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Amparo Aragón: "¿Montar una empresa a los 60 años? ¡Es un momento fantástico!"
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ENTREVISTA EXCLUSIVA

Amparo Aragón: "¿Montar una empresa a los 60 años? ¡Es un momento fantástico!"

Escenógrafa, 'influencer' para una generación y, ahora, de nuevo, empresaria. La hermana de Emilio Aragón inaugura un proyecto personal que es un viaje a los orígenes y una apuesta por el emprendimiento en la madurez

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La nave está en Canillejas, a diez minutos en coche de Avenida de América y con un metro casi en la puerta, pero lo primero que llama la atención no es la ubicación sino la sensación de casa vivida. Hay una escalera decorativa que pide cuidado, un sofá rescatado del padre de su cuñada Aruca Fernández-Vega, una mesa con ruedas reinventada a mano, sillas setenteras traídas del rastro, y retratos en blanco y negro de una bailarina que mira desde la pared con una autoridad silenciosa. "A mí me gustan los sitios con personalidad", dice Amparo Aragón (Madrid, 1965). Y en ese gusto se cuela toda una biografía.

Amparo Aragón —sí, hermana de Emilio Aragón e hija de Miliki— ha pasado la vida montando escenarios, primero literalmente y luego por extensión vital. Escenógrafa de formación, trabajó en los años noventa en Antena 3, cuando arrancaron las privadas y la tele era una familia con Hermida, Carrascal y un ecosistema todavía artesanal. "Me hicieron la entrevista a las dos de la madrugada en la cafetería, y al día siguiente estaba firmando el contrato para escenografía: ‘vas a ganar 90.000 pesetas’, me dijeron". Después llegó Globomedia, los rodajes eternos, 'Médico de familia', 'Siete vidas', 'Aída'. También el vértigo del horario imposible con tres hijos pequeños. "Llegaba a casa a las dos de la mañana, a las siete tenía que estar otra vez… empecé con ataques de ansiedad. Dije: yo no puedo".

Aquel corte no fue una retirada, sino una mutación. Del plató al evento, del evento al negocio propio. Así nació Cayena Cooking & Business, escuela de cocina y 'team building' gastronómico que levantó y sostuvo durante quince años, una referencia en Madrid en el auge de las experiencias corporativas. La pandemia, sin embargo, la obligó a cerrarlo: la misma intuición que la empuja a emprender ahora le advirtió entonces de que no era momento de arriesgarlo todo. "Escucho mucho a la vida y hubo un momento en el que dije: la vida me está diciendo que por aquí no siga. No puedo arriesgar mis ahorros".

Ahora, con 60 años, se ha decidido a montar una nueva empresa. Y el verbo que rima con esta decisión no es "volver” sino "continuar". "No se ha roto la cinta de casete: he enrollado otra vez lo que se había quedado en standby", explica, siguiendo la analogía del significado original de "reboninar" según la RAE: "Hacer que un hilo o cinta se desenrolle de un carrete para enrollarse en otro". Porque su nuevo proyecto se llama así, precisamente, Espacio Rebobina.

Una nave en La Piovera y la infancia de los niños Aragón

La historia de Espacio Rebobina empieza con una idea musical y termina en una nave que parece elegida por la memoria. Su socio es su hijo mayor, Víctor, músico y cantante. Juntos arman Rebobina Music, un laboratorio de soluciones musicales para marcas: jingles, performances, teambuildings donde empresas componen "la canción de su empresa" como ejercicio colectivo.

placeholder Madrid, Comunidad de Madrid, 18/11/2025: Amparo Aragón, hermana de Emilo Aragón fotografiada en su nuevo espacio para VA. (Valentina Viceconte)
Madrid, Comunidad de Madrid, 18/11/2025: Amparo Aragón, hermana de Emilo Aragón fotografiada en su nuevo espacio para VA. (Valentina Viceconte)

En lugar de ir de empresa en empresa, Amparo quería un sitio propio. Vio varios locales, negoció sin éxito una opción que le gustaba, y volvió de un bolo con su hijo con otra dirección. "Mamá, los Carlos tienen una nave". 'Los Carlos' son su familia afectiva: Carlos, dueño del espacio que finalmente alquilaron, es hermano de Antonio Vega (Nacha Pop) y amigos íntimos desde que los Aragón volvieron a España en 1974.

