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Algo está pasando en las pasarelas: cada vez hay más modelos mayores y ya no es casualidad
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ANÁLISIS

Algo está pasando en las pasarelas: cada vez hay más modelos mayores y ya no es casualidad

Lo de Laura Ponte en Chanel no es solo un guiño generacional: es la prueba de que la edad empieza a dejar de ser una excepción en pasarela para convertirse, poco a poco, en parte del nuevo relato de la moda

Foto: Una modelo en el desfile de Chanel (Launchmetrics Spotlight)
Una modelo en el desfile de Chanel (Launchmetrics Spotlight)

El desfile de Crucero de Chanel de ayer dejó varias lecturas interesantes, pero hay una que se ha comentado menos de lo que debería. Sí, estaba Laura Ponte desfilando con 52 años, que ya de por sí rompe cierta imagen clásica de pasarela. Pero lo realmente revelador es que no era la mayor de todas las modelos. Y ahí es donde empieza a cambiar de verdad la conversación.

Porque durante años, y no hace tanto, la moda tenía una idea bastante clara de cuándo se acababa una carrera. Y no era a los 50, precisamente. Era mucho antes. A los 25 ya eras “veterana” y a partir de ahí, o te reinventabas o desaparecías directamente del mapa. Sin mucho drama, sin muchas explicaciones. Ahora el escenario es otro. Y no es una sensación aislada ni una campaña puntual bien pensada. Está pasando en la moda y la belleza a la vez.

placeholder Laura Ponte (Launchmetrics Spotlight)
Laura Ponte (Launchmetrics Spotlight)

Este último mes de desfiles lo ha dejado bastante claro. Chanel abrió con Stephanie Cavalli, de 50 años, y no era una excepción dentro del casting: había 15 modelos mayores de 40 en la pasarela. Bottega Veneta incluyó nueve. Tom Ford, otros nueve (entre hombres y mujeres). Givenchy, ocho. Balenciaga, cinco. Louis Vuitton, cuatro. Si miras los números, la representación de mujeres de cierta edad nunca había sido tan alta.Y ojo, esto convive con otra realidad bastante contradictoria: sigue habiendo muy poca diversidad de tallas. Es decir, la moda avanza en edad, pero sigue bastante atascada en otros temas. Aun así, el cambio generacional está ahí y es evidente, incluso fuera de la pasarela.

Hace unas semanas, una publicación de moda hizo algo que parecía impensable: poner en portada a dos mujeres de 76 años. Meryl Streep y Anna Wintour. No eran dos mujeres cualquiera, piensa en un contexto de total actualidad, la promoción de'The Devil Wears Prada 2', pero aun así: 76 años. En portada. Hace no tanto, esto habría sido directamente inviable.

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Todo esto conecta con una idea que empieza a repetirse bastante: que los 70 son los nuevos 40. Suena exagerado, incluso un poco a titular fácil, pero tiene algo de cierto si miras lo que está pasando. No porque la edad deje de existir, sino porque ha cambiado lo que se espera de ella.

Antes había una especie de calendario no escrito: cierta ropa, cierta visibilidad, cierto tipo de presencia pública. Y, sobre todo, un límite bastante claro. Ahora ese límite se está desdibujando.

Lo interesante es que este cambio no viene solo de las marcas. También tiene que ver con cómo se consumen las imágenes hoy. Redes sociales, referentes distintos, una audiencia que ya no quiere ver solo lo aspiracional en versión inalcanzable. Hay más interés por lo real, o al menos por algo que lo parezca un poco más.

placeholder Pino Montesdeoca (Cortesía)
Pino Montesdeoca (Cortesía)

En ese sentido, lo que decía a Vanitatis hace poco la modelo Pino Montesdeoca encaja bastante bien: “Me gusta trabajar a mi edad porque es una forma de dar esperanza a las niñas que empiezan, antes esto no sucedía, se les acababa la carrera jovencísimas y ahora ejemplos como el mío les permiten trabajar con más ilusión”.

Ahí hay una clave importante: no es solo una cuestión estética o de casting, es también una cuestión de expectativas. De cuánto dura una carrera, de qué tipo de recorrido es posible. Porque si lo piensas, durante mucho tiempo la moda ha sido bastante poco realista con el paso del tiempo. Muy centrada en una juventud muy concreta, muy homogénea, casi congelada. Y todo lo que se salía de ahí se convertía en algo “especial”, “excepcional”, “diferente”. Nunca en la norma. Ahora no es que sea la norma, pero empieza a dejar de ser anecdótico.

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Lo de Chanel no es un gesto aislado ni una concesión puntual para quedar bien. Forma parte de un movimiento más amplio. Y además encaja bastante con el momento cultural que estamos viviendo, donde la edad, al menos en ciertos entornos, ha dejado de ser un freno automático. También hay algo estratégico, claro. Las marcas saben que su clienta no tiene 20 años. Y que probablemente tampoco quiere verse representada por alguien que podría ser su hija. Necesitan construir un imaginario más amplio, más creíble. Y eso no significa renunciar a la juventud, ni mucho menos.

La moda sigue obsesionada con ella. Pero sí implica abrir el foco. Incluir otros cuerpos, otras caras, otras trayectorias. Por eso lo de Laura Ponte en Chanel es interesante, pero casi se queda corto como titular. Lo importante no es que esté ella. Es que ya no sea la excepción más llamativa del desfile. Que haya otras, incluso mayores. Y que no haga falta subrayarlo tanto.

El desfile de Crucero de Chanel de ayer dejó varias lecturas interesantes, pero hay una que se ha comentado menos de lo que debería. Sí, estaba Laura Ponte desfilando con 52 años, que ya de por sí rompe cierta imagen clásica de pasarela. Pero lo realmente revelador es que no era la mayor de todas las modelos. Y ahí es donde empieza a cambiar de verdad la conversación.

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