Adiós, duquesa… Hasta siempre, Cayetana
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Adiós, duquesa… Hasta siempre, Cayetana

Era un espíritu libre y ha vivido como tal. Ha sido una adelantada a su época, transgresora en lo físico y en lo intelectual, y eso le ha costado disgustos. No le importa

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La duquesa de Alba, en una imagen de archivo (Gtres)

Viajera incansable, mujer de acción, erudita de la historia, políglota, amante del arte y los deportes, capitana de empresas, regia o soldado –según se tercie–. Todas ellas han sido la duquesa, todas se mezclan en un friso variopinto que hoy sirvepara describirla. Sin embargo, Cayetana era, sobre todo lo demás, una mujer apasionada.

En una ocasión, cuando yo escribía su biografía, topamos con una poesía de Enrique Gómez Carrillo que le encantó. En algunos de sus párrafos se vio reflejada cuando ella misma confesó ser “un espíritu libre, que intenta hacer siempre lo que lesale del pie, siempre que no perjudique a nadie. Soy libre… libre”. En palabras de Carrillo, esas que hoy introducen las páginas de su biografía y que tan bien la describen, sin saberlo, dice: “He amado, he soñado, he creído, he esperado, he sido libre, me he embriagado de todas las copas de la pasión, he orado en todos los santuarios del mundo, y si he padecido, también he gozado. Por eso, cuando medito mi suerte, le doy gracias al cielo, que me la deparó tal cual es… Si fuera necesario volver a nacer, solo le pediría al destino que me concediera la gracia de dejarme vivir mi vida”.

Cayetana tenía una fabulosa y compleja personalidad. Aries, descendiente de Capricornio, no tenía término medio en sus decisiones: amaba con pasióny detestaba en igual medida; blanco y negro, sí o no. Su imaginación no tenía límites. De niña se disfrazaba constantemente de todos aquellos personajes que admiraba… Detestaba las muñecas. Presumida y “muy mujer”, como ella me decía –aunque nunca usó perfumes–, siguió fiel a una imagen juvenil y extravagante hasta su último aliento.

En el 2010, durante el rodaje del telefilm que emitió Telecinco titulado La duquesa, que mayoritariamente se grabó en Liria, Cayetana quiso presenciar una de las escenas en que Adriana Ozores –que encarnaba el papel de la duquesa adulta– sufría un ataque de pánico y corría por los jardines del palacio. En el momento en que se cortó una de las escenas, Cayetana se acercó a la actriz y le dijo:“¿Tú eres yo?”.Adriana le contestó respetuosamente que síy le preguntó si le gustaba. La duquesa le contestó que mucho, pero que quién la había peinado–soltó–,que ella no llevaba el cardado así. Se tuvo en cuenta. Yes que, desde pequeña, su melena fue motivo de muchos disgustos. A su padre, Jacobo Fitz-James Stuart, le gustaba que la hija llevara la melena corta y lisa… Ella languidecía por los cabellos largos y rizados. Incluso pactó con su nani que si se portaba bien, le comprase una peluca. Lo consiguió, aunque a escondidas del duque.

Y no puedo obviar el simpático recuerdo que me trae al escribir estas líneas el día que me dijo, mirándome con detenimiento –de esto hace solo unos meses–,“tienes más arrugas que yo… deberías cuidarte. No sé, podrías tomar un pomelo por las mañanas…”. A todo esto, nuestra diferencia de edad rondaba los 40 años. Siempre se sintió joven,siempre. Por ese motivo, cuando hace apenas unos días hablé con ella y me dijo que “se sentía cansada,la edad...”, supe que algo no iba bien.

Por sus venas corría sangre azul, sangre gala, sangre madrileña, pero, sobre todo, sangre sevillana: la de la música, la de los olores… La que la vio en su primera puesta de largo, y también en su primera y última boda; la Sevilla que ella tanto jaleaba y de la que ya no la separará nadie. Cayetana descansará eternamente en su ciudad… en su pasión andaluza. Lejos quedan los días en que decidió no acompañar a sus antepasados en el panteón familiar de Loeches (Madrid), siendo la primera Alba contemporánea que no yacerá ahí. Los sevillanos lo saben:la próxima Semana Santa no será igual sin ella. Aunque los pasos se dirigirán al palacio de Dueñas, como venía siendo habitual, y la saeta recordará esas madrugadas, ya lejanas, en que bajaba a tocar la campanilla.

La mujer que yo conocí, la que más títulos y grandezas de España tiene, eligió ser ella misma, y siempre vivirá en nuestra historia.

Cuánto duele escribir la necrología de una amiga.

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