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Cartagena de Indias: historia, color, sabor y el mar Caribe a 27 grados perfectos
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Cartagena de Indias: historia, color, sabor y el mar Caribe a 27 grados perfectos

Huyendo del presente invierno, el destino nos lleva hasta Cartagena de Indias, la perla caribeña de Colombia. En el vibrante barrio de Getsemaní establecemos nuestro campamento. Hoteles con encanto, gastronomía sincera y mucho mar

Foto: Cartagena de Indias nació para ser deseada. (iStock)
Cartagena de Indias nació para ser deseada. (iStock)

El aeropuerto internacional de Cartagena de Indias, Colombia, es de los que nos gustan: pequeño y manejable. Tras el obligado periplo oceánico, con escala en Bogotá, aterrizamos en la perla del Caribe a las once y veinte de la noche. Nos da la bienvenida un poderoso abrazo con forma de humedad tropical, que se congelará automáticamente al entrar en nuestro primer taxi y recordar el poder y la gloria del aire acondicionado en estos lares del mundo. Esa, y no otra, va a ser la tónica de estos días en la bella ciudad colonial amurallada y sus alrededores, la misma que convive con apartamentos de lujo en estilizados rascacielos que hablan de desarrollo y prosperidad.

Cartagena de Indias nació para ser deseada. Fundada por los españoles en el siglo XVI sobre un precioso puerto natural, casi perfecto, pronto se convirtió en pieza fundamental del imperio en el Nuevo Mundo: de aquí salía el oro y la plata de América rumbo a la península Ibérica. Ese papel como nodo de concentración y distribución de riquezas hizo del enclave un lugar irresistible. Piratas, corsarios y potencias rivales la sitiaron durante décadas, obligando a levantar murallas, baluartes y fortalezas que hoy siguen delimitando su recoleta y encantadora silueta.

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placeholder Cartagena de Indias. (M. Vest y L. Vest).
Cartagena de Indias. (M. Vest y L. Vest).

La ciudad aprendió a vivir entre el esplendor y la amenaza, entre el comercio y la defensa, entre Europa, África y el Caribe. Esa mezcla —militar y mestiza, elegante y popular— sigue latiendo en sus calles y explica por qué este rincón no es otro decorado colonial más, sino una ciudad muy viva que no deja de escribir su propia historia.

El actual alcalde, Dumek Turbay, apuesta por el desarrollo de los barrios no turísticos y pone el énfasis en la recuperación de canales y ciénagas que, al margen de dinamizar la economía, ejercerán como nuevas vías de comunicación. Cartagena, tras algunos años de estancamiento, quiere —ya lo está haciendo— fluir como antaño.

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placeholder Cartagena de Indias. (F. Zubizarreta)
Cartagena de Indias. (F. Zubizarreta)

Casa Lola, embajada de España en Colombia

Nuestro hotel, Casa Lola, propiedad del sin par arquitecto e interiorista madrileño Nacho García de Vinuesa, está en Getsemaní, el barrio más bohemio y efervescente de Cartagena. Siempre ha sido así: popular, extramuros, bañado por el puerto, con mucha gente de paso y, sobre todo, lejos del control colonial. Habitado por todo tipo de artesanos, porteadores y población afrodescendiente, Getsemaní siempre ha sido libre, alegre y ruidoso; nada que ver con las calles del casco histórico.

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placeholder Casa Lola y restaurante Doña Lola. Calle del Guerrero #29-108, Cartagena de Indias.
Casa Lola y restaurante Doña Lola. Calle del Guerrero #29-108, Cartagena de Indias.

Murales, música en la calle, bares y pequeños hoteles con mucho encanto conviven con casitas bajas y plazas encantadoras que siguen ejerciendo de punto de encuentro entre los vecinos.

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Llegar a Getsemaní la víspera de su gran fiesta, El Cabildo —que, a su vez, forma parte de las fiestas de la Independencia de Cartagena, que tuvo lugar en 1811—, puede resultar un poco loco. El barrio reivindica su raíz popular tomando las calles a través de música, bailes, disfraces, comparsas y petardos, muchos y muy escandalosos petardos.

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placeholder Casa Lola, Cartagena de Indias. (F. Zubizarreta)
Casa Lola, Cartagena de Indias. (F. Zubizarreta)

Una vez instalados en Casa Lola, encontramos paz y algo más que, secretamente, casi nos daba miedo pronunciar porque no llegase a materializarse: el realismo mágico. Leer ‘Cien años de soledad’ nos cambió para siempre. La obra de Gabriel García Márquez marcó nuestro arranque como periodistas. Queríamos escribir como él, hasta que asumimos que eso, además de innecesario, era imposible. Lo que sí permaneció fue la auto obligación diaria de describir la vida y a sus protagonistas huyendo de las estructuras fáciles, de las frases hechas, del uso pobre de nuestro increíble lenguaje.

