Los expertos coinciden en que caminar de forma regular mejora la salud cardiovascular, fortalece los músculos y ayuda a mantener la autonomía. Pero también subrayan que no todas las formas de andar ofrecen los mismos beneficios. Una técnica que gana popularidad es la conocida como marcha afgana, que consiste en acompasar la respiración al movimiento de los pasos. Con este sistema se realizan ciclos de inspiración, retención y espiración de manera rítmica, lo que permite oxigenar mejor el organismo, aumentar la resistencia y, al mismo tiempo, inducir un estado de calma similar al de una meditación activa.
Caminar también es una buena forma de mantenernos en forma. (Pexels)
Otra alternativa que ha llamado la atención de la comunidad científica es el llamado paseo japonés, creado en la Universidad de Shinshu. En este caso, se alternan tres minutos de marcha rápida con otros tres de paso más lento, durante al menos media hora. Este sencillo cambio de ritmo logra que el corazón trabaje de forma más eficiente, reduce la presión arterial y mejora la capacidad aeróbica, algo esencial para quienes desean mantenerse en forma sin recurrir a esfuerzos excesivos.
Más allá de las técnicas, lo importante es que la caminata se realice con regularidad y adaptada a las condiciones de cada persona. El catedrático en fisiología José Viña, experto en envejecimiento, recuerda que empezar a moverse con hábitos sencillos es la mejor manera de prevenir la fragilidad en la vejez. En la misma línea, el investigador Mikel Izquierdo, referente en ciencias de la salud, insiste en que el ejercicio físico actúa como un “fármaco natural” capaz de reducir la necesidad de medicación en problemas tan comunes como la hipertensión o la diabetes.
Caminar rápido es esencial para ayudar a disminuir los riesgos de enfermedades graves y muerte prematura (Pexels).
De acuerdo con el especialista Álvaro da Silva, incorporar de manera progresiva ejercicios variados aporta beneficios tanto físicos como psicológicos. Además de reforzar la musculatura y proteger la densidad ósea, la actividad física regular se convierte en un factor de protección frente al deterioro cognitivo, al mismo tiempo que favorece una mayor agilidad mental.