María Blasco: "Hemos sido excluidas del pasado, pero no vamos a serlo del futuro"
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ESPECIAL LIDERAZGO FEMENINO

María Blasco: "Hemos sido excluidas del pasado, pero no vamos a serlo del futuro"

En este emocionante artículo de opinión, la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas reivindica el papel imprescindible de varias científicas para superar el covid

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Imagen: EC Diseño.

Pocos saben que detrás de la rápida respuesta de la ciencia a la pandemia de covid-19 está el trabajo de mujeres científicas que han liderado su propia investigación y desarrollado sus propias ideas. Si no hubiese sido por su liderazgo, seguramente no estaríamos tan cerca de recuperar una cierta normalidad.

Fue la viróloga china Shi Zhengli una de las primeras en analizar la identidad genética del virus SARS-CoV-2. Shi es una experta en virus de murciélagos, y había aislado previamente el virus SARS, muy parecido al SARS-CoV-2, así como cientos de otros coronavirus que provienen del murciélago. Sin su trabajo y su extensa experiencia en estos virus, el avance contra la enfermedad covid-19 hubiese sido más lento.

"El liderazgo de las mujeres en la ciencia es esencial para decidir cómo se aplica el conocimiento y con qué prioridades"

Ha sido también una mujer científica, en este caso trabajando en EEUU, quien ha resultado crucial en el desarrollo de las vacunas de RNA contra la enfermedad covid-19. Se trata de Katalin Karikó, bióloga molecular de origen húngaro, quien dedicó toda su vida científica al uso de terapias con RNA para curar enfermedades. Ella propuso estas terapias con RNA cuando nadie creía en ellas. Fue su visión y su empeño lo que ha permitido que se desarrollen las vacunas de Moderna o de Pfizer en un tiempo récord.

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También han sido dos mujeres científicas, Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, las creadoras de la mayor revolución de la biotecnología de los últimos años, la tecnología CRISPR-Cas, o tijeras moleculares para modificar los genes a la carta, que permitirán entender en profundidad y curar muchas enfermedades.

La ciencia es el camino más certero para conseguir un mundo mejor, más igualitario, más respetuoso con el medioambiente y con el resto de especies, un mundo con menos sufrimiento y enfermedad. Precisamente porque la ciencia nos ha permitido sobrevivir a muchas enfermedades hoy damos más valor a la vida propia y a la de los demás seres vivos. Gracias a la ciencia estamos conectados con otros ciudadanos del mundo, y esa conexión es una poderosa herramienta para definir unos principios y objetivos comunes que nos hagan pensar como un solo cerebro y sentir como un solo corazón, y actuar con el único interés de avanzar en el bienestar global. “Estamos en el inicio de nuestro desarrollo como humanidad”, decía Richard Feynman. Esa es nuestra tarea específica como humanos, descifrar 'el todo' que nos rodea, escribir un poema del mundo, que contenga el conocimiento profundo de los mecanismos de la vida, del universo. Y de ese saber emanará el sentido y la armonía del todo.

"Como en el poema 'Piedra de sol', las mujeres somos 'un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre"

En esa construcción de nuestro destino, de un mundo mejor a través de la ciencia y del conocimiento, las mujeres han de tener un papel crucial e igualitario al de los hombres. Para ello, no solo tenemos que animar a las niñas a que estudien carreras STEM (ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas), sino que estas nuevas científicas, matemáticas, físicas e ingenieras tienen que estar al mando de la investigación de sus propios equipos para así definir qué y cómo se investiga. El liderazgo de las mujeres en la ciencia es esencial para decidir cómo se aplica el conocimiento y con qué prioridades, de tal modo que las mujeres sean también creadoras del relato de la humanidad.

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Las mujeres hemos sido excluidas del pasado, pero el trabajo de mujeres como Zhengli, Karikó, Charpentier o Doudna nos dice que no vamos a ser excluidas del futuro.

Como en los primeros y últimos versos del planetario poema 'Piedra de sol', de Octavio Paz, las mujeres somos “un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre”.

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