Fue entrar en Casa Lola y comprobar que los olores, los sabores, los colores y los contrastes de Colombia eran ciertos. El realismo mágico y nosotros, por fin, frente a frente.

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placeholder Casa Lola, Cartagena de Indias. (F. Z.)
Casa Lola, Cartagena de Indias. (F. Z.)

Atravesar el umbral de este adorable hotel boutique —embajada romántica de España en el Caribe— te convierte automáticamente en protagonista de ‘Cien años de soledad’. De estilo ecléctico, mezcla arquitectura colonial del siglo XVII y elementos republicanos del XIX, sin desatender las comodidades contemporáneas. Su decoración integra antigüedades, arte moderno, piezas étnicas y artesanía llegada de muchos rincones del mundo. En otras palabras: sofisticación y personalidad propia.

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placeholder Casa Lola, Cartagena de Indias. (F. Z.)
Casa Lola, Cartagena de Indias. (F. Z.)

Casa Lola es realismo mágico, y cada rincón cuenta una historia fascinante. Es alta gastronomía tropical y mediterránea —firmada por Daniel Aldana—; es punto de encuentro del who’s who local; y es, sobre todo, un servicio impecable y encantador, armado hasta los dientes de sonrisas agradables.

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placeholder Casa Lola Deluxe Gallery. Calle del Guerrero #29-108, Cartagena de Indias.
Casa Lola Deluxe Gallery. Calle del Guerrero #29-108, Cartagena de Indias.

Casa Lola funcionará como nuestra base de operaciones durante casi toda una semana: un hotel excelentemente bien situado, cómodo para moverse a pie y con una terraza de lo más elegante —con estupendos cócteles— que se impondrá como atalaya perfecta para el final de cada día.

Las Islas del Rosario

Nuestra primera jornada completa tendrá lugar fuera del mapa urbano. Las Islas del Rosario son el reverso natural de Cartagena. A unos 45 minutos en lancha, este archipiélago de pequeñas islas y cayos forma parte del Parque Nacional Natural Los Corales del Rosario y de San Bernardo. Durante siglos fueron territorio exclusivo de pescadores y contrabandistas; hoy funcionan como escapatoria inmediata del estrés urbano.

Aquí la experiencia gira en torno al mar —baño, snorkel, almuerzos sencillos— y a un ritmo que obliga a bajar revoluciones —siempre y cuando no fondee ante ti un superyate con la fiesta a todo lo que da—.

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placeholder Islas del Rosario, puro Caribe. (Cortesía)
Islas del Rosario, puro Caribe. (Cortesía)

Las Rosario no son islas de postal virgen en estado puro, pero sí un Caribe cercano, accesible y todavía capaz de ofrecer naturaleza y armonía.

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placeholder Salón Tropical. Calle de la Lomba #28-36, Getsemaní, Cartagena de Indias.
Salón Tropical. Calle de la Lomba #28-36, Getsemaní, Cartagena de Indias.

De vuelta a la ciudad, la noche empieza en Salón Tropical, en pleno Getsemaní, con una suculenta cocina —producto local sin artificios— que sabe a Caribe y a México. Los 250 metros entre Casa Lola y Salón Tropical, tres minutos a pie, se convierten en cuarenta minutos de retraso, algarabía, petardos y tsunami humano insalvable por la celebración de El Cabildo. Superado el atasco —y el susto— todo vuelve a fluir.

El casco histórico y las arepas con huevo

Al día siguiente nos enfocamos hacia el centro histórico. Un recorrido a pie por la ciudad amurallada sirve para identificar todas las capas: arquitectura colonial, plazas, balcones, la lógica defensiva del puerto y su transformación en icono turístico.

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placeholder Cartagena de Indias. (F. Zubizarreta)
Cartagena de Indias. (F. Zubizarreta)

El casco histórico de Cartagena de Indias se entiende mejor entrando por la Torre del Reloj, la puerta simbólica de la ciudad amurallada y antiguo centro de comercio. Desde ahí, el recorrido continúa por las murallas y baluartes, que explican su pasado de plaza fuerte y ofrecen algunas de las mejores vistas al Caribe.

La visita avanza por la Plaza de Santo Domingo, uno de los grandes escenarios sociales del centro, y la Catedral de Santa Catalina de Alejandría, referencia arquitectónica de la época colonial. El simple paseo por estas calles y patios coloniales llena el alma de belleza: balcones, portones y preciosas casas restauradas dejan claro por qué Cartagena es Patrimonio de la Humanidad.

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placeholder Lunático Experience: Cooking Class & Rum Tasting. Avenida Pedregal #29-225, Getsemaní, Cartagena de Indias.
Lunático Experience: Cooking Class & Rum Tasting. Avenida Pedregal #29-225, Getsemaní, Cartagena de Indias.

