piano… y que viajan y conocen el mundo a través de las obras de su famoso papá. Desde que se casó y emigró al Reino Unido, poco se ha sabido en España de la que fuera estrella televisiva de los noventa. De vez en cuando, una entrevista familiar en la prensa extranjera y poco más.

 

Su vida social discurría (y discurre) por los circuitos de los ricos internacionales. A los “Lords of Foster” lo mismo se les puede ver acudiendo a una convocatoria gastronómica con la elite neoyorquina que esquiando en Gstaad o comprando en cualquiera de las tiendas de lujo de los Campos Elíseos de París. A España venían para visitar a la familia o por temas relacionados con la actividad profesional de Foster. Poca vida mundana. Al menos lo que se entiende por oficial donde reinan las Preysler y los Borbones colaterales.

 

Pero puede ser que la cosa cambie. El matrimonio se ha comprado un dúplex en una de las zonas más caras de Madrid, muy cerca del piso de ochocientos metros cuadrados de Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas. Esta vivienda, que fue propiedad en su día de una nieta de Romanotes, ha servido como marco incomparable para una cena privada donde el poder, el dinero y la cultura se dieron la mano. Primero fue la celebración pública para presentar lo que será su proyecto cultural de envergadura. Ha reconvertido un antiguo garaje de cuatrocientos metros en una sala multidisciplinar donde lo mismo se podrá ver exposiciones de arte de todo tipo, que comprar los libros/joya de fotografía y arte que edita con su sello Ivory Press. Chillida, Richard Long, Anthony Caro, Anish Kapoor, Francis Bacon y Isamu Noguchi son algunos de los protagonistas de unas ediciones de superlujo en las que Elena Ochoa ha invertido tiempo, dinero y sobre todo ilusión.

 

Tras la fiesta oficial, una cena por todo lo alto en sus dominios madrileños con un “reducido” grupo de amigos nacionales -Segrelles, Barreiros, Llado, Cortina, Ybarra- e internacionales con Bianca Jagger como invitada especial. A la ex del Rolling Stone le entusiasma España y sobre todo Ibiza, donde pasa desapercibida. La anfitriona dispuso las mesas de ocho y diez comensales en uno de los pisos, totalmente diáfano, sin ningún tipo de decoración y todo pintado de blanco. Hasta los picaportes y accesorios de los cuartos de baño eran blancos. Una orquesta de jazz recibía a los invitados y como fin de fiesta flamenco. La anfitriona sorprendió a sus ochenta mejores amigos con un menú sugestivo a base de un megabufett.

 

En el pasillo colocó una superficie de casi ocho metros con delicatessen de todo tipo. Desde ensaladas de codorniz, de queso de cabra caramelizado, de foie con recula y berros, a hojaldre relleno de pichón, raviolis sobre crema de garbanzos, milhojas de ciervo, tosta gratinada de brandada, albóndigas de merluza y gambas, supremas de pintada, muslos de ave rellenos de castañas... y por supuesto los postres. Una gran mesa redonda con dulces para todos los gustos. Por ejemplo, pirámide de chocolate negro y caramelo de mango, tarta tatin con salsa toffee, charlota de frutas rojas, tartita de queso blanco, de pera con crema de almendra, hexágono de frutas rojas… que sorprendieron a los convidados. Una reunión de lujo que seguramente tendrá su continuación si Lady Foster decide pasar más tiempo en Madrid.

 

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