Casilda Finat: “Me faltaba algo hasta que me encontré con Dios y empecé una relación con él”
Hablamos con la exitosa empresaria e 'influencer' Casilda Finat sobre la fe y su participación en 'Llamados', el movimiento evangelizador que tendrá lugar en enero en el Movistar Arena
“Desde pequeña me transmitieron la fe, pero era una fe enseñada, no vivida”. Casilda Finat lo dice sin énfasis, casi como quien constata un hecho biográfico sin dramatismo. “La fe nace del corazón”, añade, y en esa frase se cifra una diferencia esencial: no basta con recibir un legado si no hay experiencia. Para ella, creer no consiste en aceptar una narración heredada, sino en atravesar un proceso de conocimiento. “A Dios hay que conocerle y comenzar una relación con Él. Cuando te hablan de alguien a quien no conoces, puedes imaginarlo de mil maneras; pero hasta que no te encuentras con esa persona, no sabes realmente cómo es”.
Finat —con veinte tiendas físicas repartidas por España, una presencia sostenida en redes sociales y una estructura familiar ya consolidada— sitúa su relato dentro de un marco reconocible. El discurso contemporáneo, explica, suele trazar una fórmula inequívoca de bienestar: prosperidad económica, estabilidad afectiva, reconocimiento social, poder de decisión. “Nos dicen que para ser felices tenemos que tener dinero, casarnos, que nos quiera alguien, tener fama…”. Ella había cumplido, uno a uno, todos esos mandatos. Y, sin embargo, el resultado no fue la realización anunciada. “A menudo me sentía vacía y me preguntaba por qué, si había alcanzado todo aquello que se suponía imprescindible para ser feliz, seguía sin experimentar una verdadera plenitud”.
La grieta entre el logro exterior y la experiencia interior marca un punto de inflexión. En su relato aparece entonces un acontecimiento concreto: el Seminario de Vida en el Espíritu. No lo presenta como una revelación súbita ni como un gesto extraordinario, sino como un descubrimiento progresivo. “Ahí me di cuenta de que Dios existe”, explica, subrayando una diferencia decisiva, “y de que no era algo que me habían contado y que yo había decidido creer”.
A partir de ahí, su relato se despoja de toda abstracción. La experiencia de la fe deja de formularse en términos teóricos y se encarna en gestos concretos, casi íntimos. “Fui cultivando mi relación con Él. Al final, cuidar la relación con Dios es vivir los sacramentos y reservar un tiempo diario para estar con Él”. En su forma de expresarlo no hay solemnidad impostada, sino una lógica relacional: cuanto más espacio se le concede, explica, más nítida se vuelve su presencia, más tangible la conciencia de ser acompañada y amada. “No hay nada comparable a eso”.
La analogía, de nuevo, se ancla en lo humano. “Si quiero hacerme amiga tuya”, concluye, “tendré que quedar contigo, escucharte..”.
¿Qué sucedió en aquel retiro? Casilda Finat lo sitúa con precisión: estaba frente al Santísimo. “Mi madre siempre me había dicho que ahí estaba Jesús”. Hasta entonces, esa afirmación pertenecía al territorio de lo aprendido. En ese momento, decidió ponerla a prueba. “Le pedí que, si de verdad estaba ahí, me lo hiciera sentir. Y así ocurrió”. Desde entonces, vuelve con frecuencia. “Es como una cita con Jesús”, dice, sin necesidad de mayor explicación.
“La fe es creer sin ver, pero la fe todavía más fuerte es creer sin entender”
A partir de esa experiencia, Finat despliega una reflexión más profunda sobre la fe. “Creer es hacerlo sin ver, pero existe una fe aún más exigente: creer sin comprender”. Al principio, explica, la vivencia se acompaña de señales, de una presencia perceptible que sostiene. Con el tiempo, sin embargo, llega otra etapa: un período de silencio, de aparente retirada. No se trata de ausencia, sino de prueba. “Dios no se manifiesta tanto porque quiere purificarte, porque desea que demuestres un amor verdadero”, explica, sintetizando la esencia de su experiencia y convicción.
Es entonces cuando la creencia deja de apoyarse en lo perceptible y se vuelve decisión. “Ahí toca creer aunque no entiendas. Empiezan a pasar cosas que ya no te hacen sentir tan cómoda”. La relación se mantiene, no por lo que ofrece, sino por lo que es. “Creer incluso cuando no sabes por qué actúa así, cuando parece haberse retirado”. En ese punto, explica, la fe ya no busca confirmaciones. Se sostiene en una convicción más honda: que los caminos de Dios, incluso cuando resultan opacos, obedecen a un bien que no siempre es inmediato ni comprensible.
“Dios no entiende de partidos políticos o ideologías”
A lo largo de la conversación emergen distintos testimonios que ilustran el pulso actual de la fe. El sacerdote Jesús Higuera subraya un fenómeno que sorprende por su alcance: cada vez hay más bautizos y conversiones entre jóvenes de dieciocho a treinta años. Por su parte, Rosalía advierte con claridad que “la modernización de la sociedad no implica la desaparición de la religión”.
“Dios no entiende de partidos políticos ni de ideologías; Dios es amor”, explica Casilda Finat, articulando un marco que trasciende los discursos humanos. A su juicio, la fe está experimentando un auge, un fenómeno que ya estaba anunciado en la Biblia. Según ella, los textos sagrados anticipan que, en los últimos tiempos, el Espíritu Santo actuaría con intensidad extraordinaria para conducir al mayor número posible de hijos de Dios hacia la salvación.
Esa manifestación, describe, se refleja en la proliferación de movimientos, retiros y conversiones: “Hay una efusión profunda, porque nos acercamos a los tiempos finales. No digo que sea inminente: los tiempos de Dios pueden abarcar millones de años, pero estamos en ese período”. La observación de Casilda combina la certeza espiritual con un sentido de inmediatez histórico-existencial, subrayando cómo la fe sigue tejiéndose en la vida cotidiana y colectiva de las personas.
Ahora se prepara para un evento que considera de singular importancia: 'Llamados', un encuentro evangelizador que se anuncia como histórico, inspirado en el X Congreso Eucarístico Nacional de Estados Unidos, y que combinará actuaciones, adoración y testimonios. Tendrá lugar en el Movistar Arena, antiguo Wizink Center.
Todo sobre el evento 'Llamados'
“Será de siete de la tarde a diez de la noche, tres horas en lo que era antes el Wizink”, detalla Casilda. “Todas las personas reunidas van a exponer el Santísimo; me parece algo espectacular. Todo el mundo con Jesús presente de manera visible y grandiosa. Luego habrá un rato de alabanza y una adoración”.
El programa incluye también un espacio de diálogo y testimonio: “Después habrá una mesa redonda en la que varios compartiremos nuestra experiencia personal. Intervendrá también el director de cine y guionista Juan Manuel Cotelo”, añade Finat, recomendando la entrada especialmente para quienes atraviesan momentos de sequía espiritual o existencial. “La fe y la paz se contagian”, concluye y termina con una reflexión: la fe no se impone; se percibe como un eco silencioso que resuena más allá de las palabras, recordándonos que algo nos trasciende.
“Desde pequeña me transmitieron la fe, pero era una fe enseñada, no vivida”. Casilda Finat lo dice sin énfasis, casi como quien constata un hecho biográfico sin dramatismo. “La fe nace del corazón”, añade, y en esa frase se cifra una diferencia esencial: no basta con recibir un legado si no hay experiencia. Para ella, creer no consiste en aceptar una narración heredada, sino en atravesar un proceso de conocimiento. “A Dios hay que conocerle y comenzar una relación con Él. Cuando te hablan de alguien a quien no conoces, puedes imaginarlo de mil maneras; pero hasta que no te encuentras con esa persona, no sabes realmente cómo es”.