El estrés acumulado durante la jornada suele acompañarnos hasta la cama. Nos acostamos cansados, pero la mente sigue encendida, repasando lo que hemos hecho o lo que nos espera mañana. En esos momentos, encontrar la calma parece imposible, aunque a veces basta con pequeños gestos para ayudar al cuerpo a relajarse y preparar la mente para descansar.
En un vídeo compartido en Instagram, la doctora Ana Pérez Ballesta y el enfermero especialista en salud mental Pedro Alejandro Gómez proponen técnicas sencillas que cualquiera puede poner en práctica. La primera es volver a lo más básico: la respiración. Colocar una mano en el abdomen, inhalar contando hasta cuatro, retener el aire unos segundos y exhalar lentamente en seis. Repetido tres veces, este ejercicio consigue que el cuerpo empiece a aflojarse y que la sensación de inquietud se reduzca.
Otra herramienta es la relajación muscular progresiva. Consiste en apretar los puños y soltarlos, tensar los hombros y dejarlos caer, recorrer poco a poco cada zona del cuerpo y permitir que el peso se hunda en el colchón. Es un recordatorio de que soltar físicamente ayuda también a liberar tensión mental.
A la respiración y la relajación se suma la visualización. Imaginar un lugar seguro, como una playa tranquila o un bosque, permite a la mente encontrar refugio y desconectar de los pensamientos que se repiten sin parar. Si la atención se dispersa, lo recomendable es volver a la respiración y usarla como ancla.
Estas técnicas te pueden ayudar a dormir mejor. (Freepik)
Finalmente, los expertos sugieren un ejercicio menos conocido: con los ojos cerrados, mover la mirada hacia arriba, abajo, izquierda y derecha, y después dibujar círculos en ambos sentidos. Estos movimientos oculares, explican, suelen bastar un par de veces para notar cómo el cuerpo se rinde al descanso.
Unir estas prácticas puede convertirse en un ritual personal que ayude a cerrar el día y a preparar un sueño reparador. Porque a veces, para dormir mejor, no se trata de luchar contra la mente, sino de enseñarle a soltar poco a poco. Si el insomnio es persistente lo mejor es acudir a un experto médico.
El estrés acumulado durante la jornada suele acompañarnos hasta la cama. Nos acostamos cansados, pero la mente sigue encendida, repasando lo que hemos hecho o lo que nos espera mañana. En esos momentos, encontrar la calma parece imposible, aunque a veces basta con pequeños gestos para ayudar al cuerpo a relajarse y preparar la mente para descansar.