Gabriel Rolón, psicoanalista: "Es un error creer que porque hablamos el mismo idioma, todos estamos entendiendo lo mismo de lo que yo quiero decir"
Hablar el mismo idioma no garantiza entenderse. El psicoanalista analiza cómo el lenguaje puede generar malentendidos y destaca la importancia de asumir responsabilidad sobre lo que decimos y cómo lo expresamos
Hablar no siempre significa comprenderse. Aunque compartamos un idioma, las palabras no garantizan que el mensaje llegue intacto al otro. El psicoanalista Gabriel Rolón reflexiona sobre este punto y advierte que gran parte de los malentendidos humanos nacen precisamente la ilusión de creer que compartir la lengua es equivalente a comprendernos al completo.
Rolón ilustra esta idea con una escena cotidiana. Un paciente le dice a su pareja: “Sos una de las mejores personas que conocí en el mundo”. Ella, en lugar de emocionarse, se molesta y responde con ironía: “¿Una de las mejores? ¿Cuántas más conociste como yo?”. Lo que para él era un halago, para ella fue una comparación. “¿Cuánta distancia entre lo que él quiso decir y lo que ella entendió?”, plantea Rolón.
El ejemplo evidencia que toda comunicación está sujeta a interpretación. Las palabras son solo una parte del mensaje, y detrás de ellas intervienen emociones, historias y expectativas que modifican su sentido. “Usamos la palabra porque no podemos usar otra, porque somos humanos”, dice Rolón. Pero incluso cuando el lenguaje parece claro, la comprensión nunca es completa.
Desde la perspectiva psicoanalítica, el lenguaje no solo transmite ideas; también revela inconscientemente deseos, miedos y defensas. Por eso, una misma frase puede despertar reacciones muy distintas según quien la escuche o la pronuncie. Lo que uno dice, y lo que el otro entiende, siempre están separados por un pequeño espacio que el lenguaje no puede llenar del todo.
Las relaciones de pareja que se muestran no corresponden a lo que deberían ser. (Pexels)
Rolón diferencia entre la comunicación cotidiana y lo que llama la “palabra plena”, aquella que nace de una decisión profunda y compromete a quien la dice. “Cuando alguien dice ‘escuchame bien lo que te voy a decir’, está saltando de la mera comunicación a hacerse cargo de su palabra, a que su palabra lo represente, a que lleve su sangre”, explica.
Esa palabra plena no se usa con frecuencia. Aparece en los momentos en que alguien asume su verdad, cuando lo que se dice tiene peso y consecuencias. Es el lenguaje que construye vínculos auténticos y que, según Rolón, puede incluso cambiar el rumbo de una vida.
El mensaje del psicoanalista invita a revisar no solo cómo hablamos, sino también cómo escuchamos. Comprender que cada persona interpreta desde su propia historia ayuda a reducir la frustración y los conflictos que surgen por expectativas no compartidas. Escuchar, en este sentido, no es solo oír, sino intentar comprender el mundo emocional del otro sin asumir que vemos lo mismo.
La reflexión de Rolón recuerda que el lenguaje, aunque imperfecto, sigue siendo el puente más humano que tenemos para acercarnos. Pero ese puente necesita reconocer que las palabras no siempre dicen lo que creemos y que comunicarse, en el fondo, es un acto de responsabilidad compartida.
Hablar no siempre significa comprenderse. Aunque compartamos un idioma, las palabras no garantizan que el mensaje llegue intacto al otro. El psicoanalista Gabriel Rolón reflexiona sobre este punto y advierte que gran parte de los malentendidos humanos nacen precisamente la ilusión de creer que compartir la lengua es equivalente a comprendernos al completo.