Ana Ibáñez, neurocientífica: "Tu cerebro no distingue bien entre peligro real y una amenaza emocional. Tiende a interpretar cada reto como si fuera algo de vida o muerte"
Ana Ibáñez, neurocientífica: "Tu cerebro no distingue bien entre peligro real y una amenaza emocional. Tiende a interpretar cada reto como si fuera algo de vida o muerte"
La neurocientífica explica por qué nuestra mente activa el modo supervivencia ante un simple cambio y cómo aprender a calmarla para que trabaje a nuestro favor
La mente humana sigue actuando como si habitara en la prehistoria. Aunque los peligros de hoy poco tienen que ver con los depredadores o las tormentas de hace miles de años, nuestro cerebro continúa reaccionando igual. El estrés antes de una reunión, el miedo a equivocarse o la ansiedad ante un cambio vital activan los mismos mecanismos que si estuvieras frente a un león. Así lo explica Ana Ibáñez, neurocientífica y divulgadora, que ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar cómo los procesos mentales condicionan nuestras emociones y decisiones.
Según Ibáñez, el cerebro humano “no distingue bien entre un peligro real y una amenaza emocional”. Cuando percibe un reto o una situación incierta, tiende a interpretarlo como una cuestión de vida o muerte, activando la respuesta de alerta y bloqueo. “Por eso aparecen el miedo, la tensión o la sensación de parálisis antes incluso de que ocurra nada”, explica.
El origen de este fenómeno está en el hipocampo, una zona clave del sistema límbico encargada de almacenar las memorias emocionales. En condiciones normales, este área actúa como una guía interna, recordándonos que ya hemos enfrentado dificultades antes y que fuimos capaces de superarlas. “El hipocampo debería ser el que nos dijera: tranquilo, esto es complicado, pero no imposible. Ya lo hiciste antes, y saliste adelante”, apunta la experta.
Cuando eliminas la amenaza, tu cerebro ya no lucha contra ti, trabaja para ti
El problema surge cuando el cerebro interpreta cualquier obstáculo como una amenaza. “Cuando percibe peligro, se cierra, se protege y deja de rendir”, explica Ibáñez. Esa reacción automática nos lleva a evitar riesgos, postergar decisiones o entrar en bucles de pensamiento negativo. Sin embargo, cuando el cerebro entiende que no hay peligro, sino una oportunidad de crecimiento, su funcionamiento cambia: la mente se relaja, la atención se enfoca y la energía se canaliza hacia la acción.
Ibáñez defiende que el paso de la supervivencia al crecimiento depende de lo que ella llama “solidez interior”: la autoestima, la seguridad y la capacidad de confiar en uno mismo. “Cuando el cerebro ve un final posible, cuando entiende el para qué de un esfuerzo, deja de sabotearte y empieza a impulsarte”, sostiene. Esa solidez no se construye evitando el miedo, sino aprendiendo a reinterpretarlo.
Reencuadrar la experiencia, dice, es la clave. “Lo que parecía insuperable se convierte en un desafío. Lo que daba miedo se transforma en crecimiento”, resume. El cambio no ocurre fuera, sino dentro: cuando la mente deja de percibir el esfuerzo como una amenaza y empieza a verlo como un camino hacia la expansión personal.
La mente humana sigue actuando como si habitara en la prehistoria. Aunque los peligros de hoy poco tienen que ver con los depredadores o las tormentas de hace miles de años, nuestro cerebro continúa reaccionando igual. El estrés antes de una reunión, el miedo a equivocarse o la ansiedad ante un cambio vital activan los mismos mecanismos que si estuvieras frente a un león. Así lo explica Ana Ibáñez, neurocientífica y divulgadora, que ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar cómo los procesos mentales condicionan nuestras emociones y decisiones.