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así es su vida alejado del tenis

Boris Becker, la celebrity del deporte con pies de barro

Desde que dejó el tenis no ha parado en reinventarse a sí mismo: jugador de póquer, vendedor de coches, de vinos, zapatillas de tenis o raquetas y empresario inmobiliario

Foto: Boris Becker en una imagen de archivo (Reuters)
Boris Becker en una imagen de archivo (Reuters)

Hace pocos días Boris Becker enviaba sus mejores deseos en sus redes sociales a sus seguidores para 2017 desde Dubái. Aparecía relajado en la playa, poniéndose a punto en un centro médico junto a Lilly Kerssenberg, la modelo holandesa que le aporta estabilidad emocional desde hace años. No parecía haberle afectado su despido el pasado mes de diciembre como entrenador del tenista Novak Djokovic después de tres años juntos. Becker ha declarado no tener aún planes ni propuestas para ser coach de otros jugadores, pero en su cuenta da buena muestra de que aún le funcionan sus contratos con las marcas.

En solo unos días ha viajado a la India para presentar su edición limitada de zapatillas de tenis con Puma, a Londres para la promoción de una bebida llamada Anakema, es ambassador de partypoker… Desde que se alejó de las pistas de tenis, el triple campeón de Wimbledon, ha sabido reconvertirse en una curiosa celebrity del deporte con continuos problemas con el fisco y batallas judiciales para salvar su mansión en Mallorca.

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Se puede decir que Becker vive pegado a la actualidad. Igual comenta un partido de tenis, da consejos a Pep Guardiola, lamenta la muerte de George Michael o muestra preocupación por los últimos atentados terroristas. Incansable, hedonista, su vida no se estancó cuando se retiró de las pistas. A sus 49 años es tan conocido por sus triunfos deportivos como por sus derrotas o vaivenes sentimentales o fracasos empresariales. Sigue siendo el jugador más joven que ha logrado ganar el torneo de Wimbledon, pero también ha contribuido a alimentar el interés por sus relaciones con la publicación de varias biografías que incluso ha reeditado.

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En 'La vida no es un juego' dio un repaso a sus ex cuya vida ya había aireado en un libro anterior. A la modelo Bárbara Feltus, su primera mujer con la que tuvo dos hijos, la comparó con la protagonista de 'Pretty Woman'. Con ella posó desnudo en la revista 'Stern' y de ella se divorció tras conocerse la relación fugaz en el restaurante londinense Nobu con Angela Ermakova​, de la que se dijo que robó su semen para extorsionarle junto a la mafia rusa. El tenista tuvo que someterse a unas pruebas de ADN negando la paternidad de una niña cuya custodia solicitó años después. Anna es hoy una modelo con una incipiente carrera.

El divorcio supuso un zarpazo a sus cuentas de 19 millones además de lo que tuvo que desembolsar a Ángela. No mucho más largo fue su idilio con Sandy (83 días), de la que decía que se comportaba como una princesa que solo buscaba ser el centro de atención. Tres matrimonios fallidos y cuatro hijos después (Anna, Noah, Elias y Amadeus), en sus libros reconoce que las mujeres le han salido muy caras porque solo han buscado “fama y dinero”. Hubo rumores de que reescribía su historia sentimental por dinero, pero él sin tapujos contestó: “Todavía me puedo permitir comer caliente”.

De anuncio en anuncio

No menos complicada es su carrera empresarial. La prensa alemana valoró su fortuna al colgar la raqueta en unos 40 millones de dólares. Hoy no está en los primeros puestos de salida de las fortunas de tenistas. Sus problemas con el fisco le han causado algún que otro roto. Fue condenado a dos años de libertad condicionada y a una multa de 500.000 dólares por evasión de impuestos en 2002. Años después la Hacienda alemana le reclamaba 3 millones de euros.

Ha pasado muchas etapas. Cuando se retiró del tenis, estuvo dos años sin hacer otra cosa que jugar al golf, estar de vacaciones y curar las heridas de su primer divorcio. Pero el guerrero regresó de su descanso y se dedicó a construir su marca. “A los 35 años uno se aburre rápidamente y sentí que aún tenía mucho que hacer profesionalmente”, confesó. Sus aventuras comerciales han sido muchas.

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Fue su padre (arquitecto) quien le inculcó aquello de que el deporte no dura para siempre y que debía dedicar lo que ganaba a otras inversiones. Y eso fue lo que hizo: invertir en propiedades. “De niño pasé mucho tiempo en obras, así que desarrollé el instinto en darme cuenta del potencial de una casa o un buen sitio”, dijo en una entrevista. Algunos salieron bien, pero también ha cosechado grandes fracasos como la Torre Becker en Dubái.

Abrió concesionarios de Mercedes-Benz, otra de sus grandes aficiones, y creó una marca de raquetas de tenis que asegura probar antes de comercializar. Miembro de la directiva del Bayern, columnista de 'Forbes', comentarista de la BBC, propietario de los restaurantes Boris el Hambriento, un equipo de fútbol americano… Ha tenido problemas con Coca-Cola, Deutsche Bank o Basf, empresas que acabaron anulando sus contratos. Becker siempre sale adelante. De anuncio en anuncio o de inauguración en inauguración financia su tren de vida.

Su idilio con Mallorca

El tenista ha vivido un idilio con Palma de Mallorca que se inició cuando despuntaba como tenista allá por los ochenta. Entonces, podía recorrer la isla sin que apenas nadie le reconociera. Una década después ya era el propietario de una finca de 300.000 metros cuadrados en Arta en la que construyó una impresionante mansión que pronto se hizo célebre por las fiestas y sus batallas contra la Administración mallorquina por infracciones urbanísticas. Durante un tiempo fijó allí su residencia, según dijo, para huir del acoso de la ultraderecha por haberse casado con Bárbara, una modelo afroamericana. Incluso puso en marcha iniciativas como Planet Mallorca para impulsar el deporte entre los jóvenes. El Consell le obligó a derribar una parte de su casa por exceder la superficie legal permitida en 500 metros cuadrados.

La casa mallorquina de Boris Becker
La casa mallorquina de Boris Becker

La puso en venta en 2012 por 12 millones de euros para intentar pagar la deuda que tenía con la Hacienda alemana y deconstruyó la parte ilegal. Desde entonces ha salido a subasta tres veces por impagos hipotecarios, con una empresa de jardinería, una constructora y los guardeses de la propiedad. Sus últimas deudas las ha dictaminado la Audiencia Provincial de la isla condenando a su empresa Goatbritge (cuyo último balance fue presentado en 2010 y tiene fecha de cierre de hoja registral en julio de 2017) a pagar 28.925 euros al bufete Feliú por honorarios impagados. ¿Será el capítulo final?

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