Cuando Amparo fue por primera vez a aquella nave, se dio cuenta de que los alrededores le sonaban. Los niños Aragón se criaron en La Piovera. "Mi primer colegio está ahí enfrente. Nosotros llegamos a España en el 74 cuando contrataron a mi padre y a mis tíos en Televisión Española". Es el escenario de sus primeros años de vida. "Siempre rebobinas a aquello que te gustó, a la infancia". Luego, cuando empezaron a limpiar la nave, encontraron unas antiguas pintadas en la pared con los nombres de distintos barrios de Madrid, huellas del antiguo uso de la nave que han recuperado.

Lo más humano

¿Y en qué se ha convertido Rebobina? Es difícil encasillarlo, y a Amparo le gusta que así sea. Es un espacio multifuncional que aspira a ser muchas cosas. "Es un espacio para todo", afirma. Desde eventos de empresas que quieran un 'team building' musical con su marca Rebobina Music, hasta presentaciones de producto, reuniones privadas, plató improvisado o "lo que vaya surgiendo".

placeholder Una vista general del espacio. (Valentina Viceconte)
Una vista general del espacio. (Valentina Viceconte)

En un mercado madrileño lleno de locales polivalentes, Amparo no quiere competir con tecnología o postureo. Su propuesta de valor se basa en "la parte humana, la naturalidad. Que la gente llegue y se sienta como en su casa". Si alguien quiere sentarse en el suelo o quitarse los zapatos, adelante; nada encorsetado.

Por eso la nave está construida más con objetos que con mobiliario. Cada pieza tiene historia: el piano de Víctor, una puerta verde enorme regalada por Belén Moneo (hija de Rafael Moneo), bancos pintados por ella, mesas reconfiguradas. "Tengo un poco de síndrome de Diógenes con la historia familiar: guardo todo lo que sea trabajo de mi padre o de mi familia".

El clan y un homenaje

En la pared principal, la mirada que manda no es la de Miliki ni la de ninguno de los Aragón famosos, sino la de Rocío Aragón, hermana de su padre y una de las grandes bailarinas del clásico español del siglo XX. "Fue del nivel de Antonio el Bailarín. Una pasada", explica.

Amparo habla de ella con la devoción de quien sabe apreciar los sacrificios y el esfuerzo de nuestras generaciones pasadas. Rocío dio clases con bastón hasta los 92 años. Sin hijos, se dedicó por completo al baile en una España de posguerra durísima para las artistas. "Esto es un homenaje a ella. Fue una mujer extraordinaria que muy poca gente conoce". Una mujer de una generación "irrepetible" que tuvo una vida escarpada dedicada al arte en la posguerra. Sus fotos en blanco y negro presiden el espacio, un recordatorio de la fuerza y la resiliencia que corre por la familia.

placeholder Una de las fotografías de su tía Rocío que se encuentran en la nave. (Valentina Viceconte)
Una de las fotografías de su tía Rocío que se encuentran en la nave. (Valentina Viceconte)

En este sentido, habla con orgullo de Miliki, su padre, que emigró a Cuba "con una moneda al aire" en una época de hambre, y de cómo esa generación les dio "todo a base de esfuerzo y de muy poco disfrute". Esa herencia la ve reflejada en sus hijos: Víctor, músico; Alejandra, actriz; y Nicolás, el pequeño, que "va a ser como su padre, financiero". Pero también en toda su familia. "En los Aragón, el emprendimiento y la creatividad van de la mano", valora, cuando le preguntamos qué predomina más en la genética de este singular clan, si el ADN artista o el empresarial. "Mi hermano Emilio por ejemplo está siempre teniendo ideas y proponiendo cosas, su cerebro va a mil revoluciones por minuto".

Emprender a los 60

Se define como "muy inquieta" y habla con pasión de lo que se conoce como 'later life entrepreneurship', ese "pequeño boom" del emprendimiento en la madurez. "¿Montar una empresa a los 60? ¡Si estás bien y con ganas es un momento fantástico! Tus hijos ya son mayores, tienes mucho más tiempo, experiencia... Estás en un momento muy activo". Con 60 años, se siente "de 45 o 50" y desmonta con energía cualquier prejuicio sobre la edad. "Es que yo fíjate, con 60 años, porque es un número... Yo soy súper joven de espíritu". Reconoce que, a veces, el cuerpo nota el cansancio, pero la ilusión por embarcarse en nuevos retos es más poderosa.

placeholder Un detalle del sofá recuperado del suegro de Emilio Aragón. (Valentina Viceconte)
Un detalle del sofá recuperado del suegro de Emilio Aragón. (Valentina Viceconte)

En casa, dice, el emprendimiento es casi una forma de estar en el mundo. Los Aragón han sido siempre creativos y "emprender es creatividad totalmente". Lo recuerda en su abuelo y su padre emigrantes, vendedores ambulantes, inventores de mil negocios para sobrevivir. Rebobinamos de nuevo a los orígenes.

