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José Carlos Ruiz, filósofo: "El gran problema está en que hemos perdido el plano de la felicidad en el ocio"
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José Carlos Ruiz, filósofo: "El gran problema está en que hemos perdido el plano de la felicidad en el ocio"

No se trata de renunciar a la ambición ni al crecimiento personal, sino de reequilibrar las prioridades

Foto: José Carlos Ruiz, filósofo, en una imagen de archivo. (EFE)
José Carlos Ruiz, filósofo, en una imagen de archivo. (EFE)

En una época en la que la felicidad parece haberse convertido en un objetivo de consumo más, el filósofo José Carlos Ruiz invita a detenerse y reflexionar sobre el modo en que la entendemos y la buscamos. En un contexto dominado por la productividad, el rendimiento y la constante autoexigencia, hemos terminado por confundir los logros con la felicidad, y el deseo con el placer. Lo que antes era un ideal de serenidad y equilibrio interior, hoy se mide en resultados, estatus y reconocimiento. Según Ruiz, esa confusión ha derivado en lo que él denomina “posfelicidad”: una versión adulterada de la felicidad, construida sobre la lógica neoliberal del éxito y la productividad.

La gran paradoja de nuestro tiempo, explica el pensador, es que hemos perdido el plano de la felicidad en el ocio. En otras palabras, ya no sabemos descansar, ni disfrutar del tiempo libre sin convertirlo en una extensión del trabajo. El ocio, que durante siglos fue el espacio donde el ser humano encontraba sentido y placer, ha sido absorbido por la dinámica del rendimiento. Y cuando el trabajo deja de ser fuente de realización —porque las condiciones cambian, el empleo se pierde o las expectativas no se cumplen—, muchos descubren que no tienen nada a lo que agarrarse, que su tiempo libre carece de contenido y propósito.

placeholder Los juegos de mesa también ayudan a nuestra capacidad de memoria. (Pexels)
Los juegos de mesa también ayudan a nuestra capacidad de memoria. (Pexels)

Ruiz recuerda que el trabajo debería ser, en esencia, un medio para obtener recursos, no el centro del proyecto vital. Lo que verdaderamente nos pertenece es el tiempo libre: ese espacio que no vendemos, que podemos dedicar a lo que nos gusta y a quienes queremos. Sin embargo, en la actualidad hemos transferido también el concepto de productividad al ocio. Ya no salimos a correr por placer, sino para mejorar marcas; no tocamos un instrumento por disfrute, sino para grabar contenido y compartirlo; no descansamos, sino que “optimizamos” el descanso. Incluso en el tiempo libre hemos dejado de ser libres.

Esta pérdida de espontaneidad se refleja en la manera en que entendemos el ocio: cada minuto está planificado, medido, calendarizado. No hay tiempo para el aburrimiento, la pausa o la simple contemplación. El filósofo propone recuperar la llamada “pedagogía del placer”, una idea sencilla pero profundamente transformadora. Se trata de volver a educar el deseo para disfrutar de lo conocido, de lo cotidiano, de esos pequeños rituales que antes daban sentido a la vida familiar y personal.

placeholder Comer al aire libre aumenta el tiempo de exposición a la luz. (Pexels/ KoolShooters)
Comer al aire libre aumenta el tiempo de exposición a la luz. (Pexels/ KoolShooters)

Como cuando, en la infancia, esperábamos con ilusión los fines de semana porque sabíamos que implicaban un paseo al parque o una tarde de juegos. El placer estaba en repetir, no en innovar; en disfrutar del momento, no en buscar constantemente algo nuevo que lo sustituya.

El problema de vivir en torno al deseo, advierte Ruiz, es que este nunca se satisface del todo: siempre quiere más, siempre empuja hacia adelante. Y eso nos condena a una insatisfacción permanente. Recuperar la felicidad, entonces, pasa por reconciliarnos con el ocio, por devolverle su carácter desinteresado y humano. No se trata de renunciar a la ambición ni al crecimiento personal, sino de reequilibrar las prioridades y recordar que, al final, solo somos verdaderamente dueños del tiempo que nos pertenece. En ese tiempo libre —no en el trabajo, ni en el éxito, ni en los logros— es donde debería habitar la felicidad.

En una época en la que la felicidad parece haberse convertido en un objetivo de consumo más, el filósofo José Carlos Ruiz invita a detenerse y reflexionar sobre el modo en que la entendemos y la buscamos. En un contexto dominado por la productividad, el rendimiento y la constante autoexigencia, hemos terminado por confundir los logros con la felicidad, y el deseo con el placer. Lo que antes era un ideal de serenidad y equilibrio interior, hoy se mide en resultados, estatus y reconocimiento. Según Ruiz, esa confusión ha derivado en lo que él denomina “posfelicidad”: una versión adulterada de la felicidad, construida sobre la lógica neoliberal del éxito y la productividad.

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