Las relaciones de pareja no siempre se rompen por falta de amor, sino por la forma en la que gestionamos el miedo, el estrés o la frustración. Esa es la idea central que la conferenciante y autora estadounidense Mel Robbins ha querido transmitir, donde reflexiona sobre cómo, en los momentos difíciles, tendemos a ver a nuestra pareja como el problema en lugar de como el apoyo.
“Recuerda con quién te has casado”, señala Robbins, insistiendo en que cuando la vida se complica “te olvidas y conviertes a la persona que está intentando hacer lo mejor que puede en un monstruo”. La autora, explicó que en su caso personal llegó a culpar a su marido, Chris, durante una etapa en la que estaban al borde de la ruina económica. “Era más fácil estar enfadada que sentir miedo”, confesó, admitiendo que la desesperación la llevó a descargar su ansiedad sobre él.
Desde la psicología, este comportamiento es común: ante el miedo o la sensación de pérdida de control, muchas personas reaccionan con enfado, porque la ira resulta más manejable que la vulnerabilidad. Robbins lo resume con claridad cuando dice que “nadie intenta fastidiarte, nadie quiere que las cosas salgan mal. La vida es dura, pero no es culpa de tu pareja”.
Su reflexión va más allá del amor romántico. Es un recordatorio de que las relaciones se sostienen también en los días malos, cuando lo más fácil es culpar y lo más difícil, empatizar. Recordar quién es la persona que tenemos al lado, y que ambos están intentando hacerlo lo mejor posible, puede marcar la diferencia entre una crisis pasajera y una ruptura definitiva.
Las relaciones de pareja no siempre se rompen por falta de amor, sino por la forma en la que gestionamos el miedo, el estrés o la frustración. Esa es la idea central que la conferenciante y autora estadounidense Mel Robbins ha querido transmitir, donde reflexiona sobre cómo, en los momentos difíciles, tendemos a ver a nuestra pareja como el problema en lugar de como el apoyo.