Por qué la Generación Z también debería ver ‘Las chicas de oro': "Sexo en Nueva York' y otras series no existirían sin ellas"
Hablamos con Pedro Ángel Sánchez, autor del primer libro sobre la serie que puso voz a las mujeres maduras y demostró que la amistad y la familia elegida son lo que verdaderamente importa
“Gracias por ser una amiga”. La canción que acompañaba la intro de 'Las chicas de oro', de la que se acaban de cumplir 40 años, es una especie de metonimia de la propia serie.
La imagen de cuatro señoras jubiladas de Miami compartiendo penas, alegrías y chismes en torno a la mesa de una cocina, comiendo tarta de queso, dio la vuelta al mundo. Cuando Dorothy, Blanche, Rose y Sophia se asomaron a la pequeña pantalla en los 80 demostraron que la amistad es, probablemente, lo más valioso que un ser humano se puede llevar de su paso por este planeta.
Comprobarlo desde 1985 a 1992, en capítulos de media hora, resultó reconfortante para unos espectadores que, cuatro décadas después, consideran la serie un pequeño tesoro sentimental. Con sus risas enlatadas, diálogos ingeniosos y un trasfondo entrañable que nunca rozó, ni por asomo, la cursilería, la sitcom acumuló todo tipo de premios, entre ellos Emmy y Globos de Oro.
Además, fue pionera al tratar temas como el VIH, el matrimonio homosexual o el racismo con una perspectiva tan avanzada que sigue vigente, tal y como nos cuenta Pedro Ángel Sánchez, escritor y periodista que ha publicado el primer libro sobre la serie en España.
PREGUNTA. ¿Cuál era tu vinculación con Las chicas de oro antes del libro?
RESPUESTA. La recordaba perfectamente. Sí es cierto que cuando se emitió 'Las chicas de oro' yo tendría unos diez u once años. Siempre había sido muy friki de la televisión, pero más de programas como '1,2,3' o 'Sorpresa, sorpresa'. Vi la serie, pero nunca me llamó la atención.
Hace tres o cuatro años, mi amigo JC me dijo: “Tienes que ver 'Las chicas de oro', está en una plataforma y te va a encantar porque eran súper transgresoras”.
P. Y te convertiste en uno de los fieles…
R. Me fascinaron desde el primer momento. Me dije: “¿Cómo no pude fijarme en esto?”. Quizá por la estética, porque ellas eran mayores y, de niño, no me llamaban la atención.
Seguramente no me fijé en el contenido porque, si no, habría sido fan desde los diez años.
P. ¿Y cómo ves la serie con más edad?
R. Con la perspectiva del paso del tiempo. No solo de cómo ha cambiado la sociedad, sino de cómo has cambiado tú o lo que te ha enseñado la vida. En esta serie, la sabiduría está por todas partes.
P. Como dice algún fan, además de un gran clásico de la televisión, también es un “happy place”…
R. Incluso en los capítulos tristes. Siempre llega un momento en el que dices: “Amo a estas señoras”. En parte también es por esos episodios que no eran solo risas, sino que también te emocionaban.
P. ¿Y cómo se te ocurrió hacer un libro sobre una serie de la que no había ninguno?
R. Fue una propuesta de mis editores. Estábamos promocionando el libro de Raffaella en la plaza Raffaella Carrà de Madrid, tomando un café, y surgió la típica conversación en la que dijimos que tanto ellos como yo estábamos viendo 'Las chicas de oro'.
Entonces me propusieron hacer algo con ellas para el 40 aniversario. Como el libro de Raffaelfa funcionó tan bien, me dijeron que si me apetecía hacerlo a mí, y dije que sí. Además, me parecía la continuación perfecta: tenía ese tinte nostálgico y televisivo, pero con la diferencia de que aquí era ficción.
P. Supongo que la documentación ha sido difícil…
R. Sí, porque prácticamente todos han fallecido y además eran extranjeros. Tienes que poner en perspectiva todo lo contado en entrevistas o charlas.
No me he querido fiar de todo lo escuchado, en charlas o en boca las actrices, o de los componentes de la serie. De nada que estuviera escrito por nadie, porque hay muchas cosas un poco sacadas de contexto.
P. Hay historias sobre la enemistad de Bea Arthur (Dorothy) y Betty White (Rose) en el plató. ¿Hasta qué punto eran ciertas?
R. Por desgracia sí lo eran. Hace poco se organizó un acto por el 40 aniversario y uno de los miembros del equipo lo confirmó. Eran las más profesionales del mundo y jamás hubo un problema en el rodaje.
Pero fuera de los focos, Bea no soportaba a Betty. Esta última llegó a decir en una entrevista: “Ella no me quiere tanto como yo la quiero. Pero yo la quiero mucho y la admiro”.