De vuelta a Getsemaní, al barrio, a casa, nos detenemos en Lunático Experience donde aprenderemos a cocinar platos populares —arepas de huevo, carimañolas, ceviches— y cataremos grandes rones mientras disfrutamos de las vistas del Castillo de San Felipe y la bahía.

Las clases de cocina en Lunático resultan tan prácticas como divertidas; emocionante la explicación de cómo se creó su red de proveedores locales, formada mayormente por mujeres en riesgo de exclusión que cultivan en pequeñas parcelas y encuentran así un camino de subsistencia digno.

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placeholder Desde Lunático Experience se disfruta de las vistas del Castillo de San Felipe.
Desde Lunático Experience se disfruta de las vistas del Castillo de San Felipe.

Tierra Bomba, la isla aparte

Nueva jornada. Volvemos al agua, esta vez hacia la gran isla Tierra Bomba, donde se encuentra un pequeño hotel boutique de techos de hoja de palma —una isla dentro de otra isla—, el Blue Apple Beach, en el que haremos noche: gastronomía cuidada, sostenibilidad como práctica diaria y una atmósfera más cercana a la casa de unos buenos amigos que a un hotel.

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placeholder Blue Apple Beach House, Bocachica, Isla Tierra Bomba, Cartagena de Indias.
Blue Apple Beach House, Bocachica, Isla Tierra Bomba, Cartagena de Indias.

La mañana siguiente ponemos el foco en cómo funciona ese modelo de eco-resort. Un recorrido breve por las iniciativas de la Green Apple Foundation muestra el reverso menos visible del turismo: gestión de residuos, producción de energía, empleo local…

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Después, recorreremos Tierra Bomba en mototaxi, de sur a norte, atravesando pueblos y caminos abiertos antes de parar a comer en Amare Beach, un club de playa informal, pensado para locales y viajeros sin prisas. Desde allí, el barco regresa directamente a Cartagena.

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placeholder Amare Beach, Playa Linda, Isla Tierra Bomba, Cartagena de Indias.
Amare Beach, Playa Linda, Isla Tierra Bomba, Cartagena de Indias.

La tarde se despide con un perfecto despliegue de nubes tropicales rosadas en el rooftop de Casa Lola al tiempo que surfeamos los tejados de Getsemaní. La noche continúa en El Beso, un restaurante pequeño que reinterpreta comida callejera internacional desde una mirada colombiana, en un entorno relajado y artístico.

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placeholder El Beso. Calle San Antonio #25-37, Getsemaní, Cartagena de Indias.
El Beso. Calle San Antonio #25-37, Getsemaní, Cartagena de Indias.

Yoga y reconexión

Un nuevo día amanece y nos lleva a conocer Casa Carolina, otro precioso hotel, en este caso minimalista y esencial, en plena ciudad amurallada, a dos pasos de la Catedral de Santa Catalina y del kilómetro cero del centro histórico.

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placeholder Casa Carolina. Calle del Arzobispado, #34-14, Centro, Cartagena de Indias.
Casa Carolina. Calle del Arzobispado, #34-14, Centro, Cartagena de Indias.

El hotel ocupa una casona colonial del siglo XVI —era vivienda del arzobispo y conectaba por un pasillo elevado con la catedral—, cuenta con 15 habitaciones y ofrece una gran propuesta centrada en el bienestar, con sesiones de yoga y meditación—maravillosamente conducidas por la yogui Tata Umana y su camino de poesía—, spa y zonas de descanso—. No dejaremos pasar su terraza con bar, piscina y las mejores vistas de la ciudad antigua.

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placeholder Casa Carolina. (Cortesía)
Casa Carolina. (Cortesía)

Hoy almorzaremos ligero en otro rooftop, el del hotel Townhouse Art, con platos pensados para compartir y una cocina que vuelve a insistir en la procedencia del producto: el mar y la huerta tropical. Este pequeño hotel cuenta con 11 habitaciones y su personalidad se construye en torno al arte contemporáneo colombiano. La azotea propone dos pequeñas piscinas y vistas directas a las preciosas cúpulas e iglesias del centro histórico.

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placeholder Townhouse Boutique Art Hotel. Calle 7 #36-88, San Diego, Cartagena de Indias.
Townhouse Boutique Art Hotel. Calle 7 #36-88, San Diego, Cartagena de Indias.

Compras y alta artesanía

Las calles de Cartagena ofrecen artesanía de forma constante, pero si lo que se busca es calidad habrá que ir directamente a su encuentro. Dos recomendaciones, casi pared con pared: el Centro Artesano de la Fundación Guazuma y la boutique Casa Chiqui, ambas en la calle de la Universidad. Cerámicas, textiles, maderas, objetos de fibra de palma, etcétera, bajo el denominador común de la calidad.

