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Comida rápida, moderneo e incorreción: así fue la fiesta de Soy una Pringada

Nos colamos en la fiesta en la que el postureo no tiene cabida para descubrir cuáles son las claves de la modernidad madrileña. Olvida la dieta y cualquier 'fashion drama' y acompáñanos

Foto: Parte del repato de 'Looser'. (Gtresonline)
Parte del repato de 'Looser'. (Gtresonline)

La casa de Los Javis le ha tomado el relevo al salón de Mario y Alaska. La modernidad castiza se compone ahora de youtubers, cantantes, infuencers y actores que huyen de etiquetas y siguen sus propios códigos de moda y conducta. Los directores se han encargado de producir la serie de Esty Quesada, más conocida como Soy una Pringada, la youtuber -“Lo de youtuber me da asco, soy esa gorda que insulta”, aclaraba a ‘El Mundo’- que ha hecho temblar a Carlota Corredera. Esty, el icono de la Removida, es la responsable de que al decir el nombre de la presentadora, en nuestras mentes resuene la dolorosa coletilla 'gorda traicionera'. Dulceida llama a sus seguidores 'preciosos'. Laura Escanes llama a los suyos 'bonitos'. ¿Cómo llama a sus followers Soy una Pringada? ‘Cachos de mierda’. La primera, en la frente.

Soy una Pringada ha hecho del odio su forma de vida. La incorrección es su bandera y disfruta cortando con su mordacidad y asfixiante acidez a todo el que se le acerca. Sin embargo, su incorrección, su inteligencia y su ironía han conquistado al mundo de la creatividad, que a su lado se siente liberado al poder por fin comportarse y vestir sin filtros ni postureos. En su gran noche, Quesada no apostaba por un look de pasarela que diseccionar en 21 Buttons, la red social en la que las influencers comparten sus outfits para que sus seguidoras puedan comprarlos y que es más que probable que Soy una Pringada desprecie. Ella apostaba por un peto vaquero, un collar infantil de plástico de colores, una gorra de Telepizza y los zapatos más repudiados por la moda: los Croc. Para subir las apuestas, Esty llevaba uno amarillo y otro rojo. La segunda, en la frente. También.

Soy una Pringada. (Gtresonline)
Soy una Pringada. (Gtresonline)

Mario y Alaska y Topacio Fresh no quisieron perderse el estreno de la serie, que congregó en el madrileño Palacio de la Prensa a las músicas La Prohibida, Brisa Fenoy y Gisela -que aparece en el primer episodio de la serie-, la cómica Isabel Calderón, la youtuber Percebes y Grelos, la ilustradora Moderna de Pueblo, la política Clara Serra y un sinfín de personajes de la cultura y la noche madrileña. A la entrada no encontramos luces de colores, flamencos rosas ni piñas. El mundo tropical y kitsch es cosa de la modernidad de hace un par de años. Ahora es lo trash lo que triunfa, razón por la cual compresas manchadas, bolsas de basura y envases de hamburguesa se convertían en los motivos de decoración de la velada.

“En la serie hay compresas, drogas y putas. Hemos hecho lo que nos ha dado la puta gana”, decía Soy una Pringada antes de emitir el primer capítulo de la serie, llamado ‘Gente de mierda’. “Cuando Esty nos propuso el proyecto, fuimos apuntando nuestras vivencias y al final ha salido un cuadro”, decía el artista Jedet, que interpreta a una prostituta argentina en la serie. “Como directora, Esty es lo más, porque cuando aportábamos ideas, nos lo compraba todo”, aseguraba el artista. Jedet no dudó en hacer todas las bromas que no querrías que oyera tu madre. La suya, por supuesto, estaba presente. La tercera... Ya sabéis dónde.

Jedet. (Gtresonline)
Jedet. (Gtresonline)

“Si os queréis sentar, os podéis pegar para conseguir sitio. También os podéis sentar en el suelo o quedaros de pie. Las bajas, os jodéis y no veréis nada”. Estas eran las últimas palabras de Soy una Pringada antes de comenzar la proyección. Al terminar, los presentes bailaron al ritmo del DJ ‘Puto chino maricón’. Lo sabemos: en esta fiesta no hay nombre o declaración que no sonrojen a alguien, pero la nueva oleada ‘trash’ es pura incorrección. Ni modelos, ni blogueras de moda ni presentadoras de sonrisas perladas asistieron al ‘A quién le importa’ hecho fiesta. Nadie titubeó en lanzarse sobre las cajas de pizza que llegaron para saciar el hambre. “¿Cómo te sientes cuando has abierto las pizzas y has descubierto que son de verdura?”, preguntaba Jedet a Soy una Pringada. “Me están timando. Quieren matarme”, aseguraba Esty. La comida rápida se ha convertido en el emblema de la modernidad. Ni canapés ni sushi se encargan ahora de calmar la gula nocturna, sino las hamburguesas, las pizzas e incluso el pollo rebozado, que se convirtió en el plato estrella de la fiesta con la que se celebró el estreno de ‘La llamada’.

Ni dietas, ni looks impolutos ni palabras medidas representan a la nueva generación de millennials que muchos detestan, otros no comprenden y algunos envidian. Lo que quedó claro anoche en la capital madrileña es que, por fin, los perdedores han vencido y han encontrado en la Carrie -que no Bradshaw, por descontado- de Youtube a su musa. La definitiva, en la frente. Cómo no.

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