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Camilo Sesto, el excéntrico

 “Vivir así es morir de amor” cantaba Camilo Sesto allá por los años 70, cuando la España que se preparaba para una Transición política lo veía

Foto: Camilo Sesto, el excéntrico
Camilo Sesto, el excéntrico

 “Vivir así es morir de amor” cantaba Camilo Sesto allá por los años 70, cuando la España que se preparaba para una Transición política lo veía como a un consumado ídolo pop. Sin embargo, desde su retiro de hace dos años (muchos justificarían que desde hace bastante más tiempo) el cantante solo parece vivir en los medios de comunicación a raíz de noticias que poco o nada tienen que ver con el mundo de la música. La última de ellas, el robo sufrido en su domicilio de Torrelodones el pasado fin de semana, el mismo que ha hecho que muchos se pregunten si no fue fingido, dado el embargo de 200.000 euros que pesa sobre esa casa. Él no solo se ha apresurado a desmentirlo sino que también ha puesto el grito en el cielo y ha amenazado con demandar a cualquier que se atreviese a asegurar tal cosa. A muchos les suena a la última de las excentricidades de un cantante cuyo camino ha estado lleno de ellas. “Siempre fue un poco hortera en muchos de sus gustos”, asegura uno de sus guitarristas, que le acompañó desde los inicios de su carrera.

Para empezar, el músico recuerda un dato que ya mostraba una peculiar forma de ser: “Recuerdo perfectamente el piano de cola blanco que tenía en la calle Jorge Juan. Todos pensábamos que era una horterada tenerlo de ese color”. Eran tiempos en los que este guitarrista lo conoció de cerca, incluso antes de que fuese Camilo Sesto, la gran estrella, el protagonista de la mejor versión foránea del musical Jesucristo Superstar. Por entonces formaba parte del grupo ‘Los Botines’ y todavía le quedaba un camino largo hasta llegar al estrellato: “No todo el mundo confiaba en él. Era muy bueno pero pasaron años antes de que los productores se fijasen en él”, asegura  su músico a Vanitatis. “Un detalle que muestra a las claras cómo era y que recuerdo perfectamente: a su regreso de un concierto en Nueva York, mandó a uno de sus músicos a comprar una guitarra. Eso en el mundo de la música es bastante extraño y un auténtico sacrilegio, pues todo músico que se precie acude a comprar su propia guitarra”.

Pero todo hombre peculiar tiene detrás a una mujer que también lo es. Y en aquellos inicios del cantante esa mujer era la italiana Laura Casale, una cantante a la que este guitarrista define como “de armas tomar”. “Ella fue la que lo amaestró, la que lo convenció para operarse la nariz. Antes, nosotros lo llamábamos ‘Pinocho’ entre los compañeros por la nariz que tenía”, asegura. De hecho, si el espectador atento observa al Camilo previo al estrellato, al que luce sus años más jóvenes en la película Los chicos del preu, observará un perfil bastante distinto del que lució años más tarde. Y puede que fuese la italiana la que inoculase ese punto de ‘rareza’ en el cantante.

Camilo no era ni universitario ni culto, pero la educación “la tenía en los genes”. Los buenos modales eran compatibles con los chascarrillos, con las anécdotas curiosas de una persona que destaca por mucho que intente guardar las formas: “Una vez fuimos a verle al Paseo de la Habana y estaba preparando unos filetes a la plancha. Nos quedamos alucinados porque estaba toda la casa llena de humo y él tenía gente para que le cocinase. Se le habían quemado”. Una de las cualidades que el guitarrista destaca de él es la personalidad andrógina que lo llevó a convertirse en una especie de David Bowie español y melódico. “Le ayudó, como a Miguel Bosé, el no tener vergüenza a la hora de ponerse la ropa que se ponía y de hacer las canciones que hacía”, afirma el guitarrista.

Uno de sus bajistas asegura que "siempre ha sido extraordinario mostrando preocupación con las causas solidarias". Y si esas causas tenían que ver con la infancia, más aún: "Nunca se negaba a cantar o a participar en proyectos de cara a la infancia", asegura otro de los músicos que compartieron escenario con él en numerosos conciertos.

Y es que, a pesar de su personalidad, Camilo era “buena persona. Te veía cargado con los instrumentos y te ayudaba, y te hablo de cuando era una estrella, cuando toqué el bajo con él en París, a lo largo de cinco o seis meses”. De hecho, durante los conflictos con la discográfica, habituales en cualquier cantante que presuma de haber saboreado las mieles del éxito, Camilo huía de la confrontación como de la peste. “Era apacible y calmado. Era difícil alterarlo, quizá era algo blandito”, nos cuenta este guitarrista.

Ahora, cual Norma Desmond que se resiste al olvido parapetado en su mansión, Camilo vuelve a ocupar titulares por un robo del que algunos dudan. Solo el tiempo lo aclarará. De justos es reconocer que en Nevada las autoridades establecieron, en 2011, un día de mayo como el “día de Camilo Sesto” y que ha recibido premios en Estados Unidos como el “Máximo orgullo hispano”. No todo son robos en los titulares que copa este cantante que se vio a sí mismo como un “Mendigo de amor”.

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