Es noticia
Menú
Alcaraz y la Cenicienta coinciden en la Riviera francesa por culpa de Neptuno y una mítica firma de deportivos
  1. Estilo
  2. Ocio
ALTA TECNOLOGÍA

Alcaraz y la Cenicienta coinciden en la Riviera francesa por culpa de Neptuno y una mítica firma de deportivos

Mónaco acoge la celebración del centenario del tridente, símbolo de Maserati, en un entorno privilegiado marcado por la excelencia deportiva y el lujo. Obviamente, Vanitatis no dudó a la hora de aceptar la invitación

Foto: Maserati y su emblemático logotipo del tridente, que cumple 100 años. (Cortesía)
Maserati y su emblemático logotipo del tridente, que cumple 100 años. (Cortesía)

Definitivamente, con este episodio monegasco a bordo de un Maserati descapotable, que acabamos de experimentar en primera persona, cerramos el círculo de la perfección periodística lifestyle. Ya nos podemos morir tranquilos. La propuesta de la firma boloñesa, fundada en 1914 —nada de sofritos ni carne picada como la salsa; Maserati juega en otra liga, infinitamente más gourmet—, consiste en un test drive con los modelos más emblemáticos de su prestigioso porfolio. No presentan ningún modelo nuevo, ni falta que les hace. Su pretensión es convertirnos en protagonistas de un sueño al volante, con la posibilidad de personalizar al máximo “nuestro” propio coche.

¿La cita? Nada menos que en la capital del glamour: el mítico y elitista Baile de la Rosa da el pistoletazo de salida cada marzo en un principado, Mónaco, que parece vivir en una fiesta infinita.

Maserati, firma italiana de vehículos extraordinarios y exclusivos que hasta la fecha no habíamos contemplado más que a través de una pantalla, rompe la cuarta pared y se nos revela como algo físico y tangible… incluso probable. Wow. Tras el shock inicial —literal—, confirmamos que la fama que precede a sus coches de lujo no es infundada.

A bordo de un GranCabrio Trofeo de 550 CV, en color Aguamarina —hay otros modelos, pero en este descapotable tan chic nos sentimos más Grace Kelly—, nos lanzamos a recorrer la Riviera francesa —la Costa Azul, a la sazón— para celebrar los 100 años que acaba de cumplir uno de los logotipos más espectaculares del mundo del motor: el tridente de Maserati, inspirado en el que sostiene la escultura del dios Neptuno en la Plaza Mayor de Bolonia, cuna de la marca.

Icono de la Dolce Vita, obsesión de coleccionistas

Dolce Vita: estilo de vida enfocado al placer, la belleza y la sofisticación cotidiana, caracterizado por una vida sin prisas —aquí entra en escena la gran paradoja: incluso los Maserati más “tranquilos” pueden alcanzar los 300 km/h y acelerar de 0 a 100 en 3,9 segundos—, que encontró su punto álgido en la Italia cinematográfica de los años 50.

Como no podía ser de otra manera, aunque no traspasó la pantalla, Maserati sí se hizo eco de ese afán por la excelencia vital, que encontraba en la automoción de lujo un vehículo —y nunca mejor dicho— para pasear la elegancia.

placeholder
placeholder
placeholder En el portafolio Maserati destacan dos modelos: GranCabrio descapotable y MCPURA, de acabados inmejorables. (Cortesía)
En el portafolio Maserati destacan dos modelos: GranCabrio descapotable y MCPURA, de acabados inmejorables. (Cortesía)

Llegado el fascinante momento de asir con naturalidad —impostada, porque no tiene nada que ver con gesto alguno cotidiano— el volante de un Maserati, conviene advertirlo: quien pretenda pasar inadvertido no lo conseguirá. Imposible.

De hecho, bastó con apoyar nuestras mundanas y doloridas cervicales sobre el divino tridente en relieve del asiento de cuero del GranCabrio, a la puerta del mítico hotel Fairmont —del que después daremos cuenta—, para comprobar cómo decenas de niños y jóvenes, móvil en mano, revoloteaban a nuestro alrededor inmortalizando un momento del que ni siquiera nosotros éramos del todo conscientes.

placeholder
placeholder El mítico Casino, que abrió sus puertas en 1863, es también sede de los ballets de Montecarlo. (@casinomontecarlo)
El mítico Casino, que abrió sus puertas en 1863, es también sede de los ballets de Montecarlo. (@casinomontecarlo)

Montecarlo atesora, en pocos metros, muchos encantos: desde su mítico Casino hasta sus hotelazos y un mar azul incuestionable. Pero, si algo llama la atención —hasta el punto de que muchas personas cruzan la cercanísima frontera con Italia para fotografiar coches como si no hubiera mañana ni memoria limitada en el dispositivo—, es el trasiego de coches de superlujo, muy por encima de la media mundial.

Durante nuestro test drive por el ADN Maserati, que fusiona el lujo italiano y el placer de conducir a cielo abierto, evocamos el sueño de un viaje por las cautivadoras curvas de las Tres Corniches, que recorren la Costa Azul. Con “nuestro” GranCabrio Maserati —soñar es gratis— cruzamos a Francia —el Principado es francamente pequeño—, ida y vuelta, y descubrimos, en nuestra versión descapotable, el alma vibrante que caracteriza a la marca, así como la artesanía envolvente de sus lujosos interiores.

Los chicos de la curva y el mítico Fairmont Hotel

Entramos en boxes —uy, perdón, en el acceso al hotel en el que nos alojamos, el mítico Fairmont, inaugurado por una radiante princesa Grace en 1975— y observamos, a través de la ventanilla del coche que nos ha traído desde el aeropuerto —adivinen de qué marca—, a decenas de personas apostadas en la curva de entrada al establecimiento.

