Las 4 señales de alarma que son los antecedentes habituales a un infarto, según un estudio
Aprender a leer esas señales y actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una vida larga y saludable o una avería que llegue cuando ya es demasiado tarde
Los casos de infartos silentes son más frecuentes entre las mujeres y personas diabéticas. (iStock)
Ignorar las señales de advertencia rara vez sale gratis. Igual que ocurre con un coche cuando se encienden luces en el tablero y se decide no ir al taller, el cuerpo humano también avisa antes de sufrir una avería grave. En el caso del sistema cardiovascular, esas señales pueden aparecer años antes de un infarto, un ictus o una insuficiencia cardíaca. Así lo demuestra un amplio estudio internacional que desmonta la idea de que estos episodios llegan “de repente” y sin previo aviso.
El síndrome del corazón feliz puede llegar a provocar un infarto de miocardio. (iStock)
“El mensaje es claro: los episodios cardiovasculares rara vez ocurren en ausencia de factores de riesgo tradicionales”, concluyen los autores del estudio, dirigido por Philip Greenland, profesor de cardiología en la Universidad Northwestern, y Hokyo Lee, del Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Yonsei, en Seúl. Lejos de ser imprevisibles, estos eventos suelen estar precedidos por señales bien conocidas y medibles.
¿Cuáles son esas cuatro “luces de alarma” que empiezan a encenderse mucho antes? Los investigadores se centraron en cuatro factores de riesgo tradicionales: la presión arterial, el colesterol, la glucemia y el tabaquismo. Según los criterios de salud cardiovascular ideal de la Asociación Americana del Corazón (AHA), se consideran niveles no óptimos una presión arterial por encima de 120/80 mm Hg, colesterol total superior a 200 mg/dL, glucemia en ayunas igual o mayor a 100 mg/dL, o fumar —o haber fumado—.
Los síntomas de infarto en la mujer pueden confundirse con otras afecciones. (Pexels)
Los datos revelan que la presión arterial elevada es el factor más frecuente: estaba presente en casi el 95% de los pacientes que sufrieron insuficiencia cardíaca y en un porcentaje muy similar de quienes padecieron un infarto o un accidente cerebrovascular. El colesterol alto, la alteración del azúcar en sangre y el tabaquismo completan un cóctel de riesgo que, combinado, multiplica las probabilidades de un evento grave.
Incluso cuando los investigadores analizaron umbrales más altos —los que se usan habitualmente para diagnosticar enfermedades, como una presión arterial de 140/90 mm Hg o más— el patrón se mantuvo. Al menos el 90% de los pacientes presentaba uno o más factores de riesgo clínicamente elevados antes de su primer episodio cardíaco. El problema, subraya el estudio, es que estas señales suelen aparecer juntas y no de forma aislada.
La aterosclerosis puede propiciar accidentes cardíacos como un infarto de miocardio. (iStock)
De hecho, casi un tercio de la población mundial presenta síndrome metabólico, una condición caracterizada por la coexistencia de varios factores de riesgo, como hipertensión, azúcar elevado, obesidad abdominal y alteraciones del colesterol o los triglicéridos. Una combinación silenciosa que va dañando el sistema cardiovascular sin dar síntomas evidentes hasta que el daño ya está hecho.
Las conclusiones del estudio refuerzan la importancia de la prevención primaria. La AHA resume este enfoque en sus “8 reglas de la vida”: no fumar, seguir una alimentación saludable, hacer actividad física de forma regular, dormir entre siete y nueve horas, mantener un peso adecuado y controlar la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre. No son recomendaciones nuevas, pero los datos muestran que siguen siendo incumplidas: una revisión reciente de casi 500 estudios reveló que solo el 4% de los participantes alcanzaba una salud cardiovascular ideal.
Ignorar las señales de advertencia rara vez sale gratis. Igual que ocurre con un coche cuando se encienden luces en el tablero y se decide no ir al taller, el cuerpo humano también avisa antes de sufrir una avería grave. En el caso del sistema cardiovascular, esas señales pueden aparecer años antes de un infarto, un ictus o una insuficiencia cardíaca. Así lo demuestra un amplio estudio internacional que desmonta la idea de que estos episodios llegan “de repente” y sin previo aviso.