Con el cambio de estación y el aumento de días ventosos, muchos expertos en limpieza doméstica recomiendan prestar atención a este elemento del hogar. La razón es sencilla: una persiana sucia actúa como un “transportador” de partículas hacia el interior de la vivienda, afectando tanto a la higiene como a la calidad del aire, algo especialmente relevante para personas con alergias.
Cómo limpiar las persianas a fondo. (Pexels/ Kris Møklebust)
El truco que se está popularizando en redes y blogs especializados es tan simple como eficaz. Solo se necesita un pulverizador con agua tibia y unas gotas de jabón neutro o vinagre blanco, un plumero de microfibra o un cepillo suave y un paño seco. La clave está en limpiar la persiana cuando aún está bajada: se pulveriza ligeramente la superficie exterior, se pasa el plumero de arriba abajo para arrastrar la suciedad y, por último, se seca rápidamente con el paño.
Una vez retirada la mayor parte del polvo, basta con subir la persiana unos centímetros y repetir la operación por tramos. De este modo se limpia cada lama sin que la suciedad caiga al interior, un gesto que marca la diferencia frente al método tradicional de subirla del todo y limpiar después. El proceso completo puede hacerse en menos de cinco minutos por ventana.
Las persianas venecianas pueden quedar mucho mejor que las normales. (Pexels/ Ave Calvar Martinez)
Los profesionales del orden doméstico coinciden en que este tipo de rutinas rápidas ayudan a mantener la casa más saludable sin convertir la limpieza en una tarea pesada. Incorporar este hábito antes de ventilar por la mañana o al recoger la vivienda puede reducir notablemente el polvo acumulado en suelos y muebles.