El experto en botánica y divulgador ambiental José González lo tiene claro: “El cuidado de las plantas tiene un efecto relajante y calmante en situaciones de estrés”. Una afirmación que, lejos de ser una metáfora poética, cuenta con respaldo científico. Durante la pandemia de la COVID-19, varios estudios demostraron que el contacto directo con la naturaleza —ya fuera a través del cuidado de plantas, el cultivo de un pequeño huerto o el simple hecho de tener un jardín en casa— reducía los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
Según explica González, el vínculo entre las plantas y la salud emocional no es casual. “Cuidarlas requiere atención, presencia y una cierta rutina, lo que nos obliga a detenernos en el aquí y el ahora, algo que la mente estresada suele olvidar”, afirma el especialista. De hecho, cultivar plantas se ha convertido en una de las prácticas más recomendadas por psicólogos y terapeutas para fomentar la calma, la paciencia y la sensación de bienestar.
Pero el beneficio de la jardinería no se limita al plano emocional. Algunas especies vegetales, señala el experto, liberan fitoncidas, unas moléculas naturales con propiedades antifúngicas y antimicrobianas. Estos compuestos, además de proteger a las plantas de microorganismos, pueden ser beneficiosos para la salud humana, reforzando el sistema inmunitario y mejorando la calidad del aire en interiores. Por eso, González recomienda incorporar plantas en los hogares y espacios de trabajo, no solo como elemento decorativo, sino también como aliados silenciosos del bienestar.
El auge del interés por las plantas en los últimos años —una tendencia que se disparó durante los confinamientos— también ha impulsado la práctica de terapias naturales relacionadas con la conexión con la tierra, como el earthing. Esta técnica, que consiste en caminar descalzo sobre superficies naturales como hierba, arena o tierra, tiene efectos directos sobre el sistema inmune y ayuda a equilibrar el cuerpo a nivel energético. “Es un recordatorio de que formamos parte de la naturaleza, y no algo separado de ella”, explica González.
Una planta que embellece cualquier espacio. (Pexels)
De hecho, cada vez son más las personas que incorporan este tipo de rutinas a su día a día. Desde deportistas de élite —como el entrenador de fútbol Luis Enrique, quien ha hablado públicamente de los beneficios del contacto con la naturaleza— hasta quienes buscan un refugio frente al ritmo acelerado de la vida urbana, el mensaje es el mismo: cuidar las plantas es también una forma de cuidarse a uno mismo.
González subraya que no es necesario tener un gran jardín para experimentar estos beneficios. Un pequeño balcón lleno de macetas, una mesa con plantas aromáticas en la cocina o incluso unas suculentas en el escritorio pueden marcar la diferencia. “Cada hoja, cada brote nuevo, nos recuerda que la vida sigue su curso, y que nosotros también crecemos con ella”, afirma.
El experto en botánica y divulgador ambiental José González lo tiene claro: “El cuidado de las plantas tiene un efecto relajante y calmante en situaciones de estrés”. Una afirmación que, lejos de ser una metáfora poética, cuenta con respaldo científico. Durante la pandemia de la COVID-19, varios estudios demostraron que el contacto directo con la naturaleza —ya fuera a través del cuidado de plantas, el cultivo de un pequeño huerto o el simple hecho de tener un jardín en casa— reducía los niveles de cortisol, la hormona del estrés.