Por qué Düsseldorf se ha convertido en la ciudad más sofisticada de Alemania
Pocos destinos alemanes sorprenden tanto al viajero como Düsseldorf, una ciudad sofisticada y creativa, donde la moda, el arte, la arquitectura y la buena vida junto al Rin conviven con una naturalidad jaranera 'poco alemana'
Puesta de sol junto al Rin en Düsseldorf. (Sabine Lubenow)
Pocos destinos alemanes sorprenden tanto al viajero como Düsseldorf. La capital de Renania del Norte-Westfalia, urbe financiera por excelencia, es también una ciudadsofisticada, creativa y enormemente jaranera.
En Düsseldorf, los ejecutivos acaban su jornada laboral y se van de tardeo teutón a tomar una altbier —una oscura cerveza local— en alguna taberna centenaria; las grandes empresas internacionales comparten espacio con galerías de vanguardia, y los atardeceres de terraceo junto al río, paradójicamente mediterráneos, desembocan en una de las noches más animadas del país.
Y, de vez en cuando, también sabe convertirse en epicentro del espectáculo europeo. Lo demostró cuando acogió el Festival de Eurovisión en 2011 tras la victoria alemana de Lena un año antes en Oslo. Quien esto escribe estuvo allí y todavía recuerda aquella mezcla entre organización alemana y euforia eurovisiva que se vivió, y la sensación de que Düsseldorf se había transformado durante unos días en la capital festiva de Europa sin perder su elegancia habitual.
Paseo junto al Rin al atardecer. (Francesco Carovillano)
Arquitectura de autor frente al Rin
Fue precisamente junto al Rin donde despuntó el MedienHafen, el símbolo del Düsseldorf más contemporáneo. Esta antigua zona portuaria se transformó en uno de los proyectos urbanísticos más interesantes de Alemania gracias a una decisión más que inteligente: no reconstruir todo de una vez, sino reinventar el barrio poco a poco, edificio a edificio.
Barrio de MedianHafen. (Francesco Carovillano)
En el MedienHafen, donde conviven más de 700 empresas, restaurantes de alta gastronomía y una vida nocturna sofisticada y, a su vez, relajada, han dejado su impronta los grandes nombres de la arquitectura internacional como David Chipperfield, Steven Holl o Claude Vasconi. Pero la estructura más insigne y fotografiada es, sin duda, el conjunto Neuer Zollhof, diseñado por Frank Gehry. Estos edificios, que destacan por sus tonos blancos, rojizos y metalizados, parecen doblegarse sobre sí mismos como si fueran esculturas gigantescas y han acabado convirtiéndose en uno de los iconos visuales de Düsseldorf.
Rheinturm, la torre de telecomunicaciones de Düsseldorf. (Felix Meyer)
Muy cerca y casi como contrapunto vertical a las formas cimbreantes de Gehry, se eleva la Rheinturm, la gran torre de telecomunicaciones de la ciudad. Sus 240 metros de altura permiten contemplar el Rin, el núcleo urbano e incluso, en días especialmente despejados, la catedral de la vecina ciudad de Colonia, que fue el edificio más alto del mundo entre 1880 y 1884.
Königsallee: la elegancia del lujo alemán
Muchos viajeros comienzan su recorrido por Düsseldorf en la Königsallee, a la que los locales llaman, simplemente, “la Kö”. Y ciertamente es una de las avenidas comerciales más impresionantes de Europa. Las grandes firmas internacionales conviven, con exquisitez y sin estridencias, con joyerías, perfumerías históricas y cafés emblemáticos. Pero, aunque pueda parecer lo contrario, la Kö no es una calle excesiva. Su canal central, el Kö-Graben, aporta equilibrio al conjunto con árboles frondosos y bancos donde descansar después de sucumbir a la tentación de comprar algún que otro capricho.
Königsallee, la calle más famosa de Düsseldorf. (Cortesía)
Sin embargo, reducir Düsseldorf a una cuestión de lujo y frivolidad sería no entender la ciudad. Basta desviarse hacia los barrios de Carlstadt y Altstadt para descubrir una urbe más auténtica, creativa y llena de matices.
Carlstadt y Altstadt, donde Düsseldorf se relaja
Carlstadt es un pequeño refugio urbanita. Entre galerías, tiendas de antigüedades, librerías especializadas y comercios independientes, el barrio conserva un aire pausado y algo bohemio que invita a deambular sin rumbo fijo. Muy cerca se encuentra el Altstadt, la ciudad vieja, conocida también como el “bar más largo del mundo”, donde alrededor de 260 bares y restaurantes concentran buena parte de la vida social de la ciudad.
Pero el casco antiguo no es solo cerveza y terrazas junto al Rin: también fue uno de los epicentros del llamado sonido de Düsseldorf, vinculado al krautrock, el electropop y el punk, con nombres como Kraftwerk, Propaganda o Die Toten Hosen. Entre tradición cervecera, cultura pop y tardes interminables en la Burgplatz, esta zona resume probablemente mejor que ninguna otra el carácter abierto, creativo y tremendamente hedonista de Düsseldorf.
Arte, vanguardia y un inesperado Little Tokyo
Algo más al norte, siguiendo el curso del Rin, aparece el conjunto cultural de Ehrenhof, presidido por el Kunstpalast, una nueva prueba de que Düsseldorf mantiene una relación muy seria con el arte.
Kunstpalast. (Anne Orthen)
Entre la estación central y el Altstadt, Düsseldorf cambia repentinamente de registro y adquiere, por momentos, una inesperada atmósfera: Japón. Desde los años cincuenta del siglo pasado, numerosas empresas y familias niponas comenzaron a instalarse en Düsseldorf para aprovisionarse de maquinaria y materiales destinados a la reconstrucción del país tras la II Guerra Mundial. Con el tiempo, aquella relación económica acabó dando forma a una de las comunidades japonesas más importantes de Europa y transformó por completo algunas zonas de la ciudad.
Ceremonia del té, en AMNO, un negocio de Little Tokyo especializado en variedades japonesas. (Sabrina Weniger)
El mejor ejemplo es la Immermannstraße y sus alrededores, conocidos popularmente como Little Tokyo, un pequeño universo de librerías niponas, supermercados especializados, izakayas auténticos y restaurantes de ramen que compiten con algunos de los mejores de su país de origen.
En definitiva, pocas ciudades alemanas consiguen equilibrar con tanta naturalidad el lujo, la creatividad, la vida nocturna y la diversidad cultural. Y, precisamente, por esta razón Düsseldorf sorprende y engancha rápido. Porque no te la esperas.
Pocos destinos alemanes sorprenden tanto al viajero como Düsseldorf. La capital de Renania del Norte-Westfalia, urbe financiera por excelencia, es también una ciudadsofisticada, creativa y enormemente jaranera.