Su papel como influencer

La otra sala de Rebobina no tiene paredes: está en Instagram. Hace años, en pandemia, Amparo empezó a escribir textos los lunes, a veces con collages, a veces con una confesión cotidiana que se volvió comunidad. Hoy arrastra una audiencia fiel de mujeres, sobre todo mayores de 45, que convierten esos posts semanales en liturgia emocional.

"Tengo un amigo que me hace mucha gracia porque dice: 'He leído tu post y me ha dado mucha vergüenza'. Y le digo: 'Hombre, un poco, tampoco muchísimo'", confiesa. Sus temas son blancos: maternidad, miedo, cuidados, hijos que se van, padres que envejecen. Pero esa desnudez emocional es precisamente su sello. "Yo creo que se identifican porque hablo de lo que muchas piensan pero pocas se atreven a verbalizar tan abiertamente". No hay 'haters' en su comunidad, dice. Solo mujeres –y algunos hombres– que encuentran en sus palabras un reflejo y un consuelo. "A mí me sirve de terapia y si ayudo, pues oye, fenomenal".

Hay una frase que resume su honestidad en la red: "Yo tengo muchísimo miedo ahora, a punto de abrir un negocio… pero cuando aceptas que lo que tenga que venir te vas a enfrentar a ello y que no todo depende de ti, sientes sosiego".

Alejandra, la hija que se suma al barco

En mitad de la entrevista aparece Alejandra, la hija actriz. Trae otra energía, más joven, más directa, pero reconocible en el ADN de la madre. "No puedo no parar", dice. Está terminando sus estudios de Interpretación, pero trabaja: pasó dos años en American Express y lo dejó porque no era lo suyo. "Esto no tiene nada que ver con estar en una oficina encerrada. A mí me gusta el cara a cara".

placeholder Amparo Aragón y su hija Alejandra Jaquotot. (Valentina Viceconte)
Amparo Aragón y su hija Alejandra Jaquotot. (Valentina Viceconte)

Alejandra entra en Rebobina como apoyo comercial y relaciones públicas. "Tiene mucho don de gentes. Es buena comercial, aunque a ella no le gusta que lo diga", describe su madre. La complicidad entre ambas es visible. Espacio Rebobina será también el lugar donde Alejandra ensaye otra versión de sí misma, la de la actriz que aprende a vender, la hija que acompaña sin renunciar a su vocación artística.

Lo que viene: una web, un primer evento, una cinta que sigue girando

La nave se inaugura esta misma semana. El primer evento es el 3 de diciembre, con Rebobina Music como carta de presentación: Víctor cantará una performance adaptada a una marca, con colores, estilismo y puesta en escena alineados con el producto.

placeholder Amparo, con el logo de Espacio Rebobina. (Valentina Viceconte)
Amparo, con el logo de Espacio Rebobina. (Valentina Viceconte)

Amparo ha hecho esto antes, pero no igual. Su biografía entera está metida dentro: la niña emigrante que vuelve a su colegio de La Piovera, la escenógrafa que aprendió a armar mundos, la empresaria que cerró a tiempo para no perderse, la escritora que cada lunes sostiene a otras mujeres, la madre que ahora emprende con sus hijos.

Rebobinar no es nostalgia. Es darle cuerda al presente con la memoria a favor. Y, mientras recorre la nave señalando objetos, Amparo lo expresa como si fuera lo más natural del mundo: "Yo necesito más, estar en activo".

La nave está en Canillejas, a diez minutos en coche de Avenida de América y con un metro casi en la puerta, pero lo primero que llama la atención no es la ubicación sino la sensación de casa vivida. Hay una escalera decorativa que pide cuidado, un sofá rescatado del padre de su cuñada Aruca Fernández-Vega, una mesa con ruedas reinventada a mano, sillas setenteras traídas del rastro, y retratos en blanco y negro de una bailarina que mira desde la pared con una autoridad silenciosa. "A mí me gustan los sitios con personalidad", dice Amparo Aragón (Madrid, 1965). Y en ese gusto se cuela toda una biografía.

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