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Vajillas y cristalerías: la luz del verano resplandece sobre la mesa de Zara Home
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Vajillas y cristalerías: la luz del verano resplandece sobre la mesa de Zara Home

El verano se sirve en mesas bajo el sol. Fotografiamos las vajillas, cristalerías y cuberterías de Zara Home para capturar su luz, su calma y su belleza. Objetos de deseo que cuentan historias sin pronunciar una sola palabra

Foto: Vaso y jarra Zara Home Summer 2025. (Cortesía)
Vaso y jarra Zara Home Summer 2025. (Cortesía)

Las vajillas no necesitan hablar para contar su historia en silencio. El plato astillado de una abuela, el vaso ámbar preferido de la hermana, el mantel bordado que solo se usa en Navidad o todos esos cubiertos heredados que conservan con digna decadencia el brillo de otra época. No es el lujo lo que les da valor, sino su carga emocional, su capacidad para alojar recuerdos. En la cocina, cada utensilio puede volverse un símbolo: de afecto, de rutina, de ausencia. Ponen belleza donde no la hay, orden en lo cotidiano, y convierten la mesa en un escenario de emociones.

Como en las novelas, donde la vajilla habla por los personajes, todos estos utensilios sustituyen el lenguaje cuando este se agota. Son testigos de lo que se quiebra y de lo que persiste. Más que funcionales, son aliados íntimos, profundamente arraigados en el corazón. Y en su discreción, guardan lo esencial: el alma de quienes los han usado, el eco de lo vivido, la memoria convertida en forma, peso y textura.

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“La mesa estaba puesta con los manteles bordados por Mamá Elena, la vajilla de porcelana y las copas de cristal traídas de Francia. Tita colocaba los cubiertos con manos temblorosas, sabiendo que cada uno de ellos sería testigo de un banquete lleno de silencios y verdades no dichas” — Laura Esquivel, 'Como agua para chocolate'

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“Una vajilla antigua puede ser la única herencia de una familia venida a menos y, sin embargo, más preciada que las acciones o los terrenos: guarda los gestos de una madre, el sonido de una cena en la infancia, el roce de las cucharas con los labios queridos” — Julio Ramón Ribeyro, 'Prosas apátridas'

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“Mis manteles eran de hilo blanco, y aunque las copas no hacían juego, cada una tenía su historia. La mesa, al caer la tarde, se llenaba de luz y de pequeñas sombras; era como si África se sentara a cenar con nosotros” — Isak Dinesen, 'Memorias de África'

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“Conozco más personas destruidas por una mala mesa —cubiertos de lata, platos desportillados, servilletas de papel— que por el alcohol o la pobreza. Hay una dignidad silenciosa en una mesa bien puesta” — M. F. Kennedy Fisher, 'The Gastronomical Me'

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“Durante las cenas, Fermina Daza mantenía la ceremonia intacta: el mantel de lino, los cubiertos de plata bruñida, la sopera humeante. Aun cuando la tristeza les invadía, todo parecía dispuesto para la llegada de un huésped ilustre que nunca llegaba” — Gabriel García Márquez, 'El amor en los tiempos del cólera'

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Todas las imágenes son de Zara Home colección 'Summer 2025'. (Cortesía)

“El mantel estaba limpio, la vajilla brillaba y la cuchara que removía el té tenía el mismo sonido delicado que una joya al ser rozada con otra. Todo parecía estar dispuesto con el cuidado de quien espera que algo sagrado ocurra: el momento de mojar la magdalena” — Marcel Proust, 'En busca del tiempo perdido'.

Las vajillas no necesitan hablar para contar su historia en silencio. El plato astillado de una abuela, el vaso ámbar preferido de la hermana, el mantel bordado que solo se usa en Navidad o todos esos cubiertos heredados que conservan con digna decadencia el brillo de otra época. No es el lujo lo que les da valor, sino su carga emocional, su capacidad para alojar recuerdos. En la cocina, cada utensilio puede volverse un símbolo: de afecto, de rutina, de ausencia. Ponen belleza donde no la hay, orden en lo cotidiano, y convierten la mesa en un escenario de emociones.

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