El síndrome de Wendy y el trasfondo psicológico de ‘El verano en que me enamoré’: ¿qué significa ser ‘team Conrad’ o ‘team Jeremiah’?
La serie de Amazon que hoy llega a su final ha polarizado a los espectadores. Analizamos con una psicóloga qué dice de ti que te decantes por un hermano Fisher u otro y cómo proyectamos en la serie nuestra propia forma de vivir el amor
En ‘El verano en que me enamoré’ (Prime Video), la adolescente Belly Conklin pasa tres temporadas intentando decidir cuál de los hermanos Fisher es el verdadero amor de su vida. Ella siempre ha fantaseado con el mayor, Conrad, un chaval larguirucho y enigmático con problemas psicológicos e inasequible emocionalmente. Sin embargo, es el hermano de Conrad, Jeremiah, un tipo guapo y sin complicaciones, quien se abre sin reservas a una relación con ella. Hoy, cuando se estrena el último capítulo de la serie que se ha convertido en un fenómeno global, sabremos al fin cómo termina este triángulo amoroso enfocado al público adolescente y que sin embargo ha enganchado a distintas generaciones a nivel global.
¿Por qué? Hay varias explicaciones. Una de ellas es que, contrariamente a lo que sucede en otras producciones, los personajes no son maniqueos y están repletos de matices. Son complejos como la vida misma. Otra es que la serie se ha convertido en un espejo de dinámicas afectivas que se viven cada día y que han despertado un encendido debate entre los seguidores de esta producción. ¿A quién debería escoger Belly? Tras esa pregunta aparentemente inocente late un debate mucho más profundo sobre cómo entendemos el amor, los vínculos emocionales y nuestras propias heridas que analizamos con la ayuda de una experta.
Lara Ferreiro, psicóloga y autora del libro 'Ni un capullo más. El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta' (Grijalbo), es del equipo Conrad (de hecho, el lema 'team Conrad' inunda Internet). "Yo soy completamente 'team Conrad'. Es un amor muy intenso. Conrad representa el apego evitativo, fóbico al compromiso, mientras que Jeremiah encarna un apego ansioso, más dependiente. En realidad, la relación de Belly con Jeremiah es un refugio frente al rechazo de Conrad, pero no un amor profundo”.
Quienes se declaran 'team Conrad' suelen sentirse atraídos por la intensidad, la pasión y el magnetismo del chico inaccesible. Conrad es introvertido, emocionalmente distante y marcado por un contexto de dolor familiar (la enfermedad de su madre). Esa incapacidad de mostrarse vulnerable lo convierte en un reto emocional para Belly.
Ferreiro lo explica así: "Conrad es frío por miedo a mostrar su vulnerabilidad. La relación con Belly es una montaña rusa emocional, con celos y silencios. Sin embargo, es también un amor profundo, auténtico, idealizado: el típico amor imposible pero verdadero”.
Detrás de ese atractivo se esconde lo que en psicología se conoce como 'síndrome de Wendy': mujeres (u hombres) que creen que su amor puede “salvar” al otro, curar sus heridas y darle estabilidad.
En el extremo opuesto, Jeremiah representa la calidez, la compañía y la entrega constante. Es el "chico bueno" –aunque esto no siempre es así durante la serie– que siempre está disponible, pero cuya relación con Belly no parece sustentarse en la misma intensidad emocional que la de Conrad.
"Con Jeremiah hay más dependencia que amor. Él carga con la sombra de su hermano, siente celos de Conrad. La relación es fluida, pero sin un amor profundo. Muchas mujeres que están cansadas de hombres emocionalmente no disponibles se identifican con él porque ofrece estabilidad y honestidad emocional", explica Ferreiro. Su perfil responde al de "un apego más ansioso: busca cercanía, teme el abandono y necesita constantes muestras de afecto".
“Las pragmáticas, las que buscan un buen padre para sus hijos o quienes atraviesan un duelo y no quieren más sufrimiento suelen ser 'team Jeremiah'"
¿Por qué unas personas son 'team Conrad' y otras 'team Jeremiah'? Según Ferreiro, la respuesta está en las propias historias emocionales de los espectadores: Quienes se identifican con Conrad suelen tener un patrón ansioso o dependiente, buscan intensidad, drama, adrenalina y creen en el amor que todo lo cura. “Son mujeres que tienden a idealizar el amor, adictas a la montaña rusa emocional”, dice la psicóloga. Como en los cuentos de Disney.
Quienes prefieren a Jeremiah tienden a buscar estabilidad, honestidad y una relación sin sobresaltos. “Las pragmáticas, las que buscan un buen padre para sus hijos o quienes atraviesan un duelo y no quieren más sufrimiento suelen ser 'team Jeremiah'".
Este fenómeno, añade Ferreiro, conecta con algo universal: “El 60% de las relaciones hoy son tóxicas. Y el 65% de las mujeres valoran más la honestidad emocional. Por eso tanta gente se proyecta en estos personajes: porque representan dos formas opuestas de amar que todos hemos vivido alguna vez”.
El éxito de 'El verano en que me enamoré’ no solo reside en su estética nostálgica y en la química entre sus protagonistas. También radica en cómo logra activar la memoria emocional del espectador: los primeros amores, los veranos eternos, las canciones que marcan una época. Y el recuerdo de un primer amor imposible.
Como concluye Ferreiro: "La adrenalina del riesgo activa el hipocampo, la memoria. Nos recuerda a nuestro primer amor. Y eso engancha. Al final, la elección entre Conrad y Jeremiah no es solo sobre Belly: es sobre nosotros mismos y el tipo de amor que buscamos en la vida".
En ‘El verano en que me enamoré’ (Prime Video), la adolescente Belly Conklin pasa tres temporadas intentando decidir cuál de los hermanos Fisher es el verdadero amor de su vida. Ella siempre ha fantaseado con el mayor, Conrad, un chaval larguirucho y enigmático con problemas psicológicos e inasequible emocionalmente. Sin embargo, es el hermano de Conrad, Jeremiah, un tipo guapo y sin complicaciones, quien se abre sin reservas a una relación con ella. Hoy, cuando se estrena el último capítulo de la serie que se ha convertido en un fenómeno global, sabremos al fin cómo termina este triángulo amoroso enfocado al público adolescente y que sin embargo ha enganchado a distintas generaciones a nivel global.