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placeholder La Serrezuela. Calle 11 #39-21, San Diego, Cartagena de Indias.
La Serrezuela. Calle 11 #39-21, San Diego, Cartagena de Indias.

No muy lejos se encuentra La Serrezuela, antigua plaza de toros reconvertida en un sofisticado y original centro comercial; dentro, y en las calles aledañas, se concentran las más elefantes firmas de moda colombiana y europea.

La magia de Carmen

Última noche para la cena más especial en Carmen, uno de los nombres más consolidados y aplaudidos de la alta gastronomía cartagenera. Las críticas, positivas y encendidas, no se equivocan. Nuestro paso por su precioso patio tropical perfectamente iluminado nos elevó al séptimo cielo. Lo suyo son los ceviches, el pato y la coctelería artesana.

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placeholder Restaurante Carmen. Calle del Santísimo #8-19, San Diego, Cartagena de Indias.
Restaurante Carmen. Calle del Santísimo #8-19, San Diego, Cartagena de Indias.

Dejándonos de rodeos: ceviche de pescado de anzuelo de temporada, limón Meyer (híbrido natural de limón y mandarina), leche de tigre y crujiente de yuca nativa; langosta de las Islas del Rosario, coco tierno y espuma de encocado, o panceta de cerdo glaseada con hibisco, corozo y puré de semillas de calabaza. Exquisito y sorprendente son las palabras.

placeholder Excepcionales los platos y excepcionales los cócteles en Carmen.
Excepcionales los platos y excepcionales los cócteles en Carmen.

Toca decir adiós. Mientras esperamos al vuelo directo Cartagena-Madrid de la noche, ahondaremos más en el comercio local. Por suerte, el último día encontramos abierto El Arcón, una decadente tienda de antigüedades en cierre por liquidación que ofrece muchas lecturas.

El Arcón ocupa la planta baja de una preciosa casona centenaria, con sus patios, sus árboles y sus hamacas; y desvela una certeza: las antigüedades tropicales no tienen nada que ver con las de la Vieja Europa: las lágrimas de las lámparas de cristal lloran diferente, los angelotes prefieren posar con selvas de fondo y las copas de latón son dignas del más temible de los corsarios.

Nos vamos, pero volveremos

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placeholder Nia Bakery Coffee Shop & Cocktails. Calle 33 #4-28, Centro, Cartagena de Indias, Bolívar, Colombia.
Nia Bakery Coffee Shop & Cocktails. Calle 33 #4-28, Centro, Cartagena de Indias, Bolívar, Colombia.

Último desayuno en Nia Bakery, con café, zumos y una estupenda pastelería artesanal. Y última comida, por todo lo grande, en Candé, uno de los restaurantes más reconocibles del centro histórico de Cartagena, un clásico de la ciudad que ayuda a entender su cocina como lo que es: pura experiencia cultural.

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placeholder Candé. Calle de la Serrezuela #39-02, San Diego, Cartagena de Indias.
Candé. Calle de la Serrezuela #39-02, San Diego, Cartagena de Indias.

Su carta gira en torno a recetas tradicionales caribeñas y a un ambiente animado, con música y bailes en vivo. Entre sus platos más celebrados destaca la crema de langosta, una sopa densa y sabrosa, elaborada a partir del propio caldo del marisco, que resume bien su propuesta: cocina popular, bien ejecutada y pensada para gustar.

Toca regresar al frío. Nos vamos una certeza: ¡volveremos!

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS

En el equipaje, Cartagena se resume con cuatro ideas prácticas: se paga con tarjeta casi en todas partes, pero conviene llevar algo de efectivo para propinas y compras callejeras (los billetes pequeños son los más útiles); en la calle, los precios se pueden negociar, con margen habitual a la baja, y es mejor cerrar la cifra antes de sacar el dinero porque no siempre hay cambio.

El calor ronda los 30 grados y la humedad manda: repelente, protector solar, sombrero y calzado cómodo son básicos; por la noche, la ciudad se vuelve más glamurosa y muchos sitios no aceptan bermudas. Y, como en cualquier destino muy turístico, la regla es simple: sentido común, sin ostentación y con el móvil bien guardado.

El aeropuerto internacional de Cartagena de Indias, Colombia, es de los que nos gustan: pequeño y manejable. Tras el obligado periplo oceánico, con escala en Bogotá, aterrizamos en la perla del Caribe a las once y veinte de la noche. Nos da la bienvenida un poderoso abrazo con forma de humedad tropical, que se congelará automáticamente al entrar en nuestro primer taxi y recordar el poder y la gloria del aire acondicionado en estos lares del mundo. Esa, y no otra, va a ser la tónica de estos días en la bella ciudad colonial amurallada y sus alrededores, la misma que convive con apartamentos de lujo en estilizados rascacielos que hablan de desarrollo y prosperidad.

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