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FAMILIA REAL BRITÁNICA

El hijo de Harry y Meghan: un nacimiento real atípico y envuelto en secretismo

La norteamericana ha roto con toda tradición, imponiendo además un halo de misterio a todo lo que ha envuelto el nacimiento

Foto: El príncipe Harry y Meghan Markle. (Reuters)
El príncipe Harry y Meghan Markle. (Reuters)

Parto en el hospital (aunque al principio se creía que había tenido lugar en su casa) pero sin presentación oficial. Meghan Markle entró hace apenas un año en la familia real británica y, a pesar del encorsetado protocolo del Palacio de Buckingham, está consiguiendo hacer las cosas a su manera. Su boda con el príncipe Harry el 19 de mayo de 2018 ya fue toda una declaración de intenciones. Y con el nacimiento de su primer hijo -que se convierte en el séptimo en la línea de sucesión- ha ido un paso más allá. La norteamericana ha roto con toda tradición, imponiendo además un halo de secretismo a todo lo que ha envuelto el nacimiento.

La duquesa de Sussex ha optado por dar a luz asistida en todo momento por un equipo formado exclusivamente por mujeres. O al menos eso es lo que interpreta la prensa porque Palacio no ha querido confirmar ningún detalle. “Eso pertenece a su esfera privada”, asegura un portavoz a este medio. El comunicado que se expuso en el mítico atril dorado ante Buckingham tan solo especificaba que el niño nació a las 5:26 horas del lunes y pesó 3,26 kilos. Ni nombres de médicos ni nada más. Todo un misterio.

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El anuncio en Buckingham Palace. (Reuters)
El anuncio en Buckingham Palace. (Reuters)

En definitiva, nada que ver con el nacimiento de los tres hijos de los duques de Cambridge. Kate y Guillermo los presentaron el mismo día que vinieron al mundo en el ala privada del exclusivo hospital St. Mary. En el Reino Unido, si todo va bien, a la madre y el bebé les mandan pronto a casa. Pero en los mentideros se comenta que a Meghan le causó estupor ver a su cuñada maquillada y con tacones ante los fotógrafos tan solo horas después del parto. Desde el principio, Harry y la exactriz dejaron claro que disfrutarían primero unos días a solas con su bebé.

Ahora bien, ya el siglo XIX, el que fuera primer ministro Lord Salisbury señaló que la “reclusión es uno de los pocos lujos de los que la realeza no puede disfrutar”. Así que está por ver cómo van a lidiar ahora los duques de Sussex con esa fina línea entre lo público y lo privado. Porque, al fin y al cabo, su hijo es el octavo bisnieto de la reina Isabel II. Y quieran o no, eso viene ligado a unas ventajas e inconvenientes.

De momento, la pareja ha huido del bullicio de Londres para refugiarse en Frogmore Cottage, una casa de campo propiedad de la monarca situada en Windsor, cuyos trabajos de renovación -a cargo del interiorista Vicky Charles- han costado 3 millones de libras (3,5 millones de euros). Así que por mucho que Harry se esmerara en confirmar el nacimiento de su hijo en un marco de lo más rural y bucólico con establos a sus espaldas, está claro que su nuevo hogar dista mucho de ser algo sencillo.

Harry hablando con la prensa. (Reuters)
Harry hablando con la prensa. (Reuters)

La pareja podrá además escaparse a visitar a sus íntimos amigos -los Clonney- en la morada de 20 millones de libras que estos tienen cerca de Sonning o a las lujosas fiestas que organiza Elton John en su mansión de Old Windsor. El cantante era uno de los favoritos de Lady Di y desde siempre ha mantenido una relación muy estrecha con el príncipe Harry, que tras el acoso que sufrió su madre por parte de los paparazzi odia visceralmente a los fotógrafos. Debido a su faceta como actriz, Meghan también estaba ya acostumbrada a los flashes. Pero para su primogénito, los duques de Sussex quieren una vida alejada del foco.

En la década de los 50, Isabel II, su marido -el príncipe Felipe- y sus cuatro hijos -Carlos, Ana, Andrés y Eduardo- protagonizaron algún posado ocasional. Aunque no fue hasta los años 60, en medio del creciente interés por la realeza, cuando Palacio permitió la entrada de cámaras en alguno de los momentos más privados, como barbacoas. Eso sí, todo controlado al milímetro.

Sin embargo, los tiempos son otros. La familia real ha cambiado. Que se lo digan si no a Eduardo VIII –tío de la actual monarca-, que tuvo que abdicar al casarse con una norteamericana divorciada (igual que Meghan). La exposición pública ha cambiado. Las plataformas han cambiado. Los duques de Sussex confirmaban, por ejemplo, el nacimiento en su propia cuenta de Instagram. Pero está claro que no van a poder controlar todas las noticias relacionadas con su retoño.

Ya el embarazo ha sido un continuo hervidero. Que si Meghan había sido vista en una boutique de lujo que ofrece tratamientos homeopáticos para las nuevas madres. Que si había utilizado pintura vegana infundida con aceite de eucalipto para decorar la habitación de su bebé… Aunque la gota que colmó el vaso fue la noticia publicada por 'Vanity Fair', que aseguraba que la norteamericana quería criar a su hijo de manera neutral respecto al género, es decir, que decida él si quiere ser niño o niña. La revista señalaba incluso que los duques de Sussex ya habían visto una guardería que educa a los niños bajo esta premisa. Fue tal el revuelo montado que un portavoz del Palacio de Kensington, su residencia oficial en Londres, tuvo que pronunciarse al respecto aclarando que la información era “totalmente falsa”.

En definitiva, Meghan podrá hacer las cosas a su manera. Pero aunque no quiera desvelar cómo ha traído a su hijo al mundo, al igual que el resto de miembros de la familia real, la fina línea que separa lo público y privado siempre será su gran batalla.

Los duques de Sussex. (Reuters)
Los duques de Sussex. (Reuters)

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