P. También lo dijo el propio hijo de Bea Arthur…
R. Sí. Comentó que su madre siempre tenía que tener a alguien en quien fijarse, y le sacaba de quicio que a Betty la fuese a ver público de todo el mundo. Betty charlaba con ellos; a Bea eso no le gustaba. Ella terminaba y se iba a su camerino.
Era más reservada, mientras que Betty era todo lo contrario. Un miembro del equipo contaba que, en un vuelo a Vancouver, Bea se refirió a Betty como “esa zorra”.
P. O sea, que la manía era real…
R. Sí, aunque a nivel profesional trabajaron siempre muy bien. Era una cuestión de química. De hecho, alguien del equipo dijo: “Estas dos no se llevarían bien ni aunque las incineraran juntas”.
P. ¿Por qué la gente que no la ha visto cree que es una serie sobre ancianas cuando en realidad tenían cincuenta y tantos?
R. Yo creo que esa era un poco la perspectiva que teníamos por entonces, porque es verdad que en los años 80, la gente que tenía 50 y tantos años vestían como personas que estaban más cerca de la tercera edad que de los nuevos 40. Y supongo que eso es lo que se ha transmitido con el paso del tiempo.
Pero ahí está la transgresión: ellas demostraron que no eran ancianas, que con cincuenta o sesenta, viudas o separadas, aún podías rehacer tu vida y sentir atracción.
P. Claro, la estética era diferente…
R. La visión de una mujer de 30 años entonces era Isabel Pantoja, viuda de España. La sexy era Sabrina, con 18. El resto eran consideradas mayores.
Recuerdo que alguien hace poco una chica decía en Instagram que su abuela le pedía: “Ponme la serie de las viejas”. Pero realmente la serie puso su granito de arena para cambiar esa percepción de la madurez.
De hecho, hasta entonces nunca se había dado voz a mujeres mayores con canas, que al final eran las que tenían la experiencia. Y eso fue también lo que llevó a Susan Harris a escribir la serie.
P. ¿Qué dijo Susan Harris cuando le propusieron hacer la serie?
R. Que no quería volver a televisión. Cuando supo que era sobre señoras, dijo: “Sé que me van a aportar experiencia”. Ahí estuvo la gran transgresión: cuatro mujeres maduras arreglando el mundo desde una cocina.
P. ¿Por qué fracasaron los intentos de hacer algo parecido en España?
R. Lo intentaron en los 90 con 'Juntas, pero no revueltas' y luego en 2000 con Concha Velasco, Lola Herrera, Alicia Hermida… Fracasaron porque faltaba el punch de 'Las chicas de oro'.
No basta con tener la fórmula, tiene que haber química entre actrices, guionistas y chistes. Muchas veces, por mucho que tengas la fórmula y sepas cuál es, tiene que haber algo que haga conectar todo: a las actrices con los guionistas, con los temas, incluso con cada chiste.
En 'Las chicas de oro', por ejemplo, desde el primer momento ya sabían cuándo iba a entrar el primer chascarrillo para que te rieras, ya sabían ccuando iba a haber un giro de guión.
P. También es cierto que muchas series posteriores nacen de 'Las chicas de oro'...
R. Exacto. 'Sexo en Nueva York' o 'Mujeres desesperadas' nacen de ahí. De hecho, Mark Cherry, guionista de la serie ya en los 90, fue el ideólogo de 'Mujeres desesperadas'.
P. Pregunta obligada: ¿te gusta la tarta de queso?
R. Me flipa en cualquiera de sus modalidades.
P. Y supongo que tienes una favorita entre las cuatro chicas…
R. Siempre fue Sophia, tengo debilidad por ella. Pero, desde que tenía 12 años, Dorothy me atraía mucho por su forma de expresarse y de vestir. Era la más sensata, la perfecta imperfecta. Ya que ellas no están en este mundo, para el libro tuve la suerte de hablar con Amparo Soto, su dobladora.
P. ¿Y cómo fue la experiencia?
R. Tiene 91 años y me contó lo que significó para ella la serie. También dobló a Marge en 'Los Simpson'.
P. ¿Es la única dobladora con la que hablaste?
R. También con Julita Martínez, que dobló a Rose y sigue viva con 93 años en Mallorca. Además, fue la primera actriz en recibir la Concha de Oro. Hablé con ella a través de su hija. Era un pequeño homenaje al doblaje, que fue crucial para la serie. Muchos la vimos así y ya no podemos verla de otra forma.
P. ¿Cómo convencerías a un Gen Z de verla?
R. Le diría que toca temas atemporales y a veces con más atrevimiento que ahora: VIH, homosexualidad, eutanasia… En prime time y en una época en la que la OMS aún consideraba la homosexualidad enfermedad mental. El capítulo sobre la eutanasia, por ejemplo, es tremendo: si te fijas, es prácticamente el mismo guion de 'La habitación de al lado', de Pedro Almodóvar.
“Gracias por ser una amiga”. La canción que acompañaba la intro de 'Las chicas de oro', de la que se acaban de cumplir 40 años, es una especie de metonimia de la propia serie.