En las tertulias de verano, los brindis entre amigos o las cenas improvisadas, una pregunta recurrente surge entre los más conscientes de su salud: ¿qué engorda más, una copa de vino o una caña de cerveza? Ambas bebidas son habituales en la dieta mediterránea y forman parte del ocio social en España, pero si el objetivo es cuidar la línea, conviene saber qué opción es más ligera desde el punto de vista calórico.
La cantidad de vino que necesitaríamos no es nada saludable. (Pexels / Julia Kuzenkov)
La diferencia radica principalmente en la graduación alcohólica: el vino suele contener entre un 12% y un 14% de alcohol, frente al 4% o 5% de la cerveza. Como el alcohol es uno de los principales responsables del valor calórico de estas bebidas (7 kcal por gramo), el vino gana en este sentido.
Sin embargo, no todo es tan simple. Aunque la cerveza tiene menos alcohol, contiene más hidratos de carbono debido a su proceso de elaboración a partir de cereales. Esto hace que, en consumos elevados o continuados, pueda contribuir más a la acumulación de grasa abdominal, lo que popularmente se conoce como "barriga cervecera". Por su parte, el vino —sobre todo el tinto— aporta antioxidantes como el resveratrol, que, aunque no contrarrestan sus calorías, sí se asocian a beneficios cardiovasculares en consumos moderados.
La experta lo tiene claro: la cerveza siempre en vaso. (Pexels)
Otro factor relevante es la cantidad y la frecuencia con la que se consume cada bebida. Es fácil que una caña se acompañe de otra sin darnos cuenta, especialmente en contextos sociales o de tapeo, mientras que una copa de vino tiende a beberse de forma más pausada y en menor cantidad. Por tanto, aunque una caña individual tenga menos calorías, su consumo suele ser más continuado y, con el tiempo, puede suponer una mayor ingesta energética.
En conclusión, si se compara una copa de vino frente a una caña de cerveza de forma aislada, la cerveza aporta menos calorías. Pero si se tiene en cuenta el contexto, la frecuencia y la cantidad consumida, la respuesta puede variar. La clave, como en casi todo lo relacionado con la alimentación, está en la moderación y en saber elegir según el momento y los hábitos personales.
En las tertulias de verano, los brindis entre amigos o las cenas improvisadas, una pregunta recurrente surge entre los más conscientes de su salud: ¿qué engorda más, una copa de vino o una caña de cerveza? Ambas bebidas son habituales en la dieta mediterránea y forman parte del ocio social en España, pero si el objetivo es cuidar la línea, conviene saber qué opción es más ligera desde el punto de vista calórico.