José Andrés en el país de las maravillas
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LA PROMOCIÓN GASTRONÓMICA DEL COCINERO

José Andrés en el país de las maravillas

"He visto la campaña que está haciendo el cocinero José Andrés para promocionar los alimentos de España. El exceso de azúcar del anuncio le debería costar una tasa"

Foto: José Andrés en el país de las maravillas
José Andrés en el país de las maravillas

Como sigan así, al país más rico del mundo se lo van a comer por las patas. Y a triangulitos, como si fuera una pizza. Pero quizá eso no venga aquí a cuento.

He visto la campaña que está haciendo el cocinero José Andrés para promocionar los alimentos de España. El exceso de azúcar del anuncio cuando menos le debería costar una tasa, y ya veremos si no una denuncia.

Empalagosa, me gustó al principio, aunque acabó empachándome. Quizá, que sea exactamente el mismo eslogan que utilizó Perú hace un par de años para vender sus excelencias internacionalmente le resta algo de originalidad, pero qué demonios, que inventen ellos, que los presupuestos de marketing en los ministerios parece que se dedican en estos tiempos más a potenciar el autobombo que a buscar originalidad o efectividad en las campañas.

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El anuncio muestra un país para comérselo y afortunadamente leo que su difusión es solo a nivel nacional. Cae esto en manos de algún mafioso con pateras y la ya ingente clientela de la que abusa se le multiplica por mil. Y es que en el anuncio parece realmente que vas a ir andando camino de Moralzarzal, por ejemplo, y vas tener que ir esquivando vayas de lomos de bellota y sortear colinas de queso de Cabrales.

José Andrés en una imagen de archivo. (EFE)
José Andrés en una imagen de archivo. (EFE)

Es como si los rapes pasearan por la calle ofreciendo suplicantes sus tersos lomos al viandante o los besugos saltaran como salmones intentando encaramarse al maletero de tu coche.

Se me hace un poco Alicia en el país de las maravillas Jose Andrés en este anuncio. Luego vas al mercado y tratas de comprar el jamón con réplica exacta de la veta que muestra el asturiano y tienes que vender el coche. O te fijas en una merluza de esas que parece que te miran a ti solo en la pescadería y tienes que empeñar las bicis de los niños. Si tienes seis niños, claro, si no tienes que empeñar las joyas de la abuela.

Es verdad que vivimos en un país donde lo que comemos le gusta a todo el mundo. Sería pan comido enfocar el asunto simplemente a tratar de evitar esa comida industrializada, fotocopiada diría yo, que ofrecen las multinacionales del mal gusto alimenticio en bolsas y cajas tan grandes y numerosas que cuando acabas de comer en casa parece que has celebrado Woodstock.

El cocinero José Andrés durante el homenaje en Valencia. (EFE)
El cocinero José Andrés durante el homenaje en Valencia. (EFE)

Toda la vida, los españoles hemos tenido la sartén por el mango a la hora de decidir qué comíamos. La famosa dieta mediterránea no siempre llegaba a Soria o Extremadura pero los guisos no le venían mal al cuerpo los duros días de invierno ni los días duros de verano.

El problema es que requerían tiempo y dedicación que hoy en día le prestamos a distintos entretenimientos.

Pueden acusarme de mala leche pero hoy las familias deberían poner toda la carne en el asador a la hora de organizarse los menús sobre todo de los peques. Las tallas XL empiezan a ser las más requeridas en las tiendas infantiles, fruto sin duda de que en la cadena alimenticia se han puesto en la cúspide los inventos de las químicas para acelerar el crecimiento animal, proteger el desarrollo vegetal ante los bichos y llevar al extremo la conservación artificial y el gusto de diseño de laboratorio.

Sé que en tiempos de crisis no está el horno para bollos y el volumen de consumo hace que se ofrezcan ese tipo de alimentos a precios demasiado asequibles como para rechazarlos, pero que no nos las den con queso, invertir en alimentarse bien es de lo más rentable. Salud, energía, movilidad y hasta estética son valores que dentro de nada se van a convertir en un verdadero lujo.

Yo personalmente hace años que mandé a freír espárragos los alimentos procesados y el azúcar y conseguí darle la vuelta a la tortilla en lo que se refiere al desbocado peso con el que amenazaba mi anatomía.

El cocinero José Andrés durante una ponencia. (EFE)
El cocinero José Andrés durante una ponencia. (EFE)

Es verdad que no es fácil esquivarlos, nos lo ponen hasta en la sopa, pero un poco de atención, salvo que te falte un hervor, debería ser suficiente para volver a disfrutar de una alimentación como la que ahora nos anuncian de forma tan rimbombante.

Menos mal que hacen Master chefs como churros y ha potenciado mejor que ninguna campaña institucional las reuniones familiares en torno a destrozar un arroz o sublimar un pollo, dependiendo del caso.

La costumbre de ir a comprar los productos de mercado y temporada parecen irse recuperando y ese sería el método. Facilitar la forma de llevar los productos de la huerta hasta las casas, de las granjas a la mesa. ‘Desintermediar’ el proceso y potenciar la venta directa. En eso yo insistiría a los que cortan el bacalao más que en intentar hacer poesía y forzar las metáforas para que veamos unos productos perfectamente tuneados en pantalla y que tampoco están al alcance de todos.

Me importa un pimiento no tener razón, pero tratar de recuperar las costumbres en torno a la mesa debería ser más sencillo con una tecnología y una logística de servicio a domicilio con la que nuestras abuelas ni hubieran podido soñar nunca.

Hagamos campañas de aplicación práctica y que ayuden a las familias. No que las frustren cuando bajan su mirada de la tele viendo la degustación de José Andrés y ven los palitos de merzula con mayonesa mal descongelada.

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