¿Por qué casi todo el mundo odia de repente a Paula Echevarría?

¿Cómo es posible que la dulce Paula, la chica de pelo Pantene a la que todos adoraban, sea de repente la diana sobre la que todos quieren lanzar sus dardos?

Foto: Paula Echevarría en una imagen de archivo. (Gtres)
Paula Echevarría en una imagen de archivo. (Gtres)

Houston, tenemos un problema: algo pasa con Paula Echevarría. La actriz está viviendo un verano de lo más movidito en el que no han faltado trifulcas con paparazzi y comentarios cargados de odio en sus redes sociales. Que cunda el pánico: ¿cómo es posible que la dulce Paula, la chica de pelo Pantene a la que todos adoraban, sea de repente la diana sobre la que todos quieren lanzar sus dardos?

Precisamente en su Instagram es donde hemos podido comprobar que la intérprete está a un par de filtros Valencia de saltar sobre sus haters. En su última fotografía, subida desde el asfixiante calor madrileño, se marca un nostálgico recuerdo de sus recientes vacaciones en la que los hashtags hablan por sí solos. La asturiana indica a golpe de almohadilla que ella etiqueta las firmas de las prendas porque la gente se lo pide, aclara que, no, sus fotos no son fruto de una estratagema publicitaria y declara que si no llueve a gusto de todos, va a llover al suyo. No es tan extraño que sus gafas de sol de Hawkers, por ejemplo, sean etiquetadas hasta el hastío. Para algo diseña para la firma, ¿no? Y no olvidemos que su blog de moda es uno de los más visitados de España. Su Instagram nos abre las puertas de su armario, pero no las de su vida, y eso es lo que parece que no todos están dispuestos a perdonar.

Las imágenes de sus vacaciones por las Islas Baleares estaban bañadas de etiquetas de los hoteles en los que se hospedaba, todos ellos de la cadena hotelera Meliá. Por supuesto, cada imagen iba acompañada del hashtag #OnlyInMelia, porque toda instagrammer ha de manejar a la perfección el uso de hashtags. En especial, por supuesto, cuando una marca o cadena cubre con los gastos. Como era de esperar, la gente no ha tardado ni un segundo en echárselo en cara. “¿Acaso le salen a Paula las vacaciones gratis?”. Pues lo más probable es que así sea, pero es lo que le ocurre a la mayoría de influencers, algo que, dada su condición de it girl patria, es. ¿Quizás estemos esperando que se esconda dentro de una maleta -como el rumor más inverosímil del verano asegura que hace Taylor Swift- y que nos oculte dónde se queda? Y si así lo hiciera… ¿Le echaríamos en cara que jugara a ser una ninja? ¿Disfrutaríamos entonces fantaseando con la posibilidad de que se estuviera ocultando de los medios para llorar o pensaríamos que se esconde porque oculta una nueva aventura amorosa?

Muchos parecen no perdonarle tampoco su perenne sonrisa. Un segundo: si no tiene a Bustamante al lado… ¿Ya no tiene derecho a sonreír? ¿Acaso no puede estar con sus amigas en la playa felizmente mientras David disfruta con los suyos en la piscina de Villafranca del Castillo? Porque nadie acusa al cantante de estar disfrutando de su coreografía cargada de cloro y de risas. Parece que esperemos que Paula se derrumbe y que llene su Instagram de mensajes cargados de dolor haciéndonos así partícipes de su pena. Lo curioso es que cuando acude a la presentación de un perfume y rompe a llorar ante las cámaras, señalamos que su situación sentimental ha hecho que su caché suba y que esas lágrimas han sido el broche perfecto de este pastel económico cocinado a base de desamor. Pero entonces, ¿queremos que llore o que no lo haga?

Lo cierto es que Instagram no es la plataforma en la que expresar emociones. No lo hacemos el resto de los mortales -porque nadie está tan feliz en la vida real como en Instagram, ni tan enfadado como en Facebook-, así que imaginemos un personaje público cuyo Instagram es su escaparate como it girl. Hordas de mujeres revisan diariamente sus fotografías para hacerse con las prendas que lleva, pero no nos es suficiente: pretendemos que se abra en canal. Olvidamos que detrás de un perfil hay una persona real que sabe que cada gesto, cada palabra y cada detalle de sus actualizaciones son examinados minuciosamente. El vértigo que ha de sentir al actualizar su Instagram no ha de ser nimio.

Ahora que los rumores señalan que David Bustamante ha encontrado una nueva 'amiguita', esperamos que se derrumbe, que se marque un Chenoa y que llore ante las cámaras en chándal. Deseamos que si finalmente se divorcia, no tenga a su alcance el antídoto del desamor, sino que llore su ausencia y nos permita asistir a su duelo.

Sus seguidores se convierten en una suerte de Iker Jiménez cuando Paula sube una fotografía leyendo en el tren. “¿Cómo ha hecho ella sola la fotografía?”. “¿Acaso viaja con alguien encargado de fotografiarla?”. La realidad es mucho más sencilla en esta nave del misterio. Basta con echar un vistazo al reflejo del cristal para comprobar que -¡oh, el misterio Roswell castizo resuelto!- una amiga tomó la imagen. Lo de que si la actriz estaba realmente leyendo y fue pillada infraganti o si le pidió a su amiga que la inmortalizara, ya se lo dejamos a Iker. Por cierto, ¿tan terrible es pedirle a alguien que te fotografíe leyendo? Peor hubiera sido que hubiera estado leyendo el libro al revés, marcándose así un Sofía Mazagatos ferroviario.

De vuelta a casa! 💺🚅 (Y leyendo a conciencia posibles nuevos proyectos! 🤞) 😘😘😘

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En definitiva, Paula Echevarría se está ganando detractores por no mostrar debilidad y por seguir adelante con su vida. Quizás estemos olvidando la posibilidad de que el que una mujer afronte con fuerza una separación, se centre en su carrera y disfrute de la vida podría ser en realidad un buen referente, por mucho que los que lo sigan no puedan hacerlo en lujosos hoteles pagados ni ataviados por firmas que les regalen sus mejores diseños. Y quizás sea eso lo que escuece. Quizás, quizás… Lo que está claro es que Paula no se marcaría jamás un Chenoa, porque ella no saldría nunca de casa en chándal. ¡Ay de Paula si lo hiciera! La acusaríamos entonces de haber perdido su estilo… Definitivamente, no hay forma de que nos tenga contentos. Así que querida Paula: que llueva a tu gusto. Que llueva.

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