Uno de los aspectos más importantes es evitar la exposición a ruidos intensos. Tanto los sonidos puntuales, como conciertos o maquinaria, como los prolongados, presentes en ciertos ambientes laborales o de ocio, pueden causar daño auditivo. Cuando no sea posible evitar estas situaciones, es recomendable utilizar protección auditiva, como tapones o cascos, y reducir el volumen al mínimo necesario en dispositivos personales, medidas que ayudan a prevenir la pérdida de audición a largo plazo.
La salud de los oídos también se debe cuidar. (Pexels/ Karola G)
Otro factor clave es no introducir objetos en los oídos, especialmente bastoncillos de algodón. El oído se limpia de manera natural y la cera, o cerumen, actúa como una barrera protectora frente a polvo, bacterias y partículas extrañas. Manipular el conducto auditivo puede causar lesiones, infecciones o incluso dañar el tímpano, provocando problemas auditivos que podrían haberse evitado con hábitos de higiene adecuados.
La salud general también influye directamente en la audición. Enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes o trastornos metabólicos pueden afectar los vasos sanguíneos y el sistema nervioso del oído interno, aumentando el riesgo de pérdida auditiva. Mantener estos factores bajo control mediante hábitos saludables y revisiones médicas periódicas se considera una estrategia preventiva fundamental, ya que contribuye a conservar la función auditiva a largo plazo.
No se debe oir música a muy alto volumen. (Pexels/ Mikhail Nilov)
El uso responsable de dispositivos de audio es otra recomendación esencial. Escuchar música, ver vídeos o jugar con auriculares a alto volumen y durante períodos prolongados puede dañar las células del oído interno. Una regla práctica consiste en mantener el volumen por debajo del 60 % del máximo y limitar el uso continuado, haciendo pausas para permitir que el oído descanse y reduzca así el riesgo de deterioro auditivo gradual.
Asimismo, la consulta regular con especialistas es vital. Ante síntomas como zumbidos, sensación de oído tapado o disminución de la capacidad auditiva, es importante acudir a un otorrinolaringólogo cuanto antes, ya que la intervención temprana puede prevenir daños permanentes. Las personas con factores de riesgo, como la edad avanzada o la exposición constante a ruidos, deberían someterse a chequeos auditivos periódicos aunque no presenten molestias evidentes, dado que muchos problemas se desarrollan lentamente.