Con 102 años y una energía que parece desafiar las leyes del tiempo, Charlotte Chopincontinúa impartiendo clases de yoga en el pequeño pueblo deLéré, en el Valle del Loira, Francia. Cada jornada comienza con un ritual que ha mantenido durante décadas: café, tostadas con mantequilla y miel o mermelada, y, a veces, una cucharada de gelatina. “Cuando éramos niños, decía a menudo que el desayuno era el mejor momento del día. Sigue siendo así”, recordó su hijo Claude. Esa rutina sencilla marca el inicio de un día que se organiza alrededor de su pasión por el yoga y de una filosofía de vida basada en el equilibrio, la gratitud y el movimiento constante. “Después de desayunar, vuelvo a estar bien, me siento bien”, confesó Chopin en una entrevista con 'The New York Times'.
Su historia es una lección de coherencia y vitalidad. El yoga llegó a su vida a los 50 años, y desde entonces se ha convertido en el eje de su bienestar. Hoy, con más de cuatro décadas dedicadas a la enseñanza, sigue reuniendo en su estudio a personas de todas las edades que buscan no solo mejorar su flexibilidad, sino también conectar con una forma más serena de estar en el mundo. Aunque ha adaptado su práctica a los límites de su cuerpo, Chopin continúa realizando movimientos con una precisión y seguridad admirables. “Siempre doy mis clases de la misma manera. Las posturas son las posturas”, afirma con naturalidad.
El yoga ayuda a estirar músculos y articulaciones. (Pexels)
Su alimentación refleja la misma filosofía: comer con placer, pero sin excesos ni complicaciones. Chopin prefiere los productos frescos, las recetas sencillas y los horarios regulares. Para ella, la comida no es una rutina mecánica, sino un espacio de placer y orden. Su fidelidad a estos hábitos, lejos de ser una restricción, es una fuente de equilibrio emocional y físico. Esa misma disciplina se extiende a su entorno: su casa y su estudio respiran calma, una serenidad que se contagia a todos los que la rodean.
Pero si hay algo que Chopin valora por encima de todo son los vínculos humanos. “Mis alumnos me sostienen tanto en mi práctica del yoga como en mi vida”, reconoció. Sus clases son, más que una práctica física, un espacio de comunidad. En ellas se mezclan generaciones, profesiones y experiencias, unidas por el respeto y la admiración hacia una maestra que ha hecho del bienestar un modo de estar en el mundo. “Me hace desear envejecer”, confesó una de sus alumnas, reflejando la inspiración que despierta en quienes la rodean.
Practicar yoga para mejorar la coordinación, la fuerza y la resistencia. (Pexels)
Su longevidad, asegura, no se debe a ningún secreto oculto. “No tengo demasiados problemas”, dice con una sonrisa, atribuyendo su bienestar a la buena fortuna y, sobre todo, a la gratitud por lo cotidiano. En su casa, una placa resume su filosofía vital: “La felicidad no consiste en tener todo lo que quieres, sino en amar lo que tienes.” Esta aceptación tranquila del paso del tiempo es quizás una de las claves de su serenidad: no teme envejecer, sino dejar de disfrutar de los pequeños placeres que le dan sentido a su día.
Su vida también ha sido una muestra de perseverancia. A los cien años, un accidente la dejó con una fractura de esternón, pero apenas tres meses después ya había vuelto a conducir y a dar clases. “Solo por la mañana me siento como si tuviera 102 años”, bromea con un humor que revela su espíritu indomable. En 2022, sorprendió a Francia participando en el programa La France a un Incroyable Talent, donde realizó una serie de posturas de yoga sobre el escenario. Aquella aparición la convirtió en un fenómeno mediático y le valió el reconocimiento internacional: recibió una distinción civil de la India y el saludo personal del primer ministro Narendra Modi.
Con 102 años y una energía que parece desafiar las leyes del tiempo, Charlotte Chopincontinúa impartiendo clases de yoga en el pequeño pueblo deLéré, en el Valle del Loira, Francia. Cada jornada comienza con un ritual que ha mantenido durante décadas: café, tostadas con mantequilla y miel o mermelada, y, a veces, una cucharada de gelatina. “Cuando éramos niños, decía a menudo que el desayuno era el mejor momento del día. Sigue siendo así”, recordó su hijo Claude. Esa rutina sencilla marca el inicio de un día que se organiza alrededor de su pasión por el yoga y de una filosofía de vida basada en el equilibrio, la gratitud y el movimiento constante. “Después de desayunar, vuelvo a estar bien, me siento bien”, confesó Chopin en una entrevista con 'The New York Times'.