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El truco que es mano de santo para enfriar rápido la cerveza y disfrutarla en verano
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como en el polo norte

El truco que es mano de santo para enfriar rápido la cerveza y disfrutarla en verano

Con solo unos minutos de preparación y un poco de paciencia, tendrás una cerveza en su punto ideal para brindar bajo el sol

Foto: El vino tinto es más perjudicial para nuestro cerebro que, por ejemplo, la cerveza. (Pexels)
El vino tinto es más perjudicial para nuestro cerebro que, por ejemplo, la cerveza. (Pexels)

Cuando el calor aprieta y lo único que apetece es una cerveza bien fría, los métodos tradicionales para enfriarla pueden parecer lentos o poco efectivos. Por suerte, existe un truco casero, simple y muy eficaz que cada verano gana más adeptos: el baño de hielo, agua y sal. Esta combinación, a medio camino entre experimento de física y sabiduría popular, permite enfriar una cerveza en cuestión de minutos y se ha consolidado como el método más rápido y seguro para disfrutar de una bebida fría sin necesidad de planificación previa.

La clave está en la reacción química que se produce al añadir sal al hielo y al agua. La sal baja el punto de congelación del agua, permitiendo que esta se mantenga líquida a temperaturas inferiores a 0 °C. Este cambio provoca que el calor de las latas o botellas se transfiera más rápido al líquido helado, acelerando el proceso de enfriamiento. Así, en tan solo 5 a 15 minutos, la cerveza puede pasar de temperatura ambiente a estar perfectamente fría para su consumo.

placeholder Repleta de carbohidratos, la cerveza no es apta para diabéticos. (Pexels)
Repleta de carbohidratos, la cerveza no es apta para diabéticos. (Pexels)

El procedimiento es sencillo: basta con llenar un recipiente (como un cubo, una hielera o incluso el fregadero) con hielo, añadir agua fría y un puñado generoso de sal gruesa. Luego se sumergen las cervezas por completo y, si se quiere acelerar aún más el proceso, se pueden girar ligeramente de vez en cuando para distribuir mejor el frío.

Aunque hay otros métodos, ninguno ofrece la misma eficiencia con tan poco riesgo. El congelador, por ejemplo, puede servir en caso de apuro, pero requiere control estricto del tiempo. Si se deja la cerveza más de 40 minutos, el líquido puede congelarse, deformar la lata o incluso hacer que una botella reviente. En cambio, con el truco del hielo y la sal, se evita ese peligro sin renunciar a la rapidez.

placeholder Si la cerveza está fría se nota más el alcohol. (Pexels)
Si la cerveza está fría se nota más el alcohol. (Pexels)

Otra opción conocida es envolver las botellas o latas en papel de cocina húmedo y meterlas en el congelador. Aunque algo menos efectiva, esta técnica puede resultar útil cuando no se dispone de hielo. El principio es similar: al evaporarse el agua del papel, se extrae calor de la bebida, reduciendo su temperatura más rápidamente que si se dejara sola.

Desde un punto de vista científico, la eficacia del método del hielo y la sal está más que comprobada. Se trata de un principio básico de la termodinámica que se aplica también en otros contextos, como en la elaboración de helados artesanales. Lo más interesante es que no requiere equipamiento especial ni grandes cantidades de hielo: solo entender cómo aprovechar bien los elementos disponibles. Por eso, cada verano, este truco vuelve a circular por redes sociales, blogs de cocina y conversaciones de chiringuito como una solución infalible y refrescante.

Cuando el calor aprieta y lo único que apetece es una cerveza bien fría, los métodos tradicionales para enfriarla pueden parecer lentos o poco efectivos. Por suerte, existe un truco casero, simple y muy eficaz que cada verano gana más adeptos: el baño de hielo, agua y sal. Esta combinación, a medio camino entre experimento de física y sabiduría popular, permite enfriar una cerveza en cuestión de minutos y se ha consolidado como el método más rápido y seguro para disfrutar de una bebida fría sin necesidad de planificación previa.

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