Mae West y el ‘Sexo’ que la llevó de cabeza a la cárcel y a triunfar en Broadway
La rubia más deslenguada de la historia del cine; la mujer que causó estragos a la censura de los años 20 y 30 del pasado siglo, pasó unos días en la cárcel a causa de una de las obras que escribió y protagonizó para la escena teatral de Broadway
“Las chicas buenas van al cielo. Las malas, a todas partes”. Mae West, bestia negra de la censura, diosa del escándalo y de la sexualidad en una época en la que casi todo era tabú, mostraba con frases como esa parte de su genialidad.
La protagonista de películas como ‘No soy un ángel’ (1933) tenía un largo historial de grescas a sus espaldas antes de aterrizar en el Hollywood del cine sonoro de principios de los 30. Y el más importante era, por supuesto, su ingreso en prisión durante ocho días. Pocas veces se iba de la cárcel a la meca del cine; más bien se hacía a la inversa.
En 1926, esta hija de un boxeador, criada en los ambientes más sórdidos de Brooklyn, había escrito una obra que se llamaba ‘Sex’ en la que daba vida a una prostituta. Por entonces, ya era una estrella del vodevil y sabía, mucho antes que Phineas T. Barnum, padre de las relaciones públicas, que la mala publicidad no existe. “Creo en la censura. He hecho una fortuna gracias a ella” llegó a decir en una ocasión.
Y nunca lo supo mejor que el 9 de febrero de 1927, cuando la Brigada Antivicio del Departamento de Policía de Nueva York se presentó en el teatro para interrumpir un espectáculo que atraía a fetichistas, ofendía a puritanos y divertía a los amantes del escándalo. Entre bambalinas, la policía no solo la detuvo a ella como autora del desaguisado, sino también a varios miembros del elenco.
La obra había sido destrozada por la crítica y, en realidad, trataba más sobre las dinámicas tóxicas de poder que sobre sexo. Parte del problema es que se llegó a anunciar con la frase ‘Sex with Mae West’. El doble sentido estaba más claro que el agua y ella, que jamás se tomó en serio a sí misma, estaba más feliz que Margo Channing abrochándose el cinturón.
Cuentan que, nada más llegar a los tribunales, el juez le preguntó si ella era la verdadera Mae West. “¿No lees los periódicos?”, le replicó con ironía y algo de mala baba.
Unos días más tarde, el 19 de abril de 1927, la productora, autora y actriz fue acusada de obscenidad y conducta destinada “a corromper a la juventud”. Tras ser condenada a permanecer diez días en reclusión y a pagar 500 dólares de multa, fue enviada a cumplir sentencia a Welfare Island, nombre por el que entonces se conocía a la célebre Roosevelt Island de Nueva York.
La rubia más atrevida de todas cumplió su condena, pero su posición de celebrity en aquella cárcel la hizo cenar con el mismísimo director de la prisión. Pese a su carácter procaz, la presa Mae West salió de la cárcel dos días antes de lo previsto por buena conducta.
Coherente con su personaje de deslenguada, se tomó aquel follón con humor. Tras salir de prisión aseguró que iría a ver al alcaide y a su esposa con sus mejores braguitas de seda. Los periodistas, al escuchar aquella procacidad, no podían parar de reír.
Nada más salir de allí, y siendo una adelantada a su tiempo, aprovechó la polémica para dar una entrevista por la que cobró mil dólares, que en 1927 suponían una tajada de las buenas.
Durante toda su vida le preguntarían por aquella estancia en prisión. Y ella, en lugar de echar pestes de su falta de libertad, no se cansó de decir que estar tras las rejas había merecido la pena.
Con una honestidad que desarmaba a cualquiera, admitió haber recibido una atención mediática que la convirtió en una de las mujeres más famosas de América. Solo puso una pega a lo de estar encarcelada: había tenido que usar ropa interior de algodón.
El paso por la cárcel habría hundido a cualquiera, pero a ella la convirtió en una de las personas mejor pagadas de Estados Unidos. Y si alguien piensa que se amilanó en su cruzada contra la moral restrictiva, se equivoca.
Poco después, escribió y protagonizó otra pieza teatral que tituló ‘The Pleasure Man’, que hablaba sobre la homosexualidad sin ningún tapujo. Solo se presentó en una ocasión, antes de que la cancelaran y West volviese a ser detenida.
Pero aquella vez el jurado la absolvió. Casi nadie parecía ir en contra de una mujer que, después de todo, les provocaba dolor de tanto reír. ¿Qué más daba si era una dama o no? “A veces tengo la tentación de ser una dama... Menos mal que se me pasa rápido”. Mae West, deidad del sexo y de la inteligencia.
“Las chicas buenas van al cielo. Las malas, a todas partes”. Mae West, bestia negra de la censura, diosa del escándalo y de la sexualidad en una época en la que casi todo era tabú, mostraba con frases como esa parte de su genialidad.