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Ni control extremo ni pasividad: estos son los hábitos que comparten las personas resilientes, según los expertos
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Ni control extremo ni pasividad: estos son los hábitos que comparten las personas resilientes, según los expertos

Saber cuándo decir “no”, poner límites en relaciones y momentos, ayuda a conservar energía, evitar desgaste y actuar con mayor autenticidad

Foto: Descubre más sobre las personas que manejan la resiliencia. (Pexels)
Descubre más sobre las personas que manejan la resiliencia. (Pexels)

En un momento como el presente, donde la incertidumbre y los retos son parte de la cotidianidad, la resiliencia aparece como un recurso psicológico clave. Pero, ¿qué hacen esas personas que parecen atravesar tormentas internas sin hundirse? Según distintos especialistas, hay hábitos compartidos antes que rasgos innatos. Aquí te contamos algunos de ellos.

Uno de los pilares más citados es el autoconocimiento realista: quienes desarrollan resiliencia saben reconocer sus fortalezas y sus límites. No se piden imposibles, ni se autoexigen perfección constante. Desde ahí plantean metas ajustadas a lo que pueden hacer sin sentirse aplastados. Otro rasgo habitual es la toma de perspectiva positiva o de aprendizaje: en vez de verlo todo como fracaso, valoran qué puede extraerse de la experiencia adversa.

placeholder La resiliencia puede surgir como respuesta positiva al dolor vivido. (Pexels)
La resiliencia puede surgir como respuesta positiva al dolor vivido. (Pexels)

Ver un tropiezo como oportunidad, y no solo como dificultad, es una práctica compartida entre quienes se recuperan mejor de crisis. Relacionarse con los demás también pesa mucho. Las personas resilientes tienden a buscar apoyo y compartir emociones en lugar de aislarse. Esa red social de familia o amigos funciona como sostén cuando el estrés aprieta.

Una práctica más sutil pero recurrente es el cultivo de rituales personales de autocuidado: dedicar tiempo a dormir bien, hacer ejercicio, practicar técnicas de relajación o atención plena (mindfulness), mantener una alimentación equilibrada. No se trata de márgenes perfectos, sino de cuidar el cuerpo y la mente como “refugios” que sostienen en la adversidad.

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Por otro lado, muchas personas resilientes aceptan que no se puede controlar todo. Esa aceptación, que no es resignación, libera parte de la carga emocional de intentar dominar lo imprevisible. Esa flexibilidad mental permite adaptarse mejor al cambio. Finalmente, hay un hábito más discreto pero presente: definir y respetar límites emocionales y personales.

Saber cuándo decir “no”, poner límites en relaciones y momentos, ayuda a conservar energía, evitar desgaste y actuar con mayor autenticidad. Estos hábitos, no un “manual” rígido, ofrecen pistas prácticas sobre cómo cultivar mayor fortaleza interior en tiempos exigentes. Reconocer que nadie es inmune al dolor, pero que hay maneras de responder con construcción y equilibrio, podría marcar la diferencia en cómo nos levantamos cada día.

En un momento como el presente, donde la incertidumbre y los retos son parte de la cotidianidad, la resiliencia aparece como un recurso psicológico clave. Pero, ¿qué hacen esas personas que parecen atravesar tormentas internas sin hundirse? Según distintos especialistas, hay hábitos compartidos antes que rasgos innatos. Aquí te contamos algunos de ellos.

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