La psicóloga Silvia Severino ha reflexionado sobre una situación bastante habitual tras una ruptura: cuando un ex deja claro que no quiere continuar como pareja, pero pide que la otra persona siga presente en su vida. Según explica, detrás de ese comportamiento puede haber una razón muy concreta: querer alejarse de las obligaciones de una relación sin asumir del todo la ausencia del otro.
Según explica, detrás de ese comportamiento puede haber una razón muy concreta: querer alejarse de las obligaciones de una relación sin asumir del todo la ausencia del otro (Pexels)
Ese tipo de vínculo, señala la experta, puede resultar confuso para quien todavía está enamorado. La persona que no quiere romper del todo puede buscar compañía, apoyo emocional o familiaridad, pero sin compromiso. Mientras tanto, quien aún tiene sentimientos suele aceptar esa nueva posición porque piensa que "algo es mejor que nada".
La psicóloga advierte que seguir en la vida de un ex con sentimientos activos puede tener un coste emocional importante. No solo dificulta cerrar la etapa, también puede alimentar falsas expectativas y retrasar la recuperación personal.
Suele ocurrir a personas que han vivido relaciones tóxicas y turbulentas. (Pexels)
Por eso, poner distancia no tiene por qué ser un gesto de rencor. A veces es una forma de cuidarse, ordenar lo que se siente y recuperar espacio propio. La amistad con una expareja puede existir, pero suele necesitar tiempo, claridad y una condición básica: que ninguna de las dos partes siga esperando algo que la otra ya no quiere dar.