Según explica la doctora, el riesgo de contaminación por metales pesados en el pescado no es uniforme. Todo depende del tipo de pez, su tamaño, su posición en la cadena alimentaria y su longevidad. Este fenómeno se explica a través de dos procesos: la bioacumulación, por el cual un organismo acumula sustancias tóxicas más rápido de lo que las elimina; y la biomagnificación, que hace que la concentración de contaminantes aumente conforme se asciende en la cadena trófica. “Cuanto más grande y longevo es el pez, más metales acumula”, aclara Muñoz.
Los peces más afectados, y por tanto los que deben consumirse con moderación, son los grandes depredadores del mar como el atún rojo, el pez espada (emperador), el tiburón o el lucioperca (lúcio). Estos peces, al alimentarse de otros más pequeños, acumulan también los contaminantes que sus presas ya contienen. “En adultos sanos, este tipo de pescados deberían limitarse a una vez al mes. En mujeres embarazadas y niños menores de diez años, directamente se deberían evitar”, advierte la especialista.
Frente a ellos, Muñoz destaca la seguridad de los pescados pequeños, de vida corta y aguas frías, que contienen mucha menos cantidad de metales pesados. Ejemplos de ellos son la sardina, el boquerón, el jurel, la caballa, la trucha, el salmón, la lubina, la dorada o el lenguado. “Estos son pescados que puedes comer tres o cuatro veces por semana, ya que además aportan proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega 3, yodo y otros nutrientes esenciales”.
El pescado es una buena fuente de omega-3. (Pexels / Electra Studio)
La doctora también aporta recomendaciones prácticas para reducir aún más la carga de metales pesados al cocinar. “Quitar la piel, evitar el uso de cabeza y vísceras en caldos y elegir cocciones como al vapor, hervido o al horno sin piel, son pasos sencillos pero eficaces”. Además, sugiere combinar el pescado con ingredientes como cilantro, ajo o limón, conocidos por su capacidad para reducir la absorción intestinal de los metales.
Pese a las advertencias, Muñoz defiende el papel del pescado en una dieta saludable, siempre que se consuma con criterio. “No se trata de dejar de comer pescado, sino de saber elegir. Alternar entre pescado blanco y azul, priorizar los de menor contenido en metales y seguir las recomendaciones oficiales en grupos vulnerables es la clave”, concluye.