La Grace Kelly que quiso dejar de ser princesa
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estreno de 'gracia de mónaco' en cannes

La Grace Kelly que quiso dejar de ser princesa

Hitchcock no viajó a Mónaco en los años 60. Además, jamás fue a pedirle en persona a Grace Kelly, Gracia de Mónaco por aquel entonces, que volviese al cine

placeholder Foto: La boda, celebrada el 18 de abril de 1956 (Gtres)
La boda, celebrada el 18 de abril de 1956 (Gtres)

Hitchcock no viajó a Mónaco en los años 60. Además, jamás fue a pedirle en persona a Grace Kelly, Gracia de Mónaco por aquel entonces, que abandonase el Principado para volver al cine y convertirse en su Marnie, la ladrona. Ese es el hecho que narra Gracia de Mónaco, la película protagonizada por Nicole Kidman que ha abierto esta semana el Festival de Cannes. Cierto que la cinta no anda desencaminada porque el mal llamado ‘mago del suspense’ le ofreció la película a Grace tras sus innumerables disputas con Tippi Hedren, que ya había rodado Los pájaros con él y se había convertido en un elemento de continua discordia. Aunque la fidelidad histórica no ha sido el motivo principal de que la película biográfica sobre Grace haya sido vapuleada por la crítica a su paso por el Festival. La realidad fue otra y tiene que ver con el tipo de persona que era la famosa actriz, un manojo de nervios con apariencia tranquila.

A mediados de los años 50, los españoles de la época veían cómo los censores de dudosa inteligencia convertían el adulterio de la actriz en la película en un incesto a base de cambiar el doblaje y convertir a su marido en su hermano. Intentando evitar lo que ellos consideraban una abominación, habían cometido otra mucho peor en la película Mogambo, que protagonizaba junto a Clark Gable y Ava Gardner. Esa era la anécdota que España conocía más sobre Grace Kelly en los años previos a su coronación como princesa, cuando era, nada más y nada menos, una estrella. Hitchcock la había convertido en su estrella, en otra de sus rubias gélidas, en películas como La ventana indiscreta, Crimen Perfecto o Atrapa a un ladrón. Sin embargo, ella no era otra rubia más, sino su favorita. De hecho, hay quien dice que el orondo creador estuvo enamorado de ese “iceberg con un volcán dentro”, tal y como la llegó a definir.

En 1955, y ante su éxito de taquilla, la joven viajó, precisamente, al Festival de Cannes para representar a la Asociación de Productores Cinematográficos de América. El príncipe Rainiero aceptó hacerse una sesión de fotos con ella para la revista París Match y fue entonces cuando surgió el flechazo. La correspondencia entre ambos fue abundante y, además, se preguntaban cómo podían hacer partícipe a la prensa de algo tan inusual: una actriz de Hollywood y un príncipe monegasco enamorados, la farándula mezclada con la realeza europea. Las habladurías de años posteriores han señalado que fue duro para una joven que había tenido romances con actores como Marlon Brando, parecer todo lo impoluta y virginal que debía para el Principado.

El camino no fue de rosas, ya que muchos de esos rumores apuntan también a que siguió teniendo amantes durante el matrimonio con Rainiero como respuesta a las muchas mujeres que también ocupaban la cama de él. Lo que Hitchcock le pidió encajaba perfectamente en 1962, cuando Grace estaba cansada de ser la princesa para todo. Había días que, según sus biógrafos, se preguntaba por qué diablos había dejado su gran pasión, el cine, a cambio de ser una princesa que estaba lejos de vivir en un cuento. Fueron sus hijos, Carolina, Alberto y Estefanía, los que acabaron haciéndola feliz y acomodándola a un sitio que en principio no era el suyo. Los monegascos lo pudieron comprobar, ya que no hubo mujer más eficiente en el trabajo de complacer a sus súbditos.

placeholder Grace y Rainiero, el día de su boda (Gtres)

Seguramente por eso la tragedia les golpeó fuerte cuando en 1983 la princesa falleció en un accidente de tráfico a los 55 años. Iba acompañada de su hija Estefanía y las lágrimas del príncipe Rainiero en su funeral sólo dejaban clara una cosa: por muchas amantes que hubiese podido tener al inicio de su matrimonio, jamás superaría la muerte de la que había sido la mujer de su vida. Para cuando Kelly dejó este mundo, Hitchcock, el hombre que la había tentado para volver al cine, lo había hecho también. No pudo ver cómo la gente se despedía de ella y cómo ya no había ninguna duda de que su primera opción como Marnie, la ladrona había triunfado más siendo Grace, la princesa.

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