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Un viaje por la mítica Petra y los sabores de Jordania

Hay que viajar a Petra, al menos, una vez en la vida. Desde Amán, la pacífica capital del reino Hachemita de Jordania, solo hay 3 horas en coche en dirección sur por la tranquila autovía del desierto.

Foto: Petra. Foto: Eli Morales
Petra. Foto: Eli Morales

Desde el centro de visitantes comienza un apasionante paseo por el Siq o el desfiladero que discurre entre enormes rocas con vistosas vetas de colores ocres y rosados que caracterizan a esta ciudad perdida durante siglos para el mundo occidental hasta que en 1812 el explorador suizo, Johann L. Burckhardt, la redescubrió aunque para ello tuvo que convertirse al islam.

A pesar de las imágenes que el cine inmortalizó con el gran Indiana Jones y La última Cruzada, el corazón se sobrecoge cuando al final del camino la grieta que surge entre las dos grandes rocas muestra parte de Al-Khazneh, El Tesoro. La mítica y extraordinaria fachada de una tumba real, es la antesala de la ciudad que los nabateos tallaron en la roca hace más de 2.000 años. La existencia de agua, las grandes rocas protectoras de este paso obligatorio en las rutas de la seda y, las especias fueron los motivos para que estos árabes nómadas se establecieran aquí y la convirtieran en la capital de un rico y prospero reino.

Hay que subir los 800 peldaños excavados en la roca para contemplar la otra joya de Petra: el Monasterio. Recobrará el aliento mientras admira embelesado esta gran obra rodeada de espectaculares vistas del valle.

Tras una jornada fascinante, lo mejor es probar la atractiva gastronomía de Jordania, que refleja la convivencia de diferentes culturas y religiones, la influencia de las cocinas de Siria, de Líbano y del desierto. De los beduinos, que vivían del pastoreo, han heredado la hospitalidad en torno a la mesa. Acogían a los huéspedes y sacrificaban en su honor una cabra o camello que la mujer cocinaba mientras ellos les ofrecían dátiles y leche. Hoy es el plato nacional, mansaf, que se elabora con cordero y se sirve sobre una base de arroz.  

Pan recién horneado. Foto: Eli Morales
Pan recién horneado. Foto: Eli Morales

Las mesas se llenan de mezzes, entrantes árabes: hummus (crema de garbanzos con tahine), mutabbal (crema de berenjenas con yogur), baba ghannouj (ensalada de berenjenas), fattoush (ensalada de verduras y pan), tabulé (ensalada con trigo bulgur). Falafel y Shawarma entre otros, siempre acompañados por encurtidos y khubez, el típico pan redondo y plano que sirven recién horneado. Acompañan el té y el café árabe con baklavas o con golosos postres que tienen como nota común los frutos secos, dátiles, almíbares y miel.

Humus. Foto Eli Morales
Humus. Foto Eli Morales

Para degustar estos platos, recomendamos el restaurante de Petra: Al-Qantarah, donde además de comer a la carta o de buffet al medio día, ofrece la oportunidad de cursos o show cooking para aprender a cocinar algunas recetas locales y conocer de cerca los productos frescos de la tierra. Hay que olerlos y llevarlos a la boca en crudo para percibir los auténticos sabores y los aromas al cocinarlos, para dar fe de que el producto es el secreto de esta cocina.

Para terminar el día puede tomar una copa en Cave Bar, un espectacular local con terraza tallado en la roca, que además es de los pocos que sirven alcohol, y pasear por la tranquila y segura Petra que, curiosamente, de noche cuando sus tiendas han cerrado mantienen sus mercancías expuestas en la calle.

Guía práctica

Restaurante Al-Qantarah. Main road to Petra, Petra/Wadi Musa, Jordania

Cave Bar. Junto a la entrada de visitantes a la ciudad de Petra.

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