Con la llegada anticipada del calor estival, muchos sienten el impulso de retomar el deporte al aire libre. Pero si algo está claro y se debe tener en cuenta, es que entrenar bajo el sol no es lo mismo que hacerlo en primavera. En concreto, el aumento de las temperaturas plantea un nuevo desafío: cómo mantenerse activo sin que el cuerpo pase factura.
El calor, según estudios recientes, impacta de manera directa en el rendimiento físico. Las actividades de resistencia, por ejemplo, se ven especialmente afectadas, ya que el cuerpo se deshidrata más rápido y agota sus reservas de energía con mayor facilidad. Por otro lado, los esfuerzos de muy corta duración pueden beneficiarse del aumento de la temperatura corporal, gracias a una activación muscular más eficiente.
La importancia de realizar ejercicio físico de forma regular. (Pexels)
Sin embargo, eso no significa que debamos lanzarnos sin precaución a correr bajo el sol. Según expertos en entrenamiento físico, adaptar la rutina al clima es esencial para evitar riesgos. Y es que hay formas inteligentes de seguir moviéndonos sin poner en juego la salud. De hecho, el primer consejo clave es elegir bien el momento del día para ejercitarse. Las primeras horas de la mañana o el atardecer son las franjas más amables para el cuerpo.
Es decir, se recomienda evitar el sol entre las 11:00 y las 18:00 horas, ya que esto puede marcar la diferencia entre un buen entrenamiento y un golpe de calor. También es necesario ajustar el tipo y la intensidad del ejercicio. Tanto es así que el verano no es la mejor temporada para batir récords personales, pero sí para centrarse en moverse con constancia, mantener la motivación y cuidar la técnica.
Además, la hidratación se convierte en una aliada imprescindible. No se trata solo de beber durante el ejercicio, sino de hacerlo antes y después, y en pequeñas cantidades, incluso si no sentimos sed. Cabe añadir que las frutas y verduras pueden ayudarnos a mantenernos frescos desde dentro. Por último, conviene no olvidar lo más importante: escuchar al cuerpo. Si aparecen señales como fatiga intensa, mareos o malestar, lo mejor es parar.
Con la llegada anticipada del calor estival, muchos sienten el impulso de retomar el deporte al aire libre. Pero si algo está claro y se debe tener en cuenta, es que entrenar bajo el sol no es lo mismo que hacerlo en primavera. En concreto, el aumento de las temperaturas plantea un nuevo desafío: cómo mantenerse activo sin que el cuerpo pase factura.