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TECNOLOGÍA / CASAS REALES

De hablar con las plantas a poner orden en la IA: la nueva cruzada de Carlos III para que las máquinas no se nos vayan de las manos

El rey reúne en Escocia a algunos de los grandes nombres de la inteligencia artificial para pedirles garantías ante una tecnología que considera tan fascinante como preocupante

Foto: El rey Carlos III. (Getty)
El rey Carlos III. (Getty)

Carlos III lleva cuarenta años intentando que le hagan caso. Primero habló con las plantas. Ahora ha decidido hablar con quienes enseñan a hablar a las máquinas. Fue en 1986 cuando el entonces príncipe de Gales reconoció ante las cámaras, mientras mostraba los jardines de Highgrove, que acostumbraba a conversar con sus plantas porque, según él, "responden". La frase alimentó durante años su imagen de príncipe excéntrico. Cuatro décadas después, el escenario ha cambiado bastante: este jueves, el monarca ha sentado a su mesa a algunos de los hombres y mujeres que están decidiendo hacia dónde avanza la inteligencia artificial.

El encuentro se celebra en Dumfries House, en Ayrshire, Escocia, sede de The King's Foundation, y reúne a representantes de algunas de las compañías más importantes del sector. Entre los participantes anunciados figuran Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia; Demis Hassabis, al frente de Google DeepMind; Sarah Friar, directora financiera de OpenAI; responsables de Anthropic y Niccolo de Masi, de la compañía de computación cuántica IonQ. También participan el ministro británico de Inteligencia Artificial, Kanishka Narayan, y Paolo Benanti, especialista en ética de la inteligencia artificial y asesor del Vaticano.

placeholder Dumfries House. (Reuters)
Dumfries House. (Reuters)

Al inaugurar la reunión, Carlos III ha pedido a los responsables de esta revolución tecnológica que tranquilicen a quienes temen que la humanidad pueda llegar a "perder el control de su destino". Su mensaje es que la misión de quienes desarrollan la IA no puede limitarse a hacer avanzar la tecnología: también deben garantizar que siga estando al servicio de las personas, de las comunidades y del mundo natural. El propio monarca ha descrito la rapidez con la que está evolucionando como algo tan fascinante como "profundamente preocupante".

La cumbre organizada por el monarca llega en un momento especialmente oportuno. En las últimas semanas, el debate sobre la seguridad de la IA ha dejado de ser patrimonio de científicos agoreros para instalarse dentro de las propias compañías que la están desarrollando. Dario Amodei, responsable de Anthropic, ha reclamado una desaceleración coordinada en el desarrollo de los modelos más avanzados y la presencia de evaluadores externos permanentes. Su llamada ha encontrado apoyos dentro del sector, mientras OpenAI ha hecho públicos varios casos de comportamientos inesperados detectados durante sus pruebas. El debate sobre el control de la Inteligencia Artificial es encarnecido y los campos de batalla, múltiples.

placeholder El rey Carlos, en un acto reciente. (Reuters)
El rey Carlos, en un acto reciente. (Reuters)

La reunión de Dumfries House, facilitada por la Ditchley Foundation, intenta encontrar un terreno común. Sobre la mesa hay un borrador de principios para orientar el futuro desarrollo y utilización de la IA poniendo la dignidad humana en el centro. Carlos III no participa en las conversaciones técnicas. La suya es, si se quiere, una versión monárquica del viejo arte de sentar a todo el mundo alrededor de la misma mesa.

Su interés encaja mucho mejor de lo que parece con las obsesiones que han acompañado al rey durante casi toda su vida pública. Mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en una palabra habitual en las juntas de accionistas, Carlos defendía la agricultura ecológica, criticaba determinados modelos urbanísticos y reclamaba recuperar la relación entre el ser humano y la naturaleza. De esa visión nació su filosofía de la 'harmony', que parte de la idea de que el progreso solo es verdaderamente útil cuando mantiene un equilibrio entre las personas, su entorno y el planeta. The King's Foundation continúa organizando buena parte de su actividad alrededor de ese principio.

También resulta significativa la elección de Dumfries House. La finca escocesa es uno de los grandes escaparates de esa filosofía del monarca y la sede de su fundación, dedicada a la sostenibilidad, la educación, los oficios tradicionales y la regeneración de comunidades. Allí mismo grabó parte del documental 'Finding harmony: A king's vision', estrenado este año, en el que repasa décadas de defensa del medio ambiente. En ese paisaje asociado a la tradición, la naturaleza y el patrimonio, Carlos ha instalado durante unas horas el centro del mundo.

Durante años, Carlos fue caricaturizado como el príncipe que hablaba con las plantas y desconfiaba de ciertos excesos de la modernidad. En 2026 son algunos de los grandes protagonistas de Silicon Valley quienes alertan de que esa modernidad puede estar avanzando demasiado deprisa. De Highgrove a la inteligencia artificial han pasado cuarenta años, una corona y una revolución tecnológica, pero la pregunta que plantea Carlos III en realidad sigue siendo la misma, y es hasta dónde puede llegar el progreso sin que los seres humanos dejemos de controlarlo.

Carlos III lleva cuarenta años intentando que le hagan caso. Primero habló con las plantas. Ahora ha decidido hablar con quienes enseñan a hablar a las máquinas. Fue en 1986 cuando el entonces príncipe de Gales reconoció ante las cámaras, mientras mostraba los jardines de Highgrove, que acostumbraba a conversar con sus plantas porque, según él, "responden". La frase alimentó durante años su imagen de príncipe excéntrico. Cuatro décadas después, el escenario ha cambiado bastante: este jueves, el monarca ha sentado a su mesa a algunos de los hombres y mujeres que están decidiendo hacia dónde avanza la inteligencia artificial.

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