No están esperando para cruzar, ni tampoco son huéspedes del hotel, sino aficionados a la alta velocidad, los vehículos deportivos y la Fórmula 1, que fotografían uno de los puntos más emblemáticos del Gran Premio de Mónaco. La curva en cuestión es la más lenta y cerrada del mítico circuito urbano: la Horquilla del Fairmont, en la que los monoplazas, en plena competición, deben reducir la velocidad hasta los 45 kilómetros por hora. Check.

placeholder
placeholder
placeholder
placeholder La séptima planta del hotel Fairmont de Montecarlo alberga una piscina climatizada y unas vistas inigualables. (@fairmontmonaco). La famosa curva Horquilla, frente al hotel, la más cerrada y lenta del circuito urbano del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1.(S. G.)
La séptima planta del hotel Fairmont de Montecarlo alberga una piscina climatizada y unas vistas inigualables. (@fairmontmonaco). La famosa curva Horquilla, frente al hotel, la más cerrada y lenta del circuito urbano del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1.(S. G.)

En cuanto al Fairmont, y a pesar de ser una gran mole de 600 habitaciones sobre el mar, consigue encontrar el equilibrio entre la historia que atesora en pleno centro de Mónaco y la modernidad que exigen el Principado y sus ilustres visitantes.

Cenar en el prestigioso restaurante Nobu, darse un glamuroso baño en el Nikki Beach de la séptima planta, con vistas al mar y también al Casino de Montecarlo, o dejarse la memoria del móvil fotografiando los cochazos que desfilan por su puerta son algunos de sus momentazos imprescindibles.

El año del Tridente

La marca Maserati nació en Bolonia en diciembre de 1914, de la mano de los hermanos Maserati, a partir de la Società Anonima Officine Alfieri Maserati, aunque no fue hasta 1926 cuando se creó su primer automóvil de carreras, el Tipo 26. Con él nació el logotipo del tridente, que otorgó a la firma el poder y la sofisticación de los que goza hoy.

placeholder
placeholder
placeholder
placeholder La exclusividad de los detalles es uno de los puntos fuertes de los modelos Maserati Fuoriserie, completamente personalizables según el gusto del cliente. (Cortesía)
La exclusividad de los detalles es uno de los puntos fuertes de los modelos Maserati Fuoriserie, completamente personalizables según el gusto del cliente. (Cortesía)

Cien años después, Maserati ha presentado en las pistas de tierra batida del Rolex Monte-Carlo Masters 2026 una iniciativa que da un paso más allá en la automoción de lujo. Como parte del programa conmemorativo del Año del Tridente, llega la personalización Fuoriserie, que introduce en el catálogo una gama de opciones para configurar tanto la capota —con colores y detalles personalizados en el tejido y los bordados— como los acabados del cautivador GranCabrio y también del MCPURA, en un azul claro iridiscente que se transforma bajo la luz del sol.

Entre partido y partido de tenis, pudimos comprobar in situ, en el exclusivo espacio de Maserati en el Monte-Carlo Country Club, cómo el universo Fuoriserie permite al cliente más exigente y refinado explorar las infinitas posibilidades de las colecciones Corse, Unica y Futura y convertirse en el diseñador de su propio coche, hasta el mínimo detalle.

¿Puede haber algo más exclusivo? En lo más alto de la gama, para quienes se hayan quedado con ganas de más cilindrada y extras, Maserati presume de su gran joya: la familia MC, con el cupé MCPURA y la versión descapotable MCPURA Cielo, propulsados por el innovador motor V6 Neptuno, que incorpora tecnologías derivadas de la Fórmula 1 en la unidad de potencia de un coche de serie.

placeholder
placeholder Maserati MCPURA en el Montecarlo Country Club. (Cortesía)
Maserati MCPURA en el Montecarlo Country Club. (Cortesía)

Por lo demás, aunque el resultado del tenista español superclase Carlos Alcaraz —otro auténtico tope de gama— no fue el deseado —perdió frente al italiano Sinner en la final del Rolex Monte-Carlo—, disfrutamos viéndolo pelear sobre la tierra batida como hace siempre.

En la parte royal, teníamos en el punto de mira, en el palco de los Grimaldi, a Alberto, que repartía el tiempo del partido de Alcaraz entre los mensajes del móvil, los panchitos —que parecían gustarle más que las jugadas en la pista— y algún que otro bostezo real.

placeholder El tenista español Carlos Alcaraz, durante su intervención en el Rolex Montecarlo Masters 2026. (Gtres)
El tenista español Carlos Alcaraz, durante su intervención en el Rolex Montecarlo Masters 2026. (Gtres)

Relacionados, pues, Carlos Alcaraz, la excelencia de Maserati —ambos, superclase—, el famoso y centenario tridente y el paisaje de la Riviera francesa, solo nos queda lamentar el final del cuento que, como el de Cenicienta… acabó con nuestro flamante deportivo —colorín, colorado…— convertido en calabaza. Fue bellísimo mientras duró.

Definitivamente, con este episodio monegasco a bordo de un Maserati descapotable, que acabamos de experimentar en primera persona, cerramos el círculo de la perfección periodística lifestyle. Ya nos podemos morir tranquilos. La propuesta de la firma boloñesa, fundada en 1914 —nada de sofritos ni carne picada como la salsa; Maserati juega en otra liga, infinitamente más gourmet—, consiste en un test drive con los modelos más emblemáticos de su prestigioso porfolio. No presentan ningún modelo nuevo, ni falta que les hace. Su pretensión es convertirnos en protagonistas de un sueño al volante, con la posibilidad de personalizar al máximo “nuestro” propio coche.

Tendencias
El redactor recomienda