'Tiempos modernos' cumple 85: el escandaloso amor de Chaplin y Paulette Goddard
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se estrenó a finales de febrero de 1936

'Tiempos modernos' cumple 85: el escandaloso amor de Chaplin y Paulette Goddard

La película se estrenó en Estados Unidos a lo largo de febrero y marzo de 1936. La relación personal del inolvidable Charlot y su musa pasaba entonces por un buen momento pese a que media América la veía como un escándalo

placeholder Foto: Charles Chaplin y Paulette Goddard, en una escena de 'Tiempos modernos'.
Charles Chaplin y Paulette Goddard, en una escena de 'Tiempos modernos'.

A Chaplin nunca le gustó que el cine aprendiese a hablar. Casi una década después de que Al Jolson cantase y enseñase su voz en 'El cantor de jazz', llenando de paso las arcas de Warner con aquello del cine sonoro, el inolvidable Charlot estrenó 'Tiempos modernos'. En la película, su vagabundo de pantalones anchos y bombín aún utilizaba la mímica para llegarnos al corazón y al intelecto.

La única ocasión en la que Charlot emite un sonido es cuando canta en un café, y no de cualquier forma, sino en un idioma ininteligible. Aquella era una especie de reafirmación para un Chaplin que seguía enalteciendo el romanticismo y el poder simbólico del cine mudo.

placeholder Charles Chaplin y Paulette Godard, en 'Tiempos modernos'. (CP)
Charles Chaplin y Paulette Godard, en 'Tiempos modernos'. (CP)

Muda estaba también su compañera en la película, una Paulette Goddard de la que el genio estaba enamorado en la vida real. Se habían conocido unos años antes de encarnar a los dos 'homeless' que sobreviven, con humor y afecto, a las atrocidades del capitalismo. En 1932, Goddard ya era una jovencita de 22 años que presumía de tener un contrato en Broadway. Cuando se cruzó con Chaplin, él tenía una especial (e incorrecta) predilección por las adolescentes. Quizá por eso, ella bromeó y le mintió, asegurando que tenía 17 años.

placeholder Paulette Goddard estuvo a punto de ser Scarlett O'Hara. (CP)
Paulette Goddard estuvo a punto de ser Scarlett O'Hara. (CP)

Chaplin había sido invitado a un crucero de fin de semana a bordo del yate de Joe Schenck, por aquel entonces presidente de United Artists, la compañía que Chaplin había fundado junto a Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Griffith. Paulette era otra de las invitadas a aquel crucero y, en aquellos días, quería invertir 50.000 dólares en una compañía cinematográfica. Llena de dudas y atrevida como de costumbre, pidió consejo a Chaplin tras presentarse como una actriz primeriza. Este le sugirió desestimar la inversión y le dio un consejo estilístico que cambiaría su carrera: debía lucir su cabello castaño natural. Por entonces, la actriz había seguido la moda de las rubias platino con la esperanza de ser una nueva Jean Harlow. Goddard no solo siguió aquellos consejos sino que se enamoró de él e hizo que comprase su contrato al productor Hal Roach. Había nacido una pareja artística y un romance que llenaría páginas y páginas de los medios sensacionalistas.

Durante la década que duró su relación, los más puritanos miraron con lupa cada paso que ambos daban. Aunque Chaplin y Goddard juraban haberse casado, los documentos de aquella unión nunca aparecieron por ninguna parte. La prensa del corazón utilizó aquel amor escandaloso para cargar contra el genio y su ideario cuasi marxista, el mismo que con los años lo conduciría a una especie de exilio.

placeholder La pareja, en una imagen de archivo. (CP)
La pareja, en una imagen de archivo. (CP)

El amor interestelar fue bendecido por unos y machacado por otros tantos. Por ejemplo, los hijos de Chaplin, Charlie Jr. y Sydney, veían a la actriz como a esa hermana mayor que no tenían, una joven con la que podían jugar y compartir confidencias. En el lado negativo, estuvo la bizarra historia de celos del chófer y secretario privado de Chaplin, Toraichi Kono, que vio a Paulette Goddard como a una usurpadora. Tan celoso estaba que acabó renunciando a su trabajo. Poco amigo de los rencores, Chaplin le dio 1.000 dólares a él y a su mujer y se encargó de que tuviese un buen trabajo en United Artists Japan. Pese a estos contratiempos, Charles Chaplin y Paulette Goddard parecían hechos el uno para el otro, dos muescas que encajaban perfectamente en la cambiante rueda del cine. El artista estaba tan enamorado que compró un yate con la exclusiva intención de navegar hacia la cercana Isla Catalina junto a su Paulette cada domingo por la tarde.

Cuando la convirtió en su musa en 'Tiempos modernos', la 'operación Pigmalión' puso a prueba la relación entre ambos. El día que Paulette se presentó perfectamente maquillada y peinada en el plató de La Brea Avenue, Chaplin se indignó y le tiró un cubo de agua a la cabeza. Nada de pintura para encarnar a una vagabunda, según le reprochó aquel día. También la obligó a ir descalza por razones menos artísticas: no quería que apareciese más alta que él en pantalla. En la posproducción, las cosas se tornaron inaguantables. Chaplin estaba tan empeñado en perfeccionar la banda sonora de su criatura cinematográfica (que incluyó el célebre tema 'Smile', al que luego se puso letra para ser interpretado por artistas como Michael Jackson o Frank Sinatra) que ella tenía que sacarlo a rastras del estudio para llevárselo a casa.

Superada la prueba de trabajar juntos, la película se estrenó con un éxito apoteósico. Los males de la industrialización de la vida moderna que reflejaba la cinta coincidían en el tiempo con las pésimas condiciones laborales de la Gran Depresión. Y seguirían siendo pertinentes en cualquier época en la que haya existido la precariedad laboral. Paulette Goddard se sintió orgullosa de una cinta que la convirtió en estrella por sí misma. Cuando años más tarde fue una de las más firmes candidatas a ser la Scarlett O'Hara de 'Lo que el viento se llevó', el mundo entero supo que se había acabado aquello de ser la 'señora de'. Tras 'Tiempos modernos', ella y Chaplin emprendieron un largo viaje que los llevó a Hawái y Singapur, donde se dice que contrajeron matrimonio. Habladurías aparte, nadie pudo asegurar que aquella boda había tenido lugar. Los malpensados siempre dijeron que el matrimonio vivía en pecado, que nunca habían pasado por el altar.

placeholder Chaplin y Goddard, durante un rodaje.(CP)
Chaplin y Goddard, durante un rodaje.(CP)

En 1940, la pareja colaboró en una cinta más, 'El gran dictador'. La primera película sonora de Chaplin volvió a hacer historia. La burla del genio hacia los totalitarismos, el humor que ponía a las tropelías de un ridículo alter ego de Hitler le volvieron a situar a la cabeza de los genios creativos del cine. Para entonces, el artista y su musa ya andaban algo distanciados. Se dice que ella mantuvo una tórrida aventura con el compositor George Gershwin, pero la mayoría de sus amigos siempre tuvieron clara la verdadera razón de una separación que ya empezaba a ser un hecho: Paulette era demasiado ambiciosa e independiente para soportar un matrimonio como aquel. En 1942, la pareja oficializó su divorcio. En el acuerdo estaba estipulado que ella se quedase con el famoso yate de ambos y que recibiese una pensión alimenticia que, a la vista de sus postreros éxitos como actriz (se convirtió en una especie de talismán para las superproducciones de Cecil B. DeMille, de 'Piratas del mar Caribe' a 'Los inconquistables'), no le hacía ninguna falta. En ese acuerdo también figuraba una nueva película con Chaplin que no llegó a rodarse.

placeholder El final de 'Tiempos modernos'. (CP)
El final de 'Tiempos modernos'. (CP)

85 años después, en el imaginario colectivo y en la memoria sentimental de muchos cinéfilos, Charles Chaplin y Paulette Goddard permanecen como ese par de vagabundos cuyas siluetas caminan valientemente hacia un futuro incierto; por una carretera que se pierde en el horizonte bajo un atardecer en blanco y negro. Un destino optimista pero no por ello menos duro para ambos personajes; el mismo que, desgraciadamente, acabó con una de las parejas que marcaron la historia del cine.

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