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¿Por qué el corrector de ojeras te marca las arrugas? Y otros errores que cometes al aplicarlo
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¿Por qué el corrector de ojeras te marca las arrugas? Y otros errores que cometes al aplicarlo

No se trata de obsesionarse ni de “corregir” nada a toda costa. Pero sí de entender qué está pasando y por qué algunos trucos funcionan mejor que otros

Foto: Si no quieres que el corrector marque tus arrugas sigue estos consejos (Launchmetrics Spotlight)
Si no quieres que el corrector marque tus arrugas sigue estos consejos (Launchmetrics Spotlight)

Hay un momento bastante universal en cualquier rutina de maquillaje: ese en el que, después de dedicarle tiempo (y paciencia) a tu maquillaje, te miras de cerca y descubres que el corrector se ha instalado cómodamente en cada línea de expresión. Especialmente en la zona de la ojera, donde todo parece amplificarse. No es casualidad. Es, de hecho, la zona más delicada del rostro.

La piel del contorno de ojos es la más fina del cuerpo. Y no solo eso: con el paso del tiempo pierde colágeno, elastina, capacidad de renovación… y, en paralelo, se vuelve más seca. Traducido al lenguaje maquillaje: cualquier producto que pongas ahí tiene muchas más probabilidades de marcar textura si no haces algunos ajustes.

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Empezamos por lo esencial

El primer punto y a veces el más olvidado es la preparación de la piel. Si el contorno está seco, el corrector se agarra a las líneas como si fueran surcos. Aquí no hay atajos: hay que hidratar. Pero ojo, no cualquier crema vale. Los maquilladores insisten en fórmulas ligeras, que se absorban bien y no dejen residuo.

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Esto tiene bastante lógica. Si el producto es demasiado denso o graso, el corrector no se fija; si tiene muchos siliconas, puede hacer “bolitas” (el temido pilling). La clave está en ese equilibrio difícil: hidratar sin dejar la piel resbaladiza. Aplicar una pequeña cantidad, dar ligeros toques y esperar unos segundos antes de maquillar cambia bastante el resultado final.

¿Cobertura máxima?

El siguiente error habitual está en el propio corrector. Durante años se ha buscado cobertura máxima, acabados mates, fórmulas densas… justo lo que peor funciona en una piel con líneas. Aquí el orden de prioridades cambia: importa más la textura que la cobertura.

Los maquilladores coinciden en apostar por correctores fluidos, ligeros, casi tipo sérum. ¿Por qué? Porque se mueven con la piel en lugar de quedarse “encima”. Cuando un corrector es demasiado espeso, se queda rígido y acaba marcando cada gesto. En cambio, uno más flexible acompaña la expresión y resulta más natural a lo largo del día.

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Esto no significa renunciar a cubrir la ojera. Significa hacerlo de forma más estratégica. Y aquí entra otro de los grandes ajustes: la cantidad.

Si has visto tutoriales en redes donde se aplican grandes triángulos de corrector bajo el ojo, probablemente ya intuyes que no es la mejor idea. Ese tipo de aplicación funciona en pieles muy lisas, pero en cuanto hay líneas, el exceso de producto juega en contra.

La cantidad

La recomendación general es empezar con muy poco: un punto en la zona más oscura y difuminar. Solo ahí. Nada de arrastrar producto de un lado a otro. Si hace falta más cobertura, se añade después, pero siempre en capas finas. Menos producto, paradójicamente, suele dar mejor resultado.

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En cuanto a la herramienta, hay una vuelta a lo básico: los dedos. El calor de la piel ayuda a fundir el corrector y a integrarlo mejor. Es un gesto sencillo, pero efectivo. Si prefieres brocha, mejor una de pelo denso y aplicar a toques, nunca arrastrando, para no llevar el producto directamente a las líneas.

Fijar o no fijar, esa es la cuestión

Y luego está el tema del polvo. Durante años ha sido un paso casi obligatorio para sellar el corrector. Pero aquí hay división de opiniones, y cada vez más profesionales lo evitan en la ojera cuando hay líneas marcadas.

placeholder No uses polvos fijadores en la zona de la ojera (Launchmetrics Spotlight)
No uses polvos fijadores en la zona de la ojera (Launchmetrics Spotlight)

El motivo es sencillo: el polvo añade textura. Y cualquier textura extra en una zona fina tiende a acentuar lo que ya está ahí. Si se busca un acabado mate, puede tener sentido usarlo con mucha moderación, pero no es imprescindible. De hecho, muchos maquilladores prefieren fijar con un spray ligero, que sella sin recargar.

Al final, no hay una fórmula mágica, pero sí pequeños ajustes que marcan la diferencia. Preparar bien la piel, elegir texturas más ligeras, aplicar menos producto y trabajar con más precisión. Es un cambio de enfoque más que de productos.

Hay un momento bastante universal en cualquier rutina de maquillaje: ese en el que, después de dedicarle tiempo (y paciencia) a tu maquillaje, te miras de cerca y descubres que el corrector se ha instalado cómodamente en cada línea de expresión. Especialmente en la zona de la ojera, donde todo parece amplificarse. No es casualidad. Es, de hecho, la zona más delicada del rostro.

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