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Jacques y Gabriella, dos pequeños 'rockeros' en su último acto oficial

La princesa Charlene inauguró junto a sus pequeños un complejo de lujo que lleva su nombre, mostrando de nuevo su cara más trsite

Foto: Gabriella y Jacques de Mónaco. (Reuters)
Gabriella y Jacques de Mónaco. (Reuters)

La princesa Charlène de Mónaco inauguraba este viernes un complejo de lujo en Mónaco que lleva su nombre. Lo hacía acompañada de su marido, el príncipe Alberto, Pierre Casiraghi, y sus dos hijos, Jacques y Gabriella. Y aunque tenía asumido que los mellizos le iban a restar algo de protagonismo, nadie contaba con que los pequeños se iban a convertir en las auténticas estrellas del acto, eclipsando a su madre, quien tendría que ser la que centrara toda la atención mediática. Pero sus divertidos estilismos, su espontaneidas y sus gracias hicieron que todos se rindieran al futuro príncipe de Mónaco y su hermana.

Nada más llegar al complejo, Jacques y Gabriella conquistaron a todos con sus looks, ya que se habían transformado en dos pequeños 'roqueros' para la ocasión. Ambos llevaban cazadoras de cuero, y la niña, además, una falda con flores estampadas y botas negras. Quizá por temor a que el sol les hiciera daño, ni uno ni otro se quitaron las gafas de sol. Y parece que el espíritu más 'heavy' invadió al hijo de Charlène de Mónaco, ya que cuando tocó posar para los fotógrafos, hizo los cuernos con su mano. Un gesto al más puro estilo Froilán de Marichalar.

Jacques de Mónaco, con sus padres y su hermana, haciendo los 'cuernos'. (Reuters)
Jacques de Mónaco, con sus padres y su hermana, haciendo los 'cuernos'. (Reuters)

Pero si los niños no se quitaron las gafas de sol en ningún momento del acto, su madre hizo más o menos lo mismo, solo deshaciéndose de ellas a su llegada al complejo. Un gesto que, aunque no está fuera de protocolo y debe verse como normal, no suele gustar a los fotógrafos que cubren actos de los royals al aire libre, no sólo porque las gafas impiden ver la cara del retratado en su totalidad, sino por los posibles reflejos que pueden ocasionar los cristales.

A pesar de que los niños fueron los protagonistas del día y no pararon de hacer reír a todo el mundo, Charlène se mostró igual de seria que siempre. Ni siquiera Jacques y Gabriella consiguieron arrancarle una sonrisa. Solo vimos un esbozo, algo forzado, cuando descubrió la placa conmemorativa de la inauguración. A golpe de acto y de gestos serios, se ganó el sobrenombre de 'la princesa triste', un calificativo que estuvimos a punto de olvidar tras el nacimiento de sus hijos, cuando la sudafricana era todo sonrisas, pero que parece que hay que rescatar.

Charlène de Mónaco, tras descubrir la placa conmemorativa. (Reuters)
Charlène de Mónaco, tras descubrir la placa conmemorativa. (Reuters)

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