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el barrio de coyoacán y muchas flores

Viaja con arte: descubre el México lindo y querido de Frida Kahlo

Podríamos seguirle el rastro por las flores pero lo vamos a hacer por sus huellas. Aunque fue ella quien dijo aquello de "para qué necesito los pies si tengo alas para volar"

Foto: En la casa de Frida Kahlo, la Casa Azul, se pueden ver todas sus cosas (Foto: Visit México)
En la casa de Frida Kahlo, la Casa Azul, se pueden ver todas sus cosas (Foto: Visit México)

Nos estaban creciendo las ganas de viajar al país de los mariachis, el mercado de Sonora, la frontera y las enchiladas para mirar por el ojo de la cerradura de esa casa del color del mar (o el cielo) y ver a Frida Kahlo en su salsa o como un pez en su agua, tal vez con los ojos de Picasso, que la trató, pero ahora aún más desde que hemos visto la exposición tan íntima 'Frida Kahlo. Fotografías de Leo Matiz en La Casa Azul', que forma parte de un festival ineludible, 'México se escribe con equis' (del 13 al 30 de septiembre), abierta en el Instituto de México en España (Carrera de San Jerónimo, 46, en Madrid) hasta el 11 de noviembre. Pues esta especie protegida, no diremos en peligro de extinción, que es Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón (1907-1954), sus cosas y sus sueños, dan para uno y muchos viajes.

La artista en su mundo (Foto: Museo Frida Kahlo)
La artista en su mundo (Foto: Museo Frida Kahlo)

La mujer del entrecejo y la corona de flores en el pelo mucho antes de que el tocado más primaveral se hiciera 'vintage', que las quiso pintar siempre (a las flores) para que no se marchitaran; la musa de sí misma y la de todos, que tanto se autorretrató desde la cama y con espejo, es para México como la puerta de Alcalá, Cibeles y Retiro, todo junto, para Madrid; una bandera. Vamos tras sus huellas. Encontramos la primera de ellas en Coyoacán.

Coyoacán, su barrio, el nuestro

Estamos en un barrio mágico, y no en el interior de un relato de Juan Rulfo ni siquiera de uno de los cuadros de FK (o tal vez sí), sino en Coyoacán, que así lo designó oficialmente el Gobierno de la Ciudad de México. Ahora la magia es por Frida y por los mercados que ella frecuentaba, de comida típica -hablamos de quesadillas, tacos pero también de chapulines (saltamontes) tostados, que dicen es la botana prehistórica más degustada-, la consecuente artesanía y los mimos que alborotan y colorean los fines de semana. Antes lo fue por el río Churubusco, que pasaba por aquí con todo el tiempo y la libertad del mundo (después fue entubado), y por la casa de la artista, en el 247 de la calle Londres, cómo no, donde se reunían bohemios de todo pelaje y también políticos, caso del exiliado Trotsky, al calor de un tequila. 

Frida Kahlo en la Casa Azul (Foto: Visit Mexico)
Frida Kahlo en la Casa Azul (Foto: Visit Mexico)

No te vayas sin probar el mezcal y brindar por Frida y de paso por Lila Downs: “Dicen que en Oaxaca se toma mezcal con café…”. Ni dejes para mañana si puedes admirar hoy el barroco de la iglesia de San Juan Bautista  -junto al que está el mercado de antojitos, para las cosas del comer- ni de darte una alegría en taza en el café El Jarocho.

La Casa Azul: nacer, vivir, morir

Ya lo hemos dicho. Se alza insolente en la calle Londres esquina con Allende, más aún hoy que es el Museo Frida Kahlo, las paredes levantadas por su padre fotógrafo, que lo vieron y oyeron todo (su proverbial amor y desamor con Diego Rivera, su romance con Trotsky, las tertulias, su trabajo), de las que cuelgan algunas de sus mejores obras, como 'Viva la vida', que fue su último cuadro, o que atesoran inspiradores objetos personales. Traspasar su umbral es plantarse en su universo. Dentro no todo es azul. Aquí nació, vivió y también murió la reina mexicana.

El comedor amarillo de la Casa Azul (Foto: Museo Frida Kahlo)
El comedor amarillo de la Casa Azul (Foto: Museo Frida Kahlo)

Nos colamos en su guardarropa

Para colmo (de bienes), hay ahora mismo abierta, hasta diciembre, en la Casa Azul una exposición que a su vez nos abre el abigarrado e innolvidable ropero de la artista, 'Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo', con los que construyó su identidad visual y redondeó su imagen, sirviendo de inspiración a los diseñadores Ricardo Tisci o Jean Paul Gaultier, que ya en 1998 tituló su colección de primavera-verano 'Homenaje a FK'. Todo un desfile de tradición, exceso y suntuosidad.

Los vestidos de Frida Kahlo
Los vestidos de Frida Kahlo

El otro museo: el Anahuacalli

Si la Casa Azul es la leonera de Frida, por el asilvestramiento de todo lo suyo, el Anahuacalli es el parnaso de Diego Rivera. Dos artistas, dos museos. Su herencia planeada para la ciudad de México, el legado para la posteridad. Seguimos en Coyoacán, en un edificio que es en sí mismo una joya, o mejor, una "casa de energía" (un teocalli), hecho de la misma piedra volcánica sobre la que está levantado, y que atesora más de 50.000 piezas prehispánicas coleccionadas por el propio muralista. El museo tiene mucho de las culturas maya y teotihuacana, así que no te extrañes si lo encuentras un tanto místico, y hasta cuenta con un espacio ecológico, cosa de Diego Rivera. A los dos les sobraba vanguardia. Rivera quería que el Anahuacalli fuera una ciudad de las artes; aún estaba en construcción cuando murió (1957).

Museo Anahuacalli (Foto: Visit México)
Museo Anahuacalli (Foto: Visit México)

Tú en tu casa, yo en la mía

Tú en tu casa y yo en la mía. Kahlo y Rivera lo practicaron en estas casas gemelas, la misma pero distintas, juntas pero separadas, más una tercera, que era casa estudio y laboratorio fotográfico, en lo que hoy es el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, la huella en México que no cesa. Las casas gemelas son un singular ejercicio arquitectónico, una de las primeras estructuras funcionalistas en América Latina, obra de Juan O’Gorman por encargo de Rivera (1931), que dio cobijo a la pareja a su regreso de los tres años en Estados Unidos (1934) y que se alza en otro barrio mágico, San Ángel, de calles empedradas que desembocan en el mercado de la plaza de San Jacinto (los sábados), con tejidos de hoja de palma, piezas de cerámica, o en el de San Ángel, con frutas, hierbas aromáticas y mucha comida mexicana. Entre sus muros, Frida pintó 'Lo que el agua me dio' o 'El ojo avizor', y Rivera, la mayor parte de su obra de caballete, unas tres mil piezas.

Las casas gemelas, juntas pero separadas
Las casas gemelas, juntas pero separadas

Su cole, el San Ildefonso

Aquí, en este edificio que es referente del barroco civil, ingresó en 1922 para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria. Ella, siempre pionera, fue una de las 35 mujeres de los 2.000 alumnos matriculados en este centro que ha quedado para la historia como una de las instituciones educativas más importantes de la Nueva España. Y aquí conoció a Diego Rivera. Hoy el Colegio San Ildefonso es un museo y centro de arte con tres patios interiores y un anfiteatro donde reluce el famoso mural 'La creación', que Rivera pintaba cuando Kahlo, con solo 16 años, lo vio por primera vez.

En el Colegio de San Ildefonso fue donde Frida conoció a Diego (Foto: Visit México)
En el Colegio de San Ildefonso fue donde Frida conoció a Diego (Foto: Visit México)

Toda Frida, todo Rivera

Lola Olmedo pintada por Diego Rivera (Foto: Museo Dolores Olmedo)
Lola Olmedo pintada por Diego Rivera (Foto: Museo Dolores Olmedo)

Y llegamos al lugar donde se custodia y se exhibe la colección más importante de la gran y revolucionaria artista y del no menos grande Rivera. Al Museo Dolores Olmedo, un edificio del XVII en Xochimilco, el de los bellos jardines, que tanto apasionaban a la pareja, y los canales, que lleva por cierto el nombre de la mujer que más odió la Kahlo (por cosas de hombres: Lola, con sus largas trenzas y ojos de china, trató de conquistar a su primer novio y luego fue amiga fiel y hasta la muerte de Rivera). Por este edén pasean los pavos reales y una familia de xoloitzcuintles, esos perros pelones tan de aquí.

 

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