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Sangre, sudor y tres orejas
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Sangre, sudor y tres orejas

José Tomás volvió a meterse al público en el bolsillo en una tarde de sangre, sudor y orejas. Y es que el diestro de Galapagar, que

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Sangre, sudor y tres orejas

José Tomás volvió a meterse al público en el bolsillo en una tarde de sangre, sudor y orejas. Y es que el diestro de Galapagar, que toreaba su última corrida de San Isidro, no defraudó al público de Las Ventas, totalmente entregado con sus chicuelinas, manoletinas y verónicas. Tomás, ensangrentado y con varias cogidas, abrió la Puerta Grande por segunda vez en pocas semanas. Simplemente la abrió porque terminó la corrida en la enfermería operado mientras su cuadrilla se llevaba una ovación. Tres fueron las orejas que ganó. Aunque la expectación era máxima, el Rey don Juan Carlos, taurino donde los haya, faltó a esta cita, pero hubo muchos otros famosos que no pararon de aplaudir.

La tarde prometía. Tomás, vestido de grana y oro, llegó en una furgoneta azul. Vitoreado por cientos de admiradores, a los que firmó autógrafos, entró en una plaza a reventar con un público entregado. Aunque eran sólo unos pocos. Como manda su ideario, no hubo televisión y la reventa, tras cortar cuatro orejas hace diez días, estaba disparada. Pocos podían pagar los 4.000 euros por entrada que pedían estos aprovechados de la Fiesta Nacional. Más de uno seguro que se rascó el bolsillo y salió con una sonrisa descomunal. Pero ese no fue el caso del monarca, que esta vez no quiso o no pudo admirar el triunfo de Tomás, que acabó en la enfermería con varias cornadas y golpes.

Pero si el Rey brilló por su ausencia, la Infanta Elena, incondicional de las buenas corridas taurinas, no quiso perderse la nueva proeza del diestro de Galapagar, que eclipsó a sus compañeros. Esta vez no ocupó la barrera ni estuvo con sus amigos. La primogénita de los Reyes, muy elegante con un traje de rayas, estaba en el palco con su prima María Zurita. Ambas gozaron con los lances taurinos. La Infanta Elena, que se estremeció cuando Tomás fue revolcado y vibró cuando se acercó mucho al astado, pidió como loca orejas para la diestro de Galapagar que lo único que necesitaba para superarse a sí mismo era un rabo.

Tomás fue una especie de imán. En el tendido, muchos famosos enloquecieron, al igual que el público en general. Fueron más ellas que ellos los que sintieron cada uno de los pases del diestro. Y eso fue el caso del empresario Juan Abelló, sentado junto a su mujer Ana Gamazo. Cerca estaba Nuria González, que dejó a los niños en casa. En esta ocasión no estaba acompañada de su marido Fernando Fernández Tapias, sino de su hermana y una amiga, que no quitaron ojo a la faena.

Agitando sus pañuelos o aplaudiendo estuvieron el empresario Pedro Trapote y su mujer Begoña, incondicionales de los toros y de la estrella del momento. Junto a ellos estaba Ramón Calderón, que llegó por los pelos. Y es que estaba recién aterrizado de Italia donde asistió como invitado a la boda de Flavio Briatore. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, presenció el triunfo de José Tomás, al igual que la joyera Lola Suárez con su marido, Javier Díez de Polanco y señora, Jaime Castellanos , Pepe Oneto

También hubo un toque taurino en el graderío. El diestro Víctor Puerto se quedó casi blanco una de las veces que José Tomás fue cogido por el astado. Al final le fue a ver a la enfermería. Tampoco se perdió la cita la familia de Samuel Flores. Sin embargo, no estaba todos ya que faltaba Adolfo Suárez hijo. Tras este triunfo, muchos de los famosos, con la sensación de que José Tomás es distinto, salieron de la plaza con destino a algunos de los mejores restaurantes de la ciudad. Otros, simplemente, se fueron a casa sabiendo de el diestro había escrito otra página en la historia de Las Ventas. De los otros dos toreros presentes en el coso nadie se acordó.

José Tomás volvió a meterse al público en el bolsillo en una tarde de sangre, sudor y orejas. Y es que el diestro de Galapagar, que toreaba su última corrida de San Isidro, no defraudó al público de Las Ventas, totalmente entregado con sus chicuelinas, manoletinas y verónicas. Tomás, ensangrentado y con varias cogidas, abrió la Puerta Grande por segunda vez en pocas semanas. Simplemente la abrió porque terminó la corrida en la enfermería operado mientras su cuadrilla se llevaba una ovación. Tres fueron las orejas que ganó. Aunque la expectación era máxima, el Rey don Juan Carlos, taurino donde los haya, faltó a esta cita, pero hubo muchos otros famosos que no pararon de